Lo que dejo atrás

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miércoles, 28 de mayo de 2014

Quizá, Mayo tenga mucho que decir

No recuerdo un mayo más lluvioso que éste, quizá es porque en realidad no recuerdo ningún mayo, así como no recuerdo mucho del día de ayer ni de la semana pasada. Pero puedo contarles que hoy viajé de noche, el último tramo de la carretera rumbo a mi destino estaba con el asfalto mojado, las luces de los carros que conducían hacia el otro sentido apenas se veían a través del vapor del agua que levantaban las llantas rodando a gran velocidad, al frente una neblina de agua subiendo que no cayendo, provocaba imágenes fantasmales de los otros vehículos, como si flotaran en vez de rodar.

En el auto una música de fondo se perdía con el golpeteo de gotas sobre el parabrisas…al ser mi primera vez conduciendo en esas condiciones climáticas no rebasaba los 110 km/h, de modo que mis sentidos pudieron todos disfrutar del viaje, casi percibía el frío de la lluvia mojando mi piel.

Luego llegué a casa y el viaje fue más corto de lo que hubiese deseado. En la ciudad llovía con mayor intensidad, me cubrí la cabeza con un suéter al bajar del auto y por única ocasión pude abrir la puerta de casa a la primera. Aventé mi bolso al sofá y busqué algo que pudiera cubrirme un poco más de la lluvia, a pesar de que mi cuerpo quería sentirse mojado bajo ese torrencial, el sentido común me indicaba que llevaba ya más de quince días con una tos de perro que podría empeorar, así sin pensarlo mucho encontré ese impermeable color vino que era tuyo.

Salí al carro por el resto del equipaje, no me detuve a pensar en nada, aunque recordé que era tu impermeable y una sensación de calor me invadió el cuerpo, pero no le dediqué mayor tiempo. Preparé la cena lo más eficientemente que pude, busqué algo para distraerme mientras cenaba, lo hago siempre desde hace un tiempo; elección o coincidencia…”Todo lo que tú quieras” una película española que me hizo llorar en más de una escena.

De pronto me vi rememorando el día. Todo el día perdido. De verdad, hoy no hice nada productivo. Primero luche por despegarme el pedazo de sábana que se adhería a mis piernas sin permitirles levantarse de la cama en la mañana, en seguida decidí que ya iba siendo tiempo de eliminar esa tos de perro de mi sistema, así que elegí acudir al eficientísimo sistema de seguridad social que paga mi trabajo. Quizá llevara aún un poco de sábana adherida al cuerpo, de otra manera no entiendo todo lo que pasó después; sin saberlo querido acudí a mi trabajo para avisar que estaba indispuesta y debía acudir a mi clínica para un tratamiento adecuado, como realmente me veía y escuchaba fatal no tuvieron reparo en que me marchara tranquila, a fin de cuentas llevaba un justificante médico.

Así regresé a casa por un cambio de ropa y un montón de copias que respaldan mi expediente médico, luego marché rumbo a esa ciudad que tanto amo. Mi cuerpo me llevó, que no mi mente. Dormí tres horas y esperé sentada fuera del consultorio de mi médico especialista alrededor de cuatro horas más, sólo para darme cuenta que al final del día mi garganta se encontraba mucho mejor que en la mañana. ¿Realmente qué hacía allí, por qué de pronto estaba perdiendo todo mi día para estar allá?

Tal vez todo vaya más atrás. Un prólogo que tiene fecha del 14 de mayo del 2012. Una hospitalización con fecha del 19 de mayo del 2011. Un 10 de mayo del 2011. Un 24 de mayo de 2010…un mayo de un año aún desconocido. Un mes, varios días, varios años. Una sola memoria…el cuerpo no olvida, por más que la mente le ordene. Quizá, Mayo tenga mucho qué decir.


27 de mayo de 2014

domingo, 18 de mayo de 2014

Tú Me Quieres

-¿Me quieres?

-Claro, y mucho, te quiero.

-¿Cómo me quieres?

-Como para darte un par de nalgadas ahora mismo, y… penetrarte sobre la mesa

-Ah, vaya…sí que me quieres

-Lo dices casi triste, deberías sentirte feliz de saberlo

-Sí…es quizá que yo también te quiero. Te quiero como para tener sexo contigo ahora mismo sobre la mesa; y también, para dormir abrazada de  tu cuerpo cada noche. Te quiero para prepararte el desayuno, la comida y la cena sin sentirlo una carga, así por mero gusto. Te quiero para preocuparme cuando llegas por la madrugada después de una parranda, para luego sentir alivio de que ya estés en casa y poderme emberrinchar portándome fría e indiferente y de todos modos, cuando ya duermas abrazarme a tu cuerpo. Te quiero para un instante, para una hora y para siempre. Te quiero, y es así, para que lo entiendas quizá, “Te más quiero”, usando las palabras de esa persona que los dos hemos amado, para ver si comprendes lo profundo de mis sentimientos. Te quiero…te más quiero.


Y no me cabe duda. Tú Me Quieres. Como el que ha ganado un bonito premio que aunque valioso no le costó gran esfuerzo. Me quieres, como el niño que recibe un juguete en navidad y juega con él hasta hartarse. Me quieres, como se busca la cama cuando llega el sueño. Tú Me Quieres, yo te más quiero…aunque más bien te amo.



viernes, 9 de mayo de 2014

Entre puntos y paréntesis

Tres agentes espías enviados por el gobierno a una ciudad sitiada, los trajes grises con que seguramente visten, el auto andando despacio e inadvertido por los citadinos; la gente caminando de prisa por plazas y alamedas, indiferente a las miradas quisquillosas de los agentes. Luego, una pausa, la vista se levanta de la hoja amarillezca del libro para toparse con otro mundo; una puerta entreabierta, blanca y rodeada de paredes blancas también; detrás se ve un barandal blanco, una plaza con una lámpara al centro y más lejos otro edificio blanco…Lo único que da vida al paisaje es un árbol recuperándose de la amputación de sus ramas, amputación mejor conocida como “estética del paisaje”, el arte de podar árboles.

                Una aprensión en el pecho termina de confirmar el retorno a una realidad palpable. Sus ojos regresan al texto suspendido, quieren ver de nuevo otro mundo, encontrarse con la mujer que será interrogada groseramente por el más inepto de los tres agentes, pero el móvil a la derecha del libro le hace suspirar.

                Es otro rostro y otro mundo al que su corazón quiere acercarse, es otro rostro y otro mundo lo  que sus ojos anhelan, pero ya no ese donde los habitantes sitiados viven armoniosamente pese al hostigamiento de su propio gobierno, no ese, donde la gente sabe pensar y dan ejemplo con su conducta de la lucidez de su raciocinio. No, es el mundo de los locos, de los ciegos y sordos, de los lentos y cortos de pensamiento, de los deseos e ilusiones, al que su alma aspira, es ese mundo de otro corazón que a lo lejos palpita tan indiferente, tan despreocupado del anhelo en él depositado como estos habitantes sitiados lo están del par de ojos que lee su historia.


                ¿Y el vuelco en el corazón por qué? Ya está suspirando de nuevo. Sí él tan solo fuera una historia más, otra hoja dentro de un capítulo de un libro…podría entonces leerle y releerle, verle tan cerca, caminar a su lado, temer por los riesgos que corra y tratar de salvarle avisándole del peligro. No obstante ese corazón late fuerte y certero encerrado en el pecho de un hombre de carne  hueso, un hombre real que más satisfacción daría si fuese ficticio. Por eso en ella su corazón se oprime, se apachurra y a veces llora. Luego vuelve a las letras, imagina quizá un evento extraordinario, una catástrofe o el simple giro de la moneda, que lleva ya mucho tiempo en el aire; imagina, desea, un algo que le brinde la oportunidad de ser ella la deseada, de que sea el otro corazón el que se oprima  al ver el celular sin mensaje alguno, de ser el otro par de ojos los que miren tratando de atravesar fronteras, de ser otros los labios que se muerdan por la angustia de la espera, de que sea, en resumen, ese hombre quien la necesite a ella.