Lo que dejo atrás

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martes, 5 de febrero de 2019

Tormento




Abrir los ojos por las mañanas es solo el inicio de un paso lento del tiempo, perseguida por tu ausencia me mantengo ocupada, más conforme pasan las horas te pienso, te recuerdo, te extraño y por más que intento, te me filtras en los pensamientos, te me cuelas en mi día salpicándolo de tristeza, de nostalgia o dolor, a veces de apatía completa y se me va el hambre, las ganas y la luz en la mirada.

Me atormenta tu silencio y con él la ignorancia de ti, no saber cómo estás, si tu día ha sido horrible o ligero, si te levantaste con una sonrisa y la luz en los ojos o por el contrario andas con tu rostro contraído y la mirada ausente, si comes, si tienes paz en tu día, si al anochecer tu mente me recuerda un poco, si también me extrañas o simplemente ya fui.

Déjame decirte que no lloro, salvo en la regadera, es mi peor momento del día, completamente desnuda no hay ya nada que me proteja de tu recuerdo, el agua tibia no tiene efecto tranquilizador, por el contrario me provoca escalofrío, mi piel recuerda lo que era sentir tus manos y entonces lloro, un instante no creas que tanto, me ha parecido curiosa la forma en que mis propias lágrimas se contraen y regresan a mis ojos, resignadas también ellas, a guardar silencio.

¿Volverás a buscarme? ¿Volveré a escribirte? ¿Cuál sería tu expresión ante mis últimos te amo seguidos por tu silencio? ¿Esta vez te has ido para regresar o para siempre? y yo, ¿a dónde he corrido a refugiarme? ¿Cómo se llenan todos los espacios en que te fui encontrando?

Paso del dolor al odio, te odio y me odio por sentirme así, por pasar cada minuto del día tratando de evadir tu imagen, por sellarme los labios, por atarme de manos y pararme en seco dejándote partir; te odio por cerrarme la puerta de acceso a tu día a día, por negarme tu mirada y tu voz, por tu desconsideración encerrado en tu propio dolor, dolor que ciega las posibilidades de encuentro entre los dos.

Así me debato entre la culpa y el enojo, la culpa de querer invadir tu espacio íntimo, de no respetar tu distancia y dolor, enojo porque olvidas que también me implica, resulta que tu dolor no es sólo tuyo, que a ambos nos sostenía la mirada del otro, que entre ambos había una guarida, un refugio del mundo que ahora penetra mi piel como cuchillo de hielo y en ti, simplemente no sé, tú tienes otros muros, otros universos más lejanos, más fríos y terribles, este mundo de acá, el de mi tierra no te inmuta ni espanta, no te hiere más.

Silencio de ti






Psicosis amorosa;
ilusión de coincidencia decía un amigo imaginario;
goce de la fusión imposible y completa,
espejismos de los encuentros amorosos que intentan velar el engaño.

Engaño extasiado de sí mismo,
la fantasía de la conexión amorosa
que ata el desencuentro.

El pozo de la melancolía aguarda su momento,
cuando el velo cae nada se sabe y nada se tiene,
el desencuentro no muestra espejos, ni muros,
solo desierto, campo árido por mirada,
viento gélido por caricia,
silencio en lugar de voz,
aquella voz que ahora se añora y
no trae más que desamparo.


sábado, 26 de mayo de 2018

Caminos de guerra

Me piden un papel...yo podría mandarles mil imágenes.
Pedazos de retratos de guerra, de curaciones y caídos.
Podría llenar sus muros de lágrimas, gritos y desesperanza,
Podría pintar las sombras del triunfo, el contorno del héroe sin vendajes, sin muletas, sin lágrimas.
Podría tapizar sus ventanas de risas, de logros, de anhelos y proyectos.
Pero ellos quieren tan sólo un papel.

Me piden borrar los contornos, eliminar los matices, tachonear los vendajes, colorear la sonrisa, sacudir el polvo pero sin sacar el brillo, fumigar los insectos que sostuvieron la existencia.

Dejar tan sólo las líneas endebles que no son capaces de sostener el alma, vaciar la existencia misma hasta el sinsentido.

Me piden un papel sin huellas de nada, pero que lo diga todo.

viernes, 18 de mayo de 2018

Conciencia



A veces una es tan concientemente sola, tan vaciada del mundo y de sus gentes, tan apostada en el desierto de su propio ser que todo se vive a piel abierta. El aire es tangible y denso, la noche se vuelve muro oscuro, y los ruidos del mundo, tan inciertos, tan ininteligibles, tan terribles.

A veces una es tan concientemente sola que se acaban las risas de los rostros conocidos, las voces se pierden, se difuminan las figuras y quedan sólo las sombras, las borrosas líneas de contornos de amigos, de amantes, de seres fundidos en el silencio de la noche o en la bruma de la mañana.

A veces una es tan concientemente sola que se agota la espera, el tiempo pausado cuelga una tela de niebla entre el mundo y la una, la una que únicamente puede saberse existente, sin forma, sin tiempo del qué asirse, sin llanto siquiera.

sábado, 29 de octubre de 2016

Lo

¿Qué es lo que falta? Porque definitivamente algo es lo que ha de faltar, a menos que sobre algo, pero entonces he de ser yo –lo que sobra, claro está-

Quizá tampoco es que falte nada. Hay lo que hay, se es lo que se es, no más, no menos. Hoy por ejemplo ha sido un gran día, familia, amigos, trabajo y la sal del amor mal comunicado; un buen día… ¿qué decisión será más rotunda, más contundente, más peligrosa por el peso de sí misma? ¿Aquella que sin pensar se hace movida por el deseo que yace en algún recóndito y oscuro lugar de la psique? O ¿Aquella que meditada, balancea en su delgada cuerda el deseo inconsciente con la más pura argumentación racional que la justifica? Aún si ambas llevaran en su actuar el mismo destino fatal, será válido preguntar ¿cuál merece más consideración? ¿Eso cambiaría de algún modo el significado del acto final? No hablo aquí ya de los que, espectadores observan el acto, sino del actuante mismo, ¿habrá diferencia alguna, su perspectiva cambia, su emoción cambia?

Pienso ahora en la cosa en sí… ¿la ausencia es siempre ausencia? ¿O es presencia en tanto recuerdo, en tanto memoria de que hubo tal? ¿Puede ser camino, podrá indicar la ruta de retorno hacia algún lugar? ¿Es búsqueda? ¿Es deseo? Ausencia, esa ausencia como lugar, como cuerpo, como voz evaporada en el silencio, como grito ahogado que clama el suplicio de ser…al menos como falta.

¿Qué es lo que falta entonces?


Porque ahora es evidente que nada sobra, ni siquiera yo.

Acerca del cosmos

Esos dos rostros en tu mirada, ese par de universos opuestos y atrayentes entre sí equilibrando el caos, esa sonrisa contrastante, única, exclusiva de ambos universos. ¿Qué sería el cielo sin un averno? ¿Cómo no esperar la ausencia cuando tu presencia es totalidad?


¿Qué fuerza existe en tus ojos, qué terrible abismo nos separa y nos une? ¿Debería salir huyendo, resguardarme, de la explosión que anuncia la muerte de una estrella y el inevitable nacimiento de una galaxia más?



La fascinación de fundirme con el cosmos una vez que todo muera, para ser eterna, para volverte a encontrar en otras pieles, en otro aroma, en otro tiempo, inmerso en un caos distinto; ha cegado mis ojos, tu fuego quemó mi piel y no puedo más que gozar en una fusión eterna con la nada y el todo.


Lo inmutable

No sé escribir más de una cuartilla por relato. Y es que la vida es corta, las emociones también, los relatos por tanto deben serlo aún más. No imagino que querría hacer una historia extendida más allá de su final, y el final no puede ser otro que el que marca la última línea de la hoja, enmarcado así no se corre el riesgo de que un personaje se escape, fugándose incluso más allá del papel mismo, ¿qué haría yo teniendo que correr tras él?

Mas aún, ¿qué haría yo si más de uno decidiera seguir al fugado? Ya imagino el desborde de letras cayendo y corriendo, tinta y papel desprendidos de su unión, esa unión que nos es tan natural, que parece irrompible, incorruptible pero yo no me dejo engañar, lo que une papel y tinta no es nada.
Ya antes he visto quererse escapar escurriéndose la tinta bajo la excusa de la humedad, en especial las lágrimas son excelentes conductoras de letras en fuga, y por supuesto que más de un personaje ha querido asirse, pegándose, aferrándose con el mayor anhelo posible a esa palabra que escapa por muy lejano que esté en relación a la misma, robándola incluso del discurso de algún otro personaje. Yo me aferro entonces en enmarcarlos a todos, la historia primero, una cuartilla es lo justo, y para la humedad encontré la mejor solución: digitalizar las ideas. Las lágrimas no pueden ser vehículo de lo que no está sobre papel.

Más la angustia me llena de nuevo de dudas que saltan y saltan por mi pensamiento. Pasa que las letras ya no se escapan, pero ahora se rebelan, borrándose, y es que no contemplé que siempre encuentran una opción de salida, de escape, de fuga…ahora se borran, yo escribo y escribo, más nada se guarda. Digitalizar las ideas tiene también su riesgo. ¿Será la forma en que pretenden que vuelva al papel? Me defiendo atacando las posibilidades de fuga por todos lados, si ellas, esas letras fugitivas se niegan a permanecer en mi hoja digital, y pretenden escapar del marco de mi hoja de papel, opto por romper, fracturo la hoja en un intento de engaño, si ellas no saben en donde termina la hoja, si ellas no saben cuál de los puntos será el final, qué palabra sostendrá por último la historia toda, entonces tampoco saben en qué momento huir, de qué palabra colgarse para escurrirse y escabullir.


El sufrimiento es mutuo, sólo por ello lo soporto bien, mi angustia por tener que cortar la hoja, por no poder encuadrar la historia bien, por mi duda constante de que siempre encontrarán la forma, se equilibra ante su desesperado y fallido intento constante de escapar. Las imagino, a cada letra, a cada palabra, cada punto, cada coma, aterradas, amagadas y luego los personajes escondidos, uno detrás de aquél tilde, otro debajo de los puntos suspensivos, uno más allá a lo lejos detrás de esa colina que apenas oculta esa nube gris…todos nos observamos cuidadosamente, vigilantes, acechantes.

De silencios, ausencias y vacios


Tengo alma de puta –Dijo como si hablara sola, observando el humo del cigarro que moría entre sus dedos. Tenía esa curiosa expresión de lejanía, esa mirada que avisaba el oleaje de emociones desbordadas intentando no escapársele por la boca ninguna de ellas.

-No reparé en ello hasta que ya iba muy lejos, ya no podía devolverle el dinero, así que tuve un ataque de risa, porque sabes, al final es gracioso, y entonces me dije en voz alta oficialmente  prostituta…  ¿qué sentido habrá tenido en disculparse por ofrecerme su apoyo en dinero si esto no implicara un posible insulto? ¿Qué significado va implícito en la disculpa?, yo pensaba eso y no paraba de reír, había pasado sin darme cuenta si quiera, de promiscua a puta, pero claro que es una estupidez, puta siempre he sido…

-¿De qué hablas?- me atreví a preguntar, temiendo la mirada de sus intensos ojos, que no me vea rogaba, por supuesto no lo hizo, aunque su indiferencia fue el equivalente. Y continuó hablando para nadie.

Ayer fumé con ella, en un momento la vi, allí, frente a mí, tan frágil, tan deseosa de amor, de alguien a su lado, pero entonces yo pensé recuerda que eres puta, el amor no es para ti, y he luchado entonces por convencerme de nuevo, hoy por ejemplo he olvidado mi armadura seguramente se me quedó atrapada en sus ojos y es que ella es así, cuando menos acuerdo ya me atravesó, sí, atravesar es la palabra porque duele cuando me traspasa, ella entra, pasa y se va…así que he optado por desnudarme primero; si de nada me sirve el disfraz de hojalata…quizá la piel me proteja más.


Y allí estaba corriendo por su mejilla una lágrima, sin que por ello cambiara en nada su expresión ausente ni suavizara un poco si quiera, su mirada de hierro. Su rostro recibió un rayo de sol que se filtró por unos segundos a través de las hojas del árbol bajo la sombra del cual ambas nos recostamos. 

La observé sabiendo que no diría más nada y que el viento secaría esa única lágrima. Después de todo, sí llevaba puesta su armadura, aun bajo la misma piel.


domingo, 20 de marzo de 2016

Ha dejado de llover





Desde detrás de la cortina del ventanal puedo imaginar la brisa, ¿para qué correr la cortina a media noche? Mi piel se estira a la ventana queriendo sentir un poco de humedad helada, quizá así sienta al menos frío. Afuera el silencio me suplica que salga a hacerle compañía, él solo y yo sola, me dice, no puedo, contesto, es noche y me da miedo.

Es verdad, tengo miedo de salir. Además, ha dejado de llover y yo sólo deseaba caminar bajo la lluvia a media noche. Tampoco es media noche ya.


El temible hombre de las nieves





Siempre evitando sentir, eres una especie de paradoja de mi reflejo, pues aunque frío como un témpano, has logrado deshielar mi alma, quitando hasta el último rastro de escarcha de mi piel con tan solo un destello de tu mirada almendrada.

Es a través del cuerpo (sólo a través de él) que te permites expresar (o quizá se te escapa) algo de sensibilidad. La tibieza de tus manos y esa manera tan suave de rozar mi piel, perturba, pues acostumbrada estoy al corte tajante de tus palabras. Me sorprendo más al verme “manejando todo tranquilamente”, con una naturalidad y paciencia como si viera una película y ninguno de los personajes me atrapara de lleno, sin dejar por ello de ser interesante lo que veo.

Este “jugar con hielo” me asusta menos, esta entrega indiferente de trozos de piel entre dos extraños que en lo único que están de acuerdo es en el deseo de seguir siendo extraños, de no conocerse jamás. Prohibido no es tocarse, besarse, penetrarse –el cuerpo; no se hable ya de historias personales, de tristezas o alegrías cotidianas, no nos interesa.

Me preocupa más desvelar esos ojos tiernos, dulces y mudos; me llama más el calor de tu cuerpo desnudo sobre mi cama, me atrapa tu silencio y que huyas de mis besos; porque ¿qué es tu historia sino recuerdos? ¿Qué importancia tiene el no saber de ti sino tu nombre?
Si la vida  es puro instante, ¿no la poseo toda aquellas mañanas que al despertar sigues en mi cama? Si las palabras por cortas, frías e ineficientes no pueden decir lo que hay y lo que falta, y en cambio nuestros cuerpos al fundirse rompen toda barrera y ya no existe el límite, la materia se evapora al abrazarse nuestras almas en un diálogo profundo y secreto.

El cuerpo no existe y sin embargo es a través de él que me hablas y te entiendo, sólo entonces nos entregamos ‘ese algo’ que aún no puede ser nombrado y esa entrega se hace sublime. Así que no, no me interesa escuchar aquello que has decidido guardar en el silencio, no quiero saber de tu vida si la tengo a ratos y por entero.