Lo que dejo atrás

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Nubes rosas


A los 8 soñaba que en unos años formaria una hermosa familia, a los 9 soñar era mi forma de vida, construí un mundo alterno de fantasía donde las nubes eran rosas y el cielo se podía tocar si subías al cerro más alto del pueblo.

A los 10 me escapé de casa al ver mi mundo irreal amenazado; andaba de ciudad en ciudad y caminaba en las plazas descalza y con el pelo alborotado, con un vestido de jirones que encontré en la basura y la cara maquillada de mugre, pero las nubes volvían a ser rosas y de vez en vez escapaba al puente más alto intentando tocar de nuevo mi cielo.

Anduve dos años vagando, consiguiendo dinero en los estacionamientos cargando mandado, en alguna ocasión alguna señora me llevaba a su casa y me daba de comer a cambio de que le ayudara a limpiar la casa, cuando había suerte me dejaba ducharme y me hacía de ropa "nueva". Era feliz en mi mundo escaso de pertenencias, era libre de soñar y me comía el mundo a bocanadas.

A los 12 la casa volvió, que no volví yo, por poco me pierdo en mis sueños, un día en el puente alcancé a tocar mi cielo y allí me acurruqué sin querer despertar... el cuarto con sus paredes blancas y frías, sin ventanas y con mucha luz engañaron a mi soñadora caja oscura y me fue atrapando entre sábanas blancas, tiesas, frías.

Mis ojos engañados sólo percibían blancura, mis manos atadas a los costados de la cama buscaban arrancarse las agujas insertadas en su vena, mi garganta quería escupir y dolía por el tubo que entraba a través de ella. Que terrible pesadilla era esa, desesperada hice todo por regresar a mi mundo "real", o no, pero mi mundo al fin.

Volví a cerrar los ojos. Tengo 23 años, voy caminando descalza por la carretera, veo un puente, siento cómo choca el aire con mi rostro mientras desciendo en un vuelo fantástico y mis manos van rozando suavemente las nubes, voy entrando a mi cielo y esta vez no pienso volver...

domingo, 1 de noviembre de 2009

La muerte de pingüino


Anoche aún creí escucharlo moviéndose, todavía su olor permanece en la habitación, se ha vuelto como una presencia invisible, que no obstante se percibe, se siente, se sabe que está allí...

Ese día mi primer movimiento en la mañana fue para verle, estaba allí en una esquina, algo triste, pero aún levantó las orejas al oír que me acercaba; quieto me miraba, le acaricie y lo tomé en mis brazos como cada mañana al despertar, lo sentí frágil, cansado, pero aún sus ojos me miraban atentos y se acurrucaba respondiendo a mis caricias.

No pasó mucho tiempo...volví a la cama y en ensoñaciones escuché que se movía, -que bien-pensé, ya se está recuperando; pero la realidad nos tenía una sorpresa...

Al levantarme de nuevo, ya con la intención de iniciar mi día, me acerqué de nuevo, quería llevarlo conmigo a la tienda y que me acompañara a preparar el desayuno, pero la escena que mis ojos vieron fue muy triste, pinguino yacía sobre un costado y con sus patitas estiradas, parecía dormir y levantó levemente la cabeza cuando me acerqué, pero no pudo levantarse, lo tomé en mis brazos y dije está muriendo.

Pasaron sólo minutos, minutos eternos y dolorosos, minutos tristes sabiendo y no queriendo aceptar que serían los últimos, lloré, lloré y lo miraba despidiéndome y guardando su imagen en mi recuerdo...mi pequeño pingüinito...mi bebe...nuestro hijo moría.

Por la noche lo enterramos, mi amor, su padre, cabo la tumba pequeñita y esa fue la última vez que lo toqué, aún su cuerpo estaba caliente...sigo triste. Le extraño.

Y sólo el recuerdo me quedó, pues no hay fotos, no hay rastro de que existió, pero su presencia sigue aquí...perdoname el no haber sabido cómo cuidarte...





PD.

Sabes hermano lo triste que estoy, se me ha hecho un duelo de trinos y sangre la voz. Se me ha hecho pedazos mi sueño mejor, se ha muerto mi niño, mi niño, mi niño, mi niño, hermano.

...

Yo le había hecho una blanca canción del amor entre una nube y un pez volador. Lo soñé corriendo abrigado en sudor, las mejillas llenas, las mejillas llenas de sol y dulzor.

...

Y estamos pensando, sería mejor, el marchar los tres, el marchar los tres, a quedarnos dos.

Juan Carlos Baglietto