Lo que dejo atrás

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sábado, 29 de octubre de 2016

Lo

¿Qué es lo que falta? Porque definitivamente algo es lo que ha de faltar, a menos que sobre algo, pero entonces he de ser yo –lo que sobra, claro está-

Quizá tampoco es que falte nada. Hay lo que hay, se es lo que se es, no más, no menos. Hoy por ejemplo ha sido un gran día, familia, amigos, trabajo y la sal del amor mal comunicado; un buen día… ¿qué decisión será más rotunda, más contundente, más peligrosa por el peso de sí misma? ¿Aquella que sin pensar se hace movida por el deseo que yace en algún recóndito y oscuro lugar de la psique? O ¿Aquella que meditada, balancea en su delgada cuerda el deseo inconsciente con la más pura argumentación racional que la justifica? Aún si ambas llevaran en su actuar el mismo destino fatal, será válido preguntar ¿cuál merece más consideración? ¿Eso cambiaría de algún modo el significado del acto final? No hablo aquí ya de los que, espectadores observan el acto, sino del actuante mismo, ¿habrá diferencia alguna, su perspectiva cambia, su emoción cambia?

Pienso ahora en la cosa en sí… ¿la ausencia es siempre ausencia? ¿O es presencia en tanto recuerdo, en tanto memoria de que hubo tal? ¿Puede ser camino, podrá indicar la ruta de retorno hacia algún lugar? ¿Es búsqueda? ¿Es deseo? Ausencia, esa ausencia como lugar, como cuerpo, como voz evaporada en el silencio, como grito ahogado que clama el suplicio de ser…al menos como falta.

¿Qué es lo que falta entonces?


Porque ahora es evidente que nada sobra, ni siquiera yo.

Acerca del cosmos

Esos dos rostros en tu mirada, ese par de universos opuestos y atrayentes entre sí equilibrando el caos, esa sonrisa contrastante, única, exclusiva de ambos universos. ¿Qué sería el cielo sin un averno? ¿Cómo no esperar la ausencia cuando tu presencia es totalidad?


¿Qué fuerza existe en tus ojos, qué terrible abismo nos separa y nos une? ¿Debería salir huyendo, resguardarme, de la explosión que anuncia la muerte de una estrella y el inevitable nacimiento de una galaxia más?



La fascinación de fundirme con el cosmos una vez que todo muera, para ser eterna, para volverte a encontrar en otras pieles, en otro aroma, en otro tiempo, inmerso en un caos distinto; ha cegado mis ojos, tu fuego quemó mi piel y no puedo más que gozar en una fusión eterna con la nada y el todo.


Lo inmutable

No sé escribir más de una cuartilla por relato. Y es que la vida es corta, las emociones también, los relatos por tanto deben serlo aún más. No imagino que querría hacer una historia extendida más allá de su final, y el final no puede ser otro que el que marca la última línea de la hoja, enmarcado así no se corre el riesgo de que un personaje se escape, fugándose incluso más allá del papel mismo, ¿qué haría yo teniendo que correr tras él?

Mas aún, ¿qué haría yo si más de uno decidiera seguir al fugado? Ya imagino el desborde de letras cayendo y corriendo, tinta y papel desprendidos de su unión, esa unión que nos es tan natural, que parece irrompible, incorruptible pero yo no me dejo engañar, lo que une papel y tinta no es nada.
Ya antes he visto quererse escapar escurriéndose la tinta bajo la excusa de la humedad, en especial las lágrimas son excelentes conductoras de letras en fuga, y por supuesto que más de un personaje ha querido asirse, pegándose, aferrándose con el mayor anhelo posible a esa palabra que escapa por muy lejano que esté en relación a la misma, robándola incluso del discurso de algún otro personaje. Yo me aferro entonces en enmarcarlos a todos, la historia primero, una cuartilla es lo justo, y para la humedad encontré la mejor solución: digitalizar las ideas. Las lágrimas no pueden ser vehículo de lo que no está sobre papel.

Más la angustia me llena de nuevo de dudas que saltan y saltan por mi pensamiento. Pasa que las letras ya no se escapan, pero ahora se rebelan, borrándose, y es que no contemplé que siempre encuentran una opción de salida, de escape, de fuga…ahora se borran, yo escribo y escribo, más nada se guarda. Digitalizar las ideas tiene también su riesgo. ¿Será la forma en que pretenden que vuelva al papel? Me defiendo atacando las posibilidades de fuga por todos lados, si ellas, esas letras fugitivas se niegan a permanecer en mi hoja digital, y pretenden escapar del marco de mi hoja de papel, opto por romper, fracturo la hoja en un intento de engaño, si ellas no saben en donde termina la hoja, si ellas no saben cuál de los puntos será el final, qué palabra sostendrá por último la historia toda, entonces tampoco saben en qué momento huir, de qué palabra colgarse para escurrirse y escabullir.


El sufrimiento es mutuo, sólo por ello lo soporto bien, mi angustia por tener que cortar la hoja, por no poder encuadrar la historia bien, por mi duda constante de que siempre encontrarán la forma, se equilibra ante su desesperado y fallido intento constante de escapar. Las imagino, a cada letra, a cada palabra, cada punto, cada coma, aterradas, amagadas y luego los personajes escondidos, uno detrás de aquél tilde, otro debajo de los puntos suspensivos, uno más allá a lo lejos detrás de esa colina que apenas oculta esa nube gris…todos nos observamos cuidadosamente, vigilantes, acechantes.

De silencios, ausencias y vacios


Tengo alma de puta –Dijo como si hablara sola, observando el humo del cigarro que moría entre sus dedos. Tenía esa curiosa expresión de lejanía, esa mirada que avisaba el oleaje de emociones desbordadas intentando no escapársele por la boca ninguna de ellas.

-No reparé en ello hasta que ya iba muy lejos, ya no podía devolverle el dinero, así que tuve un ataque de risa, porque sabes, al final es gracioso, y entonces me dije en voz alta oficialmente  prostituta…  ¿qué sentido habrá tenido en disculparse por ofrecerme su apoyo en dinero si esto no implicara un posible insulto? ¿Qué significado va implícito en la disculpa?, yo pensaba eso y no paraba de reír, había pasado sin darme cuenta si quiera, de promiscua a puta, pero claro que es una estupidez, puta siempre he sido…

-¿De qué hablas?- me atreví a preguntar, temiendo la mirada de sus intensos ojos, que no me vea rogaba, por supuesto no lo hizo, aunque su indiferencia fue el equivalente. Y continuó hablando para nadie.

Ayer fumé con ella, en un momento la vi, allí, frente a mí, tan frágil, tan deseosa de amor, de alguien a su lado, pero entonces yo pensé recuerda que eres puta, el amor no es para ti, y he luchado entonces por convencerme de nuevo, hoy por ejemplo he olvidado mi armadura seguramente se me quedó atrapada en sus ojos y es que ella es así, cuando menos acuerdo ya me atravesó, sí, atravesar es la palabra porque duele cuando me traspasa, ella entra, pasa y se va…así que he optado por desnudarme primero; si de nada me sirve el disfraz de hojalata…quizá la piel me proteja más.


Y allí estaba corriendo por su mejilla una lágrima, sin que por ello cambiara en nada su expresión ausente ni suavizara un poco si quiera, su mirada de hierro. Su rostro recibió un rayo de sol que se filtró por unos segundos a través de las hojas del árbol bajo la sombra del cual ambas nos recostamos. 

La observé sabiendo que no diría más nada y que el viento secaría esa única lágrima. Después de todo, sí llevaba puesta su armadura, aun bajo la misma piel.


domingo, 20 de marzo de 2016

Ha dejado de llover





Desde detrás de la cortina del ventanal puedo imaginar la brisa, ¿para qué correr la cortina a media noche? Mi piel se estira a la ventana queriendo sentir un poco de humedad helada, quizá así sienta al menos frío. Afuera el silencio me suplica que salga a hacerle compañía, él solo y yo sola, me dice, no puedo, contesto, es noche y me da miedo.

Es verdad, tengo miedo de salir. Además, ha dejado de llover y yo sólo deseaba caminar bajo la lluvia a media noche. Tampoco es media noche ya.


El temible hombre de las nieves





Siempre evitando sentir, eres una especie de paradoja de mi reflejo, pues aunque frío como un témpano, has logrado deshielar mi alma, quitando hasta el último rastro de escarcha de mi piel con tan solo un destello de tu mirada almendrada.

Es a través del cuerpo (sólo a través de él) que te permites expresar (o quizá se te escapa) algo de sensibilidad. La tibieza de tus manos y esa manera tan suave de rozar mi piel, perturba, pues acostumbrada estoy al corte tajante de tus palabras. Me sorprendo más al verme “manejando todo tranquilamente”, con una naturalidad y paciencia como si viera una película y ninguno de los personajes me atrapara de lleno, sin dejar por ello de ser interesante lo que veo.

Este “jugar con hielo” me asusta menos, esta entrega indiferente de trozos de piel entre dos extraños que en lo único que están de acuerdo es en el deseo de seguir siendo extraños, de no conocerse jamás. Prohibido no es tocarse, besarse, penetrarse –el cuerpo; no se hable ya de historias personales, de tristezas o alegrías cotidianas, no nos interesa.

Me preocupa más desvelar esos ojos tiernos, dulces y mudos; me llama más el calor de tu cuerpo desnudo sobre mi cama, me atrapa tu silencio y que huyas de mis besos; porque ¿qué es tu historia sino recuerdos? ¿Qué importancia tiene el no saber de ti sino tu nombre?
Si la vida  es puro instante, ¿no la poseo toda aquellas mañanas que al despertar sigues en mi cama? Si las palabras por cortas, frías e ineficientes no pueden decir lo que hay y lo que falta, y en cambio nuestros cuerpos al fundirse rompen toda barrera y ya no existe el límite, la materia se evapora al abrazarse nuestras almas en un diálogo profundo y secreto.

El cuerpo no existe y sin embargo es a través de él que me hablas y te entiendo, sólo entonces nos entregamos ‘ese algo’ que aún no puede ser nombrado y esa entrega se hace sublime. Así que no, no me interesa escuchar aquello que has decidido guardar en el silencio, no quiero saber de tu vida si la tengo a ratos y por entero.




Y me rendí





Decidí que era justo para las dos,
Tristemente acepté dejarte con tu vida a cuestas,
Con tus ganas de seguir rezándole a tu soledad
Causando en otras las ganas de cuidarte

Más no en mí,
Y me rendí
Ante el reclamo callado de que no puedo enamorarte,
De escuchar tus lamentos por no encontrar a ‘alguien’,
Más no a mí.

Y me rendí,
Cansada bajé los brazos
Girando sobre los talones me alejé,
Dejé atrás tu mirada serena
Y a lo lejos aún escuché tu reproche

Y entonces fui yo
al fin,
-Cuando menos digna de tus labios al reclamo-
Y me rendí
Sólo para que creyeras que siempre tuviste razón

-Entonces eres egoísta- decías un día,
-te aburrirías de mí- continuabas al siguiente,
Y me rendí,
Al final es cierto que no puedo llevarte
Sobre el hombro a cuestas

Más en este instante
A mis brazos les falta el peso de tu insignificante vida,
Y me rendí
Al dolor de tu presencia que no se completa

Me falta la vaga sonrisa que aparecía en mi rostro
Cada vez que te escribía,
Extraño la ambigüedad con que me tratabas
Y hasta el lujo que te daba la indiferencia
Con que me mirabas,
Esa manera fría de pisotear mis esperanzas.

Y me rendí
A esta conocida sensación de extrañar lo que nunca se tuvo,
A la melancolía que sí entiendo,
Porque al final elegí

Me elegí,
Con todo el vacío que eso implica,
Con estos ojos secos,
Y estas manos trémulas
Que aun intentan asirse de ti

Más tu inseguridad apenas puede sostenerte
Y no pudo asirse de mi celosa libertad,
Y me fui
Con mi deseo a ras de suelo,
Con tu certeza detrás.

El tiempo ahora pasará lento,
Pero como todo, se irá,
Quizá siguiendo un poco de tu aliento,
Quizá congelado en mis ojos cuando te miraron
Aquella primera vez

Que me rendí,
Ante tu aire de dominar el mundo,
De alma vieja que lo ha vivido todo,
De diva soltera que se coloca frágil e indefensa;
Me rendí

Y aunque no lo quieras creer
Estoy triste de haberme marchado,
Ya ves que al final no lo pude todo
Ni lo supe todo,
Y por supuesto, no lo tengo todo.

La supuesta superioridad que me atribuyes
Quedará latente en el aire,
Con y por mi despedida,
Pero no creas a manos cruzadas que así sea,
Ojalá comprendas…

Yo me rendí,
No soy más que un intento
De crear magia,
De sentir fuego,
De tener miedo

A saberte mía, y como riesgo:
Temer tu belleza y,
Esa insaciable sed de sentirte eterna enamorada;
Y me rendí

Aceptando mi incapacidad para mantener tu idilio,
Más duele
Por mí
Por ti
Por el orgullo

Por el silencio que ahora aturde,
Por la sonrisa evaporada,
Por todo lo que ya no te diré,
Por todo lo que aun reclamará tu voz

Más no a mí
Porque –ya no seré digna de tus labios
Ni como reclamo-.
El olvido llegó ya a tu casa

Y me rendí,
Viéndolo entrar cuando yo salía,
Me rendí
Como elección y consuelo,
Elegí –como ya se sabía-

La melancolía
Es ahora mejor compañía que el celeste de tu cuerpo
Extraviado en un astro lejano,
Mis lágrimas no la asustan,
Ella ama tu ausencia,
Me abraza con ella

Y me rendí…