Lo que dejo atrás

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jueves, 30 de enero de 2014

Muchacho

Te hablo con mis ojos que te miran a través de kilómetros de distancia, con estos ojos cansados de buscarte entre nubes de tiempo y compás de espera. Te abrazo con cadenas de resignación, con lazos quebrados de esperanza.

Entre los desgarros de piel que se estira en busca de tu aroma, entre los dedos que acarician el aire que se amarra a tus pasos, siguiendo el polvo que levantan tus pisadas, te sostengo endeble en mis pestañas para figurarte cerca, para que no te vayas.

miércoles, 29 de enero de 2014

Ojos de mil amantes

Una amiga mutua me dijo no hace mucho, platicando, sin afán de que se convirtiera en consejo aunque así lo recibí yo: “…pues mejor yo me voy, ¿no? Digo, si no puedes dejarla y no quieres engañarla pero la engañas, pues mejor yo te ayudo a respetarla y me voy…”

Esas palabras se me metieron al corazón, que se apretujó contra mi pecho. Parece fácil pero no lo es, alejarme yo, por ti, por mí, por los tres. Aguantar las ganas de escribir: “te extraño, quiero verte”. Aguantar las ganas de verte y no querer besarte, colgarme de tu brazo y caminar sin rumbo, bobeando y con el corazón latiendo de prisa. Cerrar mis ojos para que no veas mis pupilas dilatadas cuando te recuestas al lado de mi cabeza.

Voy a alejarme por mí, por ti y por ella. Y quisiera que esto que escribo no llevara dedicatoria, que las palabras vagaran sin una dirección concreta, pero no, hoy me desgarro la piel por no llamarte, por no mandarte un mensaje y por no pensarte.

Pero recurramos a tu tangente. Déjame envolverte en versos y cartas sin destinatario, esa siempre ha sido mi mejor manera de matar amores, de enterrar caricias prohibidas y olvidar deseos.

Respetaré mi cuerpo, mi mente, mi libertad y tus cadenas. Me alejaré de la red que me has tejido. Cada vez que añore tu recuerdo imaginaré un demonio verde, con tus ojos, esos ojos desdeñosos, arrogantes, seductores, esos ojos en los que me he perdido detrás de mil amantes, esos ojos que me desnudan el alma estarán hundidos en un monstruo con cuernos. Y cuando los vea tan vacíos dentro de tu propia mounstrosidad, sólo podré sentir pena, y no podrás regocijarte de mis pupilas dilatadas, no podrás fanfarronear que me puedes tener en tu cama, no podrás jamás darte el lujo de negarme un beso.


Porque con letras te entierro y con tu espejo te encierro. Las cadenas al fin te amarran a ti, la red que tejiste es tu propia trampa y yo…yo ya ví el camino de la salida, y hacia allí me dirijo.

domingo, 12 de enero de 2014

La casa invita

Un aplauso señores, un aplauso, para la jovencita de la mesa 5 que bebe sola. Un pajarito pidió que la felicitáramos porque ya dejó ir a su amarrado, bueno…eso decía el papelito que me pasaron, no sé si con su amarrado se referían a… ¿su novio tal vez? No importa señorita, por favor póngase de pie para que todos le aplaudan. Mesero sírvale otra copa que esa va por cuenta de la casa. ¡Vaya señorita pero si además es usted muy guapa! No queda más que brindarle otro aplauso señores, ¡por favor, un aplauso más fuerte!

Voces de ti

¿Qué son esos cantos de ave que oigo? ¿Qué es ese sonido que me llama de tan lejos?
¿Dónde quedó el silencio de tus pasos al levantar el polvo?

Si el viento tiene voz, si es el viento quien me llama
Para qué robar la voz de un pájaro, para qué replicar el aleteo de un ave al levantar el vuelo.
Si del viento soy y al viento voy,

¿por qué me confunde ahuyentando mis pasos?

martes, 7 de enero de 2014

Confesiones III

Las yemas de sus dedos recorrían esa cicatriz una y otra vez; ambos yacían recostados, cubiertos apenas los sexos por una sábana blanca. Ella abrazaba con su cadera y la pierna derecha el cuerpo de ese hombre, quien a su vez recibía en el brazo derecho el peso de la cabeza de ella.

Alicia tenía una sonrisa fugaz en el rostro, ajena por completo al movimiento continuo de las yemas de sus dedos, sin poder dejar de recorrer la forma de esa cicatriz en la ceja izquierda de Alejandro, inconscientemente se movió un poco y recostó la cabeza en su pecho olvidándose por unos segundos de seguir acariciando esa cicatriz. –Me gustas –le dijo casi en silencio y por respuesta escuchó un “gracias”, eso fue suficiente para devolverla a la realidad, esbozó una sonrisa y se fue separando de ese cuerpo desnudo que tanto le gustaba.

¿A dónde vas? –Preguntaba Alejandro mientras ella se ponía una de sus playeras para cubrir su desnudez, bien podía parecer un camisón de noche pues para su corta estatura, la playera de Alejandro le cubría por completo las nalgas; -No voy a ningún lado. ¿Entonces por qué te vistes?.  Me ha dado frío.

Sin embargo acabando la frase ya había salido de la habitación y entrado al cuarto de baño. Se observó largos minutos en el espejo redondo colocado simétricamente encima del lavabo de manos; pero no se veía a sí misma. Sus ojos atravesaban el espejo un metro más allá, su piel temblaba en una agitación poco usual, muy parecida a la que había experimentado por primera vez hace casi diez años atrás. Su cuerpo y su mente iban reconociendo esa sensación. Su rostro era frío frente al espejo, sus ojos se oscurecían detrás de esa mirada peculiar.

De pronto volvió a sonreír al tiempo que bajaba el rostro, se levantaba la camisa y palpaba sus senos con gran satisfacción. Al salir del baño se dirigió a la cocina. Alejandro escuchó sus pasos y el ruido del agua al ser servida en un vaso. Él siguió recostado boca arriba, esperando, con los brazos bajo la cabeza y una mirada orgullosa, del que sabe que su mujer regresará a pedir un poco más…de amor. Estuvo atento al sonido de los pasos leves de Alicia, pues no quería que cuando entrara al cuarto lo descubriera con esa mirada; sabía que ella también era orgullosa… así que en cuanto la escuchó cerca, puso su mirada melancólica, esa que tanto la enamoraba, la que la hacía quererlo besar tiernamente, acurrucada en su cuerpo y luego lentamente pasar a su sexo y lamerlo; no obstante las cosas no sucedieron así.

Alicia entró con esa mirada atrevida, retadora, implacable. Esa mirada que decía claramente que estaba dispuesta a dominar en todo momento. Apenas cerró la puerta tras de sí dejando el vaso (vacío) en el suelo, se deshizo de la playera quedando completamente expuesta a la mirada sorprendida de Alejandro; ella seguía mirándolo, retándolo; acerco su cuerpo para quedar contra la puerta, abrió las piernas y orinó de pie en el vaso que había dejado en el suelo entre sus piernas; todo esto sin desviar la mirada de los ojos de Alejandro, luego se giró sobre su propio eje, sus pezones se endurecieron al roce del contacto frío de la puerta; subió sus brazos con las palmas sobre la puerta esperó…

La erección de Alejandro comenzó desde el momento en que los ojos de  Alicia se vistieron de reto, creció notablemente mientras ella orinaba descaradamente sobre el vaso y justo ahora que sus nalgas eran expuestas ante él. Alejandro dudó unas milésimas de segundo, estaba tremendamente excitado, minutos antes había planeado dejarse querer, saborear la delicia de sentirse deseado y ahora ella le había dado la vuelta, y era él quién no podía contener su deseo, quería poseerla salvajemente, dominarla, doblegarla, lastimarla, pero sabía que llevaba las de perder. Se levantó despacio de la cama, sintiendo cómo su miembro palpitaba de excitación. Alicia seguía inmóvil, mientras Alejandro se iba colocando detrás de ella, sus manos se entrelazaron con las de Alicia y esperó unos segundos para que ella sintiera la enorme erección de su miembro colocándolo justo entre sus nalgas y su sexo, sin moverse, dejando que el calor de ambos genitales se reconocieran.

Luego fue haciendo camino con su aliento sobre la piel de Alicia: brazos, cuello, línea de la espalda, piernas…las manos de Alejandro no tocaban, no se atrevían ni a rozar la piel de esa mujer, lo mismo pasaba con la lengua, sólo permitía que su aliento recorriera cada parte, pretendía provocar el deseo de esta manera para poder dominarla como deseaba; pero al llegar a la entrepierna Alicia giró sobre su pierna izquierda, atrapando el rostro de Alejandro entre su sexo, con una mano le tomó del cabello sin permitirle iniciar el cunnilingus, lo obligó a levantarse y lo colocó contra la puerta dejando expuesto su redondo trasero.

Todo fue muy rápido. Alicia tenía entrenamiento en artes marciales y fácilmente podría haber doblegado a su hombre, pero sólo invirtió las posiciones. Luego acercó sus pechos a la espalda de Alejandro, sintió como toda la piel de él se volvía chinita al contacto con la suavidad de los pezones. Susurró cerca de su cuello “no te muevas” y al instante introdujo hábil y rápidamente el dedo medio de su mano izquierda en el ano de Alejandro, mientras que la otra mano se encargaba de hacer un camino de sangre bajo las uñas desde el hombro derecho hasta la espalda baja…sonrío sádicamente al escuchar el quejido de dolor, la respiración agitada de Alejandro y su intento fallido por impedir que otro par de dedos exploraran su cálido y apretado trasero.

-Rojo, rojo, rojo –decía desesperadamente Alejandro golpeando la puerta con una mano. Ella río irónicamente y se detuvo un instante, “no seas nena” dijo, sabiendo que provocaría gran enojo en él y aprovechando para introducir el cuarto dedo de golpe. -Aawww, gmmmm, basta, detente…usa lubricante por favor…tranquila.-

Tal parecía que Alicia le había leído las intenciones y estaba actuando justo lo que Alejandro quería hacer con ella, sólo que todo se había invertido y su lastimera posición de dominado no le agradaba tanto, aunque seguía muy excitado y su erección, a pesar del dolor provocado, había aumentado en vez de disminuir.

Ella, escurría lubricante natural de su vagina cada vez más húmeda, caliente y dispuesta; sacó abruptamente los dedos del ano de Alejandro, provocando otro tanto de dolor al hacerlo así. Se retiró rápidamente sentándose sobre la cama con las piernas abiertas, todo su cuerpo estaba envuelto con la mirada cínica y retadora de quien lleva la delantera. Alejandro arremetió sintiéndose libre, la tomó del pelo e introdujo su miembro en la boca de Alicia cual si la penetrara intensamente, ella resistía sin emitir quejido alguno y tratando de mantener los ojos en el rostro de él, disfrutaba la furia que reflejaban sus expresiones, de pronto la mirada de Alicia cambió de nuevo, “estás por perder de nuevo” decían sus ojos; tomó entre su puño los testículos de Alejandro, apretó y apretó hasta que el rostro de él se puso completamente rojo.

Alejandro no pudo hacer más que soltarle el cabello y sacar su miembro de la boca de Alicia, entonces ella dejó de apretar y pasó a las caricias suaves, casi tiernas. Besó primero sus pies, subió acariciando el frente de las piernas y pasando su cuerpo entre ambas piernas para quedar sentada con el rostro hacia sus nalgas. Lamió el pliegue donde finalizan las nalgas e inician las piernas, su lengua recorrió suave y delicada la piel de la ingle; luego con más firmeza pasó a juguetear entre los testículos y el comienzo del ano… aaaaay, aaaah mujer me vuelves loco, ¿qué buscas? Sólo…quiero matarte. Si me dejas penetrarte salvajemente lo lograrás. Hazlo, soy tuya, hazme lo que quieras.

Alejandro la levanta del piso, para su cuerpo robusto y fuerte no es difícil, la sube montándola en su cadera y de golpe la penetra, Alicia se muerde el labio para no gritar…no importa que tan lubricada esté, su vagina es estrecha y Alejandro tiene un miembro bastante grueso, sin considerar que alcanzó su máxima erección. Él lo sabe, sabe que le duele y mucho, además en esa posición él puede llegar tan profundo como quiera y Alicia está por completo a su merced, es él quien la sostiene, es él quien la posee. Alejandro saca por completo su pene de esa estrecha vagina y la penetra de nuevo hasta el fondo, Alicia ya no puede evitar un pequeño quejido de dolor y encaja las uñas en los hombros de Alejandro, él le muerde el cuello, ella le araña la espalda.

Me lastimas mucho, llora ella. Tranquila. Y la arroja a la cama, la pone acostada boca abajo y le cierra las piernas apretándolas entre sus rodillas, con sus manos coloca los brazos de Alicia hacia la espalda y allí los detiene. Ella sabe qué sigue. Despacio, despacio. Ruega, casi suplica. Despacio Alex por favoooor, aaaaaah, mmmmm, nooo, aaayy, duele, duele…umm. Alejandro mete y saca por completo su pene de la vagina de Alicia, con las piernas cerradas y obligándola a apretar las embestidas por muy suaves resultan dolorosas, y él acentúa el dolor entrando y saliendo por completo. Poco a poco aumenta el ritmo, hasta que los quejidos dejan de ser de dolor, entonces suelta los brazos de Alicia, quien se aferra a las sábanas, despacio va liberando la presión de las piernas, así van pasando a la posición de perrito mientras ella pide más, más fuerte, más dentro, más de Alejandro.

Los fluidos vaginales bañan el cálido y duro pene de Alejandro. Aprovechando la posición y la excitación de Alicia, él comienza a juguetear con los dedos en el ano de ella. Hazlo, le pide Alicia. ¿Así? Sí, así, sin lubricante. Introduce dos dedos en el ano de Alicia, sin que haya respuesta de dolor, así que de inmediato saca su miembro de la vagina y la penetra analmente, se detiene un momento una vez dentro, espera a que Alicia esté lista y comienza a moverse despacio, suave apenas sacando un par de centímetros su miembro. Ella no deja de gemir, comienza a acariciarse el clítoris y en un instante llega al clímax quizá por quinta ocasión…pero un anal siempre la deja exhausta, se tumba en la cama aun temblando, con medio cuerpo hacia el piso, sus manos buscan algo debajo de la cama, lo encuentran.

Alejandro se acerca, quiere recostarse sobre ella. Alicia gira bruscamente al tiempo que él cae sobre su cuerpo con todo su peso, ella le sonríe, le besa los ojos, le acaricia el rostro, le besa el cuello y susurra: “Te dije que te quería matar”

Un líquido tibio recorre la piel del abdomen de Alicia. Una respiración forzada y cortada sale de la garganta de Alejandro, hay un temblor en sus piernas, sus ojos están desconcertados, la vida se va escapando de su mirada, una lágrima recorre su mejilla, intenta moverse pero la herida es profunda.

-Tranquilo, tranquilo, llegará pronto. Te pareces tanto a él.


Alicia tiene puesta esa mirada que atraviesa el espejo un metro más allá. El orgasmo sexual se multiplicó al ver apagarse la luz de los ojos de Alejandro. No lo pudo evitar. Como hace casi diez años atrás, y es que, se parecía tanto a él.