Lo que dejo atrás

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martes, 27 de enero de 2009

Corazón

Un beso a tus ojos, un beso a tus manos…tus labios no los puedo tocar…
No, no te necesito no, que por tonto que parezca me siento capaz de bendecir a quien te ama y despreciar al que te hiere.
Ya me tienes aquí hablándote sin que me escuches…
Porque mi corazón no necesita tenerte para amarte, ni verte para sentirte…porque eres el sonido que repite el viento y con el viento también se pierde...
No, no, por favor no vuelvas
Que mi sol comienza de nuevo a brillar en mi cielo,
Que ya siento la tibieza en mi piel,
No, por favor no vuelvas.

¿Si ya me has regalado dos días de paz por qué regresas?
No tengo ya nada que ofrecerte,
Mis manos están vacías, te he dado ya todo cuanto tuve para dar
Me queda aún la nostalgia, si la quieres tómala entonces
Pero por favor no vuelvas.

Estuviste a mi lado varios años,
Te fuiste y regresaste, llegué a necesitarte incluso
Eras parte de mi vida, casi, casi te incrustaste en mi esencia
Pero no te quiero de regreso.
Aléjate de mí de una vez por todas…

lunes, 26 de enero de 2009

Sentencia

Caminó lenta y segura hacia la habitación principal, vestía un ajustado pantalón de cuero, botas hasta las rodillas y un chaleco abierto hasta dejar ver el sostén de encaje negro; su pelo de un color castaño cobrizo cuidadosamente arreglado caía en cascada hasta sus hombros, sus manos eran cubiertas hasta los codos por unos gruesos guantes negros y llevaba un cinturón de herramientas amarrado a su cintura. Su rostro no reflejaba emoción alguna, caminaba con la vista clavada al frente siguiendo un solo objetivo: la habitación iluminada al fondo del pasillo.

Se detuvo en el umbral de la puerta unos instantes, concentrada en el ruido del interior. Alguien caminaba dentro. Se escucho el desagüe del sanitario y una voz masculina que pedía ya se metiera a la cama. Estuvo atenta hasta estar segura de que ambos estaban acostados, espero a que la luz se apagara y entró sigilosamente. Se detuvo un instante recargada en la puerta mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Su pulso era tranquilo, su respiración imperceptible.

En la penumbra podía distinguirse la cama ubicada al centro de la habitación, en ella se vislumbraba una pareja abrazada, cubierta sólo por la sábana de ceda roja; la lámpara de noche se encontraba del lado izquierdo, junto a ella un vaso con agua, un cenicero con varias colillas de cigarro y las llaves de un auto. En el buró derecho adornado con un florero con rosas secas se distinguía un portarretratos, no así la foto que en él había.

Justo frente a la cama había un ventanal que permitía el acceso a un pequeño balcón cuya barda se cubría de enredaderas. El cancel estaba semiabierto lo que favorecía la entrada de una corriente de aire que acariciaba las cortinas doradas que lo cubrían, haciendo un tenue silbido con el roce. Ese ventanal era la única posible salida del cuarto y la casa si la puerta era bloqueada.

Ella observaba todo cuidadosamente, grabando en su memoria cada detalle del cuarto, cada mueble; contaba mentalmente los pasos que separaban a la cama del balcón, de la puerta y del baño. Respiró profundo percibiendo el olor a frutas de algún shampoo, se dirigió al baño, abrió la puerta cuidando que no rechinara, aún había vapor dentro, no se metió, sólo paso su mano por detrás de la puerta buscando el seguro para impedir que pudiera abrirse por fuera. Luego fue hacia el ventanal, se podía cerrar con llave pero no la tenía, en realidad no tenía importancia quizá sería mejor dejarla abierta.

Se acercó al pie de la cama. Era un hermoso cuadro, una linda pareja apaciblemente dormida, fundida en un abrazo, se notaba tanto amor en sus expresiones a pesar de estar dormidos, como si ambos soñaran el uno con el otro. Se quedó allí parada durante más de 20 minutos sólo observando.

La pareja se movió un poco, alguno de los dos se giró quedando de frente al otro sin dejar de abrazarlo. Entonces ella se quitó el cinturón colocándolo sobre la cama, como si hubiera estado esperando a que quedaran en esa posición. De una de sus botas sacó un cuchillo y de la otra un arma cerciorándose de que estuviera correctamente cargada, se acercó hacia la mujer y sin dudarlo clavo el cuchillo en su espalda, quien despertó con un grito aterrador provocando que su compañero se levantara de un salto.

-Quédate donde estas y tú deja de gritar- ordenó mientras apuntaba su arma a la cabeza de la joven. Regresa y vuelve a acostarte junto a ella, como estabas o ella muere, si haces todo lo que te pida al menos ella conservará su vida.

El hombre regresa lentamente a la cama con las manos levantadas, se recuesta mientras pregunta con la voz temblando y en un susurro
-Quién eres, qué deseas de nosotros…que te hemos hecho.
La mujer llora suplicando que los deje, que se vaya…

-Está bien linda, tranquila todo saldrá bien, no debes preocuparte por ti, lamento lo del cuchillo en tu espalda pero tu esposo debía despertar de alguna manera, pero tranquila no te va a pasar nada, al menos yo no pienso tocarte un solo pelo, sólo quiero que charlen un rato ambos, luego me iré…
Estuve observándolos mientras dormían, parecen amarse mucho, me gustaría saber cuánto, que tanto podrían perdonar el uno al otro, digan cuál sería el límite para dejar de amar y comenzar a odiarse. ¿Lo han pensado alguna vez?
Linda, sabes, conocí a tu marido hace un mes en un restaurancito a donde acuden los enamorados, oh, es mi lugar preferido, se conocen muchas parejas… sí, te decía, llegó acompañado de una adolescente encantadora, captó mi atención de inmediato pues no es muy común ver allí a un hombre cuarentón con su hija por lo que supuse que era su…mujer…todavía una chiquilla. Pero tú lo amas cierto? Será fácil perdonar una infidelidad, quizá después de todo sólo fue curiosidad, dicen que todo hombre fantasea alguna vez el hacerlo con una niña… oh, pero no vine a dar un monólogo, quiero verlos, tú enciende la lámpara (señalando al hombre)…sí, muy bien, desnúdate y luego desnúdala a ella ¡No, no! Hazlo despacio, muy despacio. Muy bien.

Se desnuda lentamente y hace lo mismo con su esposa, cuidadosamente para no incrementar el dolor provocado por la puñalada en la espalda. Ella no deja de llorar y suplicar que se vaya a esa intrusa que ha perturbado la tranquilidad de sus sueños, se siente completamente aterrada, sin poder explicarse por qué está sucediéndoles esto, por qué ella los ha elegido. Él intenta recordar su rostro, debió haberla visto en algún lugar, pero no lo logra, es una completa desconocida que no obstante sabe de su vida íntima.
Mientras tanto la intrusa observa todo sin un parpadeo, coloca una silla frente a la cama y se sienta en ella cómodamente, como quien se dispone a disfrutar una película.

-Al principio eso creí, pero mi curiosidad era grande, entonces comencé a seguir a tu esposo, por lo menos dos veces a la semana acudía al mismo lugar, siempre con una adolescente diferente que contrataba como dama de compañía en una de esas agencias de modelos, la llevaba a comer, era amable y seductor, después seguía el hotel que nunca era el mismo y después…se revelaba su verdadera personalidad. Ya en el cuarto apenas cerraba la puerta tras de sí, abofeteaba a la chica dejándola casi inconsciente, incapaz de reaccionar para defenderse y luego comenzaba a violarla, una y otra vez hasta hartarse…al terminar, se divertía otro rato torturándola físicamente de alguna otra manera nunca hacía lo mismo, podía golpearla dejándola casi muerta, o cortarla, quemarla…todo dependía de lo que su perversa imaginación le pidiera.
Ahora lo sabes tú también, como te das cuenta no es tu culpa que yo esté aquí ahora y jamás hubiera querido hacerte daño linda, todo se lo debes a tu esposo y sus buenas costumbres.
Escúchenme atentamente, esto es lo que quiero que hagan, es solo una breve representación teatral por llamarla de alguna manera, tu esposo hará el papel que siempre hace y tú serás por esta ocasión la adolescente, el escenario está puesto, este es su cuarto de hotel…

La pareja no podía creer lo que escuchaba, se quedaron perplejos con la mirada llena de miedo, sin moverse, sin poder articular palabra. Pero en él la mirada iba cambiando, se le inyectó energía transformando sus ojos en dos pequeñas llamas que están por provocar un incendio; ella alcanzó a comprender el significado de este cambio en su mirada y sólo pudo sollozar un no por favor…antes de que él comenzara a golpearle el rostro…
Todo duró alrededor de dos horas, la violó y sodomizó, la torturó, sin importarle quien era, sin hacer caso de la intrusa que todo observaba y de vez en cuando tomaba alguna foto.

-Todo ha sido muy sencillo, esperaba que quizá pusieras alguna objeción, que tal vez te detuvieras a pensar un poco…es muy interesante. Lo ves linda, no te he mentido, todo lo que te dije es cierto y tu querido esposo lo acaba de demostrar contigo. ¿Aún lo amas?

Él tirado en la cama comienza a reaccionar, se da cuenta entonces de lo que ha hecho y llora gimiendo perdón a su esposa casi desmayada. Por única vez el rostro de la intrusa deja ver un destello de emoción y su boca se tuerce en una mueca irónica, burlona. Toma el arma y le dispara a él en la cabeza, -me gustan callados- dice burlona mientras prepara una jeringa con ketamina.

-Estarás bien, despertarás en una media hora, justo cuando llegue la ayuda, pero no podrás recordar nada por lo menos durante una hora, luego te sentirás confundida y no podrás distinguir claramente entre fantasía y realidad, pero conforme pasen los días tu mente se irá aclarando, será mejor así…ya no es necesario que seas testigo de lo que sigue. Perdón, perdón, pero tenías que darte cuenta, lo siento. Sólo él merece ser castigado, no tú, perdón…

Le inyecta la droga y en cinco minutos se encuentra completamente dormida. Saca de su cinturón un bisturí, se asegura de que el hombre sigue vivo aunque semiinconsciente y lo amordaza para que no grite. Comienza a castrarlo. Mientras lo hace disfruta ver el sufrimiento en sus ojos, luego toma un extraño instrumento filoso, algo parecido a una cuchara para té y comienza a cortar sus ojos hasta que logra sacarlos por completo, a esta altura el hombre ha entrado en shock y está inconsciente por el trauma, pero ella sabe que aún es capaz de sentir dolor y lo disfruta plenamente. Para terminar quita la mordaza, toma el miembro cortado introduciéndolo en la boca del hombre y después le cose los labios sellando su boca.

Se queda viendo su obra un minuto, recoge sus herramientas, se coloca el cinturón en la cintura y abandona la casa por la puerta principal. Su paso es firme, seguro, su rostro sereno, su mirada inexpresiva, nadie podría imaginar al verla que acababa de cometer un asesinato. Al doblar la esquina avienta a un perro callejero los ojos que aún llevaba en la mano…

viernes, 23 de enero de 2009

Inicio y Fin

La venda ha caído de mis ojos, ahora veo las cosas con tal claridad que me sorprendo; no hay dolor, no hay arrepentimiento, no hay más que la sensación que se queda cuando has concluido un ciclo, cuando has cerrado un círculo y ves en su proceso muchas líneas entrecortadas, algunas temblorosas o muy tenues, otras en cambio firmes y marcadas.

Fue necesario en el proceso, resbalar una y otra vez, aun sabiendo que lo hacía. En ocasiones no puedes terminar nada hasta tocar fondo, yo toque fondo y ahora el único camino a seguir es hacia arriba. Las crisis son así, mis ciclos son así, tengo que reestructurarme, reorganizar mi mente, emociones y sentimientos para salir de ellos y cuando los concluyo emerjo con más fuerza.

Aprendí cosas nuevas en esa etapa que concluyó, sobre todo en el duelo que le siguió, aprendí a dar sin esperar, que no es lo mismo a recibir; aprendí a amar en libertad y dar libertad al amar, conocí el cariño puro, aquel que solo espera que el otro esté bien no importa cómo o con quien…sería interminable la lista de lo que me llevo, de lo que gano, de lo que me queda.

Comprendí al fin la diferencia entre querer y amar, renové viejos lazos emocionales, me reencontré a mí misma, recobré la energía por vivir, que puedo decir tengo más ganancias que pérdidas, aunque para ello tuve primero que ser herida, tuve que llorar y sufrir…al final los resultados son positivos.

Había olvidado por unos meses cuanto amo yo mi libertad, mi soledad, mi alegría infantil y estúpida, es decir, sin sentido alguno; había olvidado lo hermoso que es estar enamorada del amor, así, sin más.

martes, 13 de enero de 2009

Prórroga

Desperté a las 3:00 de la madrugada, el perro ladraba, quizá eso me despertó, o tal vez, fue el sueño que estaba teniendo que me angustiaba, por más que intenté no pude volver a dormir.
El viernes paseamos juntos en bicicleta alrededor de dos horas, fuimos alejándonos de la ciudad muy tranquilos, platicando tan en paz. Fue agradable como nos íbamos quedando solos; los carros, la gente, las casas, se fueron quedando atrás hasta encontrarnos en un camino de tierra que no sabíamos a donde nos conducía, por un momento pensé en regresar, ya estábamos muy lejos y podía ser peligroso, sentí un poco de miedo, pero luego voltee hacia mi izquierda y te vi, sonriente, seguro, a mi lado; me tranquilicé y seguimos charlando.
El sábado al caer la noche entraste furtivamente a mi recámara, en un minuto estabas desnudo, recostado impaciente sobre mi cama, tal como siempre lo sueles hacer; te miro y sonrío mientras me desvisto. -Estoy agotada, los días se ponen cada vez más tensos, ya quiero regresar. -Ven... Me jalas hacia la cama, me besas y comienzas a acariciarme. En la mañana desapareces, como se esfuma el sueño dejando sólo la sensación de que soñaste.
Así es mi vida a tu lado, hablamos a diario, te cuento mis cosas y tú me das tu opinión siempre tan cercana a la razón, a veces dormimos juntos, otras más despierto a tu lado aunque sé que por la noche no te apareciste.
Los que saben de mi relación contigo me llaman loca, porque hablo con un fantasma dicen, porque beso al viento y acaricio mi almohada, porque lo que escucho es el eco de mi voz y no tu voz que me responde, porque tu presencia es imaginaria y sólo en sueños te tengo.
Pero esta es mi vida contigo les digo, que no se dan cuenta que imaginarte es para mí más real que verte de frente, que besarte en sueños, recorres las calles tomada de tu mano, que me platiques sin escuchar tu voz es mi vida a tu lado. En los pocos momentos que logran sacarme de mi ensueño para convencerme de que te alucino, lloro y siento mi corazón oprimido. No, esa no es la realidad me digo y vuelvo a refugiarme en la fantasía.
Hoy en la madrugada me desperté llorando, tenía miedo y busqué tus brazos pero no estabas, me quedé despierta pensándote, jamás creí que una alucinación pudiera abandonarte de repente, pero en verdad no estabas. Seguí llorando, quería llorarte, tenía la necesidad de que me dolieras, de expulsarte de dentro de mí, de arrancar las huellas que tus manos han dejado sobre mi piel, de sufrirte, de llevarle flores a un muerto...
Sé que sólo así, cuando el momento llegue de ver tus ojos de nuevo, de que tus manos rocen mis manos, las mías no temblarán de nuevo y mi voluntad será férrea para sostener mi decisión...
P.D. Te Amo

Decisiones

Decisiones buenas, malas, tontas, afortunadas, dolorosas, placenteras, etc., van definiendo nuestro rumbo, día a día tenemos que elegir una cosa o la otra. hay decisiones simples, cotidianas que incluso tomamos sin necesdad de pensar que estás eligiendo algo, pero hay otras en cambio muy complicadas que nos llevan a los grandes dilemas filosóficos, de valores, de ideales, dilemas morales y éticos.
Decisiones que pueden truncar sueños o destruir vidas, que afectan a terceros o te convertirán en una persona distinta a partir de ella. Decidir implica, sobre todo en esos casos, una especie de duelo, necesariamente tienes que renunciar a algo y duele perder ese algo.

jueves, 8 de enero de 2009

La historia de Neli

- ¿Qué pasa si me muero hoy?

- No vas a morir hoy, además tienes que ir a mi fiesta lo recuerdas, lo prometiste, por qué preguntas eso, otra vez estás triste verdad?

- No pasa nada

Era un día normal, completamente igual que todos los días durante los últimos tres años de su vida, no había amanecido nublado, el sol brillaba en lo alto con el cielo completamente despejado, un día cálido; tal vez era miércoles, el típico miércoles de tianguis en su colonia, con gente atropellándose en las banquetas y señoras abriéndose paso con su gran bolsa de mandado y una hilera de niños de kinder siguiéndoles de prisa.

Sí, todo era normal, ella se había levantado temprano como cada mañana, probablemente escuchó a su mamá cuando salía de casa para ir a trabajar; su hermana mayor le llamaría una vez más, esta vez jalándole las cobijas hasta asegurarse de que no volvería a cerrar los ojos. Ella, su nombre es Neli, observaría cómo María se arregla para ir a la preparatoria, mientras busca su uniforme y se prepara para ir al colegio, al final se miraría el rostro en el espejo para comprobar que nada ha cambiado en él.

Neli tenía 14 años y llevaba por lo menos 2 años en una depresión profunda, nunca había intentado dañarse, sin embargo hacía tres días no comía nada. A pesar de que su familia procuraba dedicar la hora de la comida a estar juntos, nadie lo había notado aún, su depresión empeoraba y una idea rondaba su mente hacía ya varios días.

A las 10:30am se dirigió a la oficina de la psicóloga. Neli era inteligente, una chica fuerte, había buscado siempre una solución a sus problemas y muchas veces la tuvo que encontrar sola a pesar de lo cual se mantenía, aparentemente, dentro del rol que su familia le exigía: excelentes calificaciones, eso nunca fue un problema; buena conducta, no fumaba, no tomaba, no iba a fiestas sin permiso, sus amigas eran personas de familia honrada, obedecía a sus padres, quizá en exceso, tratando de recuperar siempre el amor que creía no merecía o había perdido hace algún tiempo por alguna razón que todavía no alcanzaba a comprender. Se le veía siempre seria, callada, con la mirada melancólica, tratándose de refugiar en versos que luego escondía de la vista de su padre, versos que describían su dolor, soledad y falta de amor.

Toc, toc, toc

-Adelante

-Hola

-Pasa, siéntate, ¿cómo estás? Recuerdas en que nos quedamos la última sesión?

-Sí, sólo venía a decirle que ya no quiero seguir viniendo, gracias por su tiempo, pero ya no quiero continuar con las sesiones.

-Me quieres decir la razón?

-Sólo ya no quiero, es todo.

-Creo que es por lo que hablamos la última sesión, es normal que te sientas así, tocamos una fibra sensible, pero me decepcionas, siempre te he considerado una chica muy madura y fuerte capaz de afrontar cosas difíciles, no me parece que ahora quieras interrumpir las sesiones, pero es tu decisión, yo no puedo obligarte.

-Lo sé, y mi decisión es que ya no quiero seguir viéndola.
Maldita, cree que tiene todas las respuestas, ni siquiera me ha ayudado, cada vez me siento más sola en vez de sentirme mejor, además es una puta, coquetea con él y con los demás haciéndose la inocente, cree que soy estúpida y no me doy cuenta, ahora él esta enamorado de ella, de ella, la odio.

Salió de la oficina y recorrió las escaleras que conducían al patio, aún quedaban 15 minutos del receso, llegó al salón y de su mochila sacó un frasco de analgésicos, tenía que tomar una tableta cada 8 horas, pues un par de meses atrás una lesión en la rodilla la atormentaba con un intenso dolor que aún no cesaba a pesar de la rehabilitación. Pero ahora su dolor era otro, le sangraba el alma y quería apaciguar su herida. Ya nada le importaba.

Caminó hasta el final de la cancha de usos múltiples, abrió el frasco y tomo una tableta, la tragó mientras pensaba que en realidad a nadie le importaba lo que pasara con ella. Recordó que tenía meses descubriendo que su mamá los engañaba a todos de una manera cruel e indolente; reconocía que su vida era falsa, que se veía obligada a ser alguien que no era, que por más que intentaba satisfacer a sus padres estos la ignoraban enfrascados en sus problemas maritales. Vació un puño de pastillas en su mano y las tragó pensando que la única persona que quizá la hizo sentir amada durante un tiempo era un fraude, que todo fue un engaño, y que ahora era juzgada y humillada, degradada a un ser inferior en la familia porque el destino la enredó en una relación incestuosa que por alguna razón ella debió impedir, no entendía como podría haberlo hecho pero finalmente ella era la mala del cuento.

Quedaban tres tabletas en el frasco y las tomó llorando, el último pensamiento lo dedico a su hermano, un ser pequeñito que no alcanzaba el año de edad; lloró pensando en él, sabiendo que desde su nacimiento él era su fuerza, su alegría, su paz y que ya no lo vería más.

Neli no murió, para bien o para mal, no lo sé, esto sólo es un fragmento de su historia, pero es el parteaguas, su vida se divide en el antes y el después de este atentado contra si misma. Tal vez más adelante pueda contar su antes, sólo así comprenderían el después, por ahora sólo quiero dejarlos con este intro.

-Neli, por qué lo hiciste?

-Sólo quería que el dolor se fuera, sólo quiero que el dolor se vaya...

Un error

Desperté y me encontré de frente con tus ojos coquetos, con un giro rápido estabas sobre mí con esa mirada pícara y una mueca en tus labios que me indicaban que tu imaginación estaba nuevamente trabajando. De reojo vi la hora en el reloj de Mickey que tenías sobre el esquinero, las 7:00 am ¿quién demonios se despierta a las siete de la mañana cuando se durmió a las 4 de la madrugada? -¡No! Quiero seguir durmiendo…quítate de encima de mí- pensé y cerré los ojos.

Por la ventana, ubicada justo enfrente de la cama, se filtraba un leve destello de luz matutina. Permanecí con los ojos cerrados esperando que interpretaras el mensaje, pero en respuesta comenzaste a morder mi cuello. Estaba cansada y en verdad sólo quería seguir durmiendo. Comencé a pensar: ¿qué demonios había hecho?

Nos habíamos encontrado por casualidad una semana antes, tú paseabas a tu perro en la Alameda y yo…yo, sólo vagaba sin rumbo, con mis pensamientos y en compañía de mi mejor amiga: la soledad; distraída como siempre, no me di cuenta, ni siquiera te reconocí cuando te paraste justo enfrente de mí impidiéndome el paso, sólo me sentí molesta mientras tú me mirabas divertido.

-Ya no me recuerdas?- Preguntaste sonriendo.
-(mmm…esa voz…esos ojos…no, no podía ser cierto) Víctor? ¡Tanto tiempo sin verte! No has cambiado nada, te ves muy bien.

-Sí claro. ¿Entonces por qué no me reconociste?

-Voy algo distraída es todo. ¡Qué gusto verte! ¿Cómo estás? ¿Qué ha sido de ti?

-Pues…nada, bueno sí, pero… tienes prisa?

-No. Sólo salí a pasear un rato, no tengo algo específico que hacer.

-Excelente. Casi es hora de comer, acompáñame a mi casa, dejamos al perro y te invito a comer pizza. En el camino podemos ponernos al tanto de nuestras vidas, que dices?

-(pues no tengo nada que hacer, y realmente me da gusto encontrarlo, si tan solo viviera más cerca) mmm… ok, vamos.

Su casa quedaba como a 30 minutos de allí a paso normal. En el camino no hablamos de nuestro presente, inevitablemente las calles que pasábamos nos trajeron recuerdos y tú insistías hablando de nuestro pasado. Habíamos sido novios durante un año aproximadamente hace ya algún tiempo, nuestra relación nunca fue muy profunda, serio o formal, ambos nos la llevamos relax, sin emociones ni sentimientos tan intensos.

Siempre fuimos un tanto indiferentes el uno con el otro, aunque irónicamente, ambos muy celosos también. Nos divertíamos bastante. Siempre fui yo la que llevó las riendas de la relación, y ahora me lo recriminabas, en especial el que según tú te obligué a dejar el fút y dedicarte al básquet, lo cual no recuerdo con precisión, pero supongo que sí tuve algo que ver al respecto.

¡Cuánto me gustabas entonces! Y en ese momento, al encontrarnos de nuevo, me di cuenta que tu cuerpo aún me atraía y tu rostro seguía arrancando una sonrisa de mis labios. Al despedirnos con un abrazo percibí tu excitación y me sorprendí al darme cuenta que mi cuerpo reaccionaba a ella.
-¿Podemos vernos de nuevo otro día? Me encantaría intentarlo otra vez- me dijiste al oído sin dejar de abrazarme.

-Intentarlo otra vez?- pregunté apartándome de ti –Intentar qué cosa?

-Hablo de nosotros, de salir, de frecuentarnos, de ver la posibilidad de ser novios en serio, novios formales, no lo que fuimos un tiempo. Ambos hemos crecido, madurado y tú aún me gustas y sé que yo te gusto, puedo sentirlo; además, ambos estamos solos, sin otro compromiso ¿por qué no darnos esa oportunidad?

-Víctor yo, yo no lo sé. Entiende que hace poco terminó mi relación con alguien más y no, no estoy lista para otra, aún no. Y aunque tal vez sí me gustes no puedo ofrecer nada más, yo aún quiero a mi ex y no puedo aceptar lo que me pides, en este momento no busco una relación con nadie y menos una relación formal, si aceptara sólo te engañaría, estaría a media, sin comprometeré como quieres y eso es cruel e injusto para ti. Sólo mírate en un espejo, estás guapísimo¡ puedes andar con cualquier mujer que te propongas, yo no soy, al menos no ahora y por un tiempo, lo que buscas y necesitas.

-¿Cómo puedes decirme eso? ¿Cómo puedes tú saber lo que busco o necesito? Y si la verdad es que nunca deje de pensarte y si no me importa que lo sigas queriendo, si sólo me das una oportunidad, si sólo me dejas intentar enamorarte, como tú quieras, así como dices sin formalismos, sin compromiso. Sólo dime que sí, salgamos un tiempo y después decides, pero por favor no me cierres la puerta desde ahora.

-¿En verdad es lo que quieres? ...no, mi respuesta es no, lo siento, ya debo irme…

Me di la vuelta y me alejé veloz sin escuchar lo que me decías, sabía que un sí o un no era igual, de todos modos comenzarías a aparecerte por allí, que insistirías el tiempo suficiente o hasta que las vacaciones terminaran y yo regresara a mi vida foránea.

Y así, una semana más tarde, tu cuerpo desnudo estaba sobre el mío buscando repetir el cansancio de la noche anterior. Mientras tanto mi conciencia me envenenaba el alma y me sentía la mujer más vil del mundo.

-Debo irme

-¿Qué pasa? Anoche estabas muy distinta, creí que esto significaba que sí, que ya estabas lista, que sí querías una relación conmigo, dime qué pasa ahora

-Fue un error, esto no debió pasar. Cúlpame por todo si quieres, pero yo te lo advertí, dije que no podía quererte, no puedo quererte, no te quiero y esto sólo fue un momento de debilidad, anoche me sentí sola y encontré en tus brazos refugio, pero no te quiero. Ya no podemos vernos más, olvídate de mí, no quiero que me busques. Odio decirlo, sé que no sirve de nada, pero espero me perdones. Adiós.

-¿Entonces es todo? Soy un objeto, me usas, ya no te sirvo y me dejas, así de simple. Antes eras sensible, te importaban los demás, nunca hubieras herido a nadie de esta manera, ¿por qué lo haces?

-Sigo siendo la misma, por eso ya no debemos vernos, yo no tengo nada que ofrecerte, no quiero herirte más. Por favor entiéndelo y perdóname.

-Ya vete, sólo vete, déjame solo.

Me alejé sintiendo en mi pecho una fuerte opresión, y un vacío en mi interior iba creciendo convirtiéndose en un escalofrío que me recorría el cuerpo. Lo que menos quería era llegar a casa, así que me paralicé en la bocacalle sin saber que dirección tomar. Todo estaba solo, ni siquiera los habituales perros callejeros se veían en alguna esquina; el frío me quemaba la piel y todo mi cuerpo temblaba.

Comencé a caminar sin pensar a donde iba, no sé cuanto tiempo pasó, cuando tomé conciencia habia llegado a la central de autobuses, me quedé fuera viendo a los viajantes llegar, con la emoción perdida de quien sabe que aquél a quien espera nunca llegará…