Lo que dejo atrás

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jueves, 18 de diciembre de 2008

Del otro lado del auricular se escuchaba el sonido de la llamada entrante, me mirabas fijamente con tus grandes ojos, ansiosa, en espera de que comenzara a hablar.

-Bueno? Doctor? Soy Rosa.

-Si mijita, dime qué pasa?

-Doctor, lo que pasa es…bueno, es que volvió a pasar, no puedo caminar, creo que otra vez pasó, no sé qué debemos hacer, doctor?

-Vente inmediatamente, que tus padres te traigan, en cuanto llegues al consultorio márcame a mi celular, mientras, haré unas llamadas para preparar todo, no te preocupes mijita, todo va a estar bien, tranquila…no llores, todo saldrá bien.

-Si doctor, gracias.

Al colgar me abrazaste y comencé a llorar desconsoladamente, sí era cierto, todo volvía a comenzar. No acababa de entenderlo, ayer perfectamente había corrido, saltado, caminado y heme hoy aquí, postrada en una silla del comedor, sin poderme levantar.

Los recuerdos de aquella primera vez llegaban en pequeños flash a mi mente. Me imagine de nuevo en ese cuarto de hospital, escuchando el eterno vocear de médicos y enfermeras, con tubos y agujas por todos lados y me estremecí. Sin embargo traté de calmarme, sabía que mucho dependía de mí que todo fuera menos impactante en mi familia, tenía que ser fuerte, dejar de llorar, todos tenían que verme serena aunque temblara de miedo.

Me soltaste y te dispusiste a llamar a papá por teléfono, te veías tensa, pero lentamente tu rostro fue adquiriendo esa expresión característica de cuando tenías que tomar decisiones, de hermana mayor, de mamá que debe brindar seguridad a sus pequeños.

-Papá, soy Angela, tienes que venir a la casa, es Rosa, se ha puesto mal, su médico dijo que hay que llevarla al hospital….ok, sí, sí…ella está bien.
Colgaste y te dirigiste a mí. –quiere que le hable a mamá. Asentí con la cabeza y comenzaste a marcar a su celular. Pasaron diez minutos y ella ya estaba en casa, cinco minutos más tarde llegó papá; ninguno de los dos dijo palabra alguna, se limitaron a observarme y darte indicaciones a ti y a los más pequeños, como si yo estuviera ausente.

Jes me miraba inquieto, a sus cuatro años no comprendía lo que estaba pasando, sólo entendió que debían llevarme al médico, le explicaron que tal vez me quedaría unos días allá y que luego regresaría a casa. Bucita por su parte se comía las uñas y Tenhay observaba todo desde una esquina y anotaba las indicaciones en una libretita.

En cuestión de minutos todo estaba arreglado, Angela, mamá, papá y yo, viajaríamos a San Luis Potosí, los demás se quedaban en casa a esperar noticias. Como pudieron me bajaron al carro, las escaleras de caracol son un verdadero problema en estas situaciones, así que rodeamos y terminamos saliendo por la casa de la abuela.

En el camino todo era tensión, nadie hablo, no podía imaginar lo que pasaba por la mente de cada uno y eso me angustiaba más que saber que sería internada una vez más, en verdad no me causaba tanto miedo, estaba segura que sería aún más sencillo que la primera vez, pues ahora todo había sido a tiempo. No sabía que me esperaba un gran calvario.

Mamá iba seria, pero no como siempre estaba, ahora no se veía fría e indiferente, aunque permanecía en algún lugar recóndito de sí misma pues su mirada se enfocaba en el vacío. Papá manejaba rápidamente, concentrado sólo en la carretera. Cuando al fin llegamos, mientras mamá llamaba al doctor, me abrazaste, te acaricie el cabello y te dije que todo estaría bien, todo estaría bien. Pero algo en mi interior me decía que tal vez no sería así, que esta vez no sería tan fácil.

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-Qué pasa? Rosa, hija, qué te pasa? ¡¡No puede respirar, por favor alguien ayúdela, por favor¡¡

Una enfermera la aparta rápidamente, mientras un grupo de médicos y enfermeras se acercan.

-Qué ocurrió? Enfermera contésteme¡

-No sé, sólo le apliqué el medicamento, intravenoso como estaba indicado, debe ser una reacción…lo hice muy lento, en verdad, yo…

-Necesitamos oxígeno, rápido su tráquea se está cerrando. Una unidad de hidrocortisona, hay que hacer que respire.

-Señora por favor, necesitamos que nos deje trabajar.

-No, no me iré, los dejaré trabajar sólo déjenme ver, por favor, no estorbaré, me quedaré aquí sin moverme, por favor…

-Resucitador¡¡ la estamos perdiendo… a las tres, listo, uno, dos, tres…uno, dos, tres…uno, dos, tres… respira, su pulso es débil pero estará bien, hay que llevarla a un cuarto lo antes posible, manténgala vigilada y no le retiren el oxígeno. De quién es paciente?

-Del Dr. Mendoza, doctor.

-Maldita sea¡ manténganla bien vigilada, éste error nos costará caro, y Carlos exigirá explicaciones, no quiero un solo error más, oyeron?

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Cuando la vio salir por la puerta de urgencias, pálida, llorando, corrió a abrazarla y sintió cómo su cuerpo temblaba incontrolablemente. Un escalofrío lo recorrió, le temblaron las piernas, la voz se le cortó, un presentimiento le atravesó la piel. Se negó a pensar en lo peor y sólo espero que ella hablara.

-Que ocurrió, porque lloras, tranquila…ya dime.

Ella, sin dejar de temblar y aún con la voz cortada, lo miraba ausente, tratando de explicarle, pero sólo emitía frases entrecortadas, sin sentido.

-Está bien, ya todo está bien, trata de tranquilizarte, mírame, todo saldrá bien. Todo saldrá bien.

-Es que, ella… sentí que moría, la vi palidecer, se fue poniendo fría de todo el cuerpo, no respiraba, no respiraba…

-A donde la llevaron?

-Ya la subieron, sólo quería avisarte, quiero quedarme toda la noche con ella si estás de acuerdo. Mañana las visitas comienzan a la 1:00 p.m.

-Entonces…está muy mal?

-No lo sé, no me han dicho nada, ella sólo duerme, tendremos que esperar hasta mañana que venga el doctor. (De nuevo llora)

-Está bien, tú quédate, yo debo regresar a casa por dinero y a dejar a los niños, tal vez deba traer a Tenhay para que te supla, tú debes regresar a trabajar y yo también, habla con tu familia, tal vez por única ocasión quieran ayudar…

Se aleja rápidamente sin voltear. Alrededor todo es oscuridad, no se ve una sola lámpara en el estacionamiento del hospital. Hacía un frío helado, no había luna y el cielo estaba cubierto de nubes rojas. Elvira lo vio alejarse y se sintió aún más sola. Mientras avanzaba lentamente hacia la habitación de su hija su memoria le reprochaba lo que había tirado a la basura.

Por esas fechas hacía casi dos años, que ya no eran marido y mujer, y esta noche en particular lo sentía en lo profundo de su alma. ¿Por qué todo había acabado? Ella podía aún sentir sus brazos tibios, su amor, pero, ¿qué sentía ella hacia él? Lo amaba, pero sus errores los habían separado. Si tan solo él hubiera sido menos explosivo…y si ella no hubiera cambiado, pero ya no era tiempo de pensar en eso, ahora su hija yacía en una cama de hospital, unos instantes antes al borde de la muerte…

Cuando llegó a la puerta se detuvo, como dudando en entrar, volteo a ambas direcciones y se quedó observando el largo pasillo blanco, interminable, completamente vacío. Respiró profundo y entro, no encendió la luz. Rosa estaba allí, seguía dormida tal cual la había dejado. En el brazo derecho podía distinguirse la línea del suero que colgaba del techo, cada hora iba una enfermera a ajustar el goteo, agregar un medicamento o supervisar que la vena no se tapara, de lo contrario, inmediatamente cambiaba de brazo o vena, hasta que no hubo una sola vena lo suficientemente sana para canalizar.

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Primer día

-Buenos días mijita, cómo pasaste la noche? Mira te voy a presentar a estos doctores, ellos van a estar viniendo a examinarte todos los días eh, no te me vayas a asustar, todos son mis colegas, trabajamos en equipo. Ahorita te va a revisar este doctor que está junto a mí, es neurólogo, muy bueno, el mejor, quiero que cooperes con él y verás cómo todo lo solucionamos rápido.

-Hola hermosa

-Hola

-Cuántos años tienes? Mientras tanto pinchaba sus pies y piernas con una gran aguja, daba unos golpecitos para ver sus reflejos y luego pasaba al vientre haciendo lo mismo. A cada movimiento su expresión era menos alentadora, con miradas significativas hacia el Dr. Abud quien solamente observaba desde la base de la cama.

-18

-Eres muy joven y bonita. Muy bien he terminado, ves que sencillo, mañana vendré a visitarte de nuevo por la mañana, estás de acuerdo?

-No creo que tenga opción –pensé, después de todo me estaba convirtiendo en un conejillo de indias, según había escuchado por los internos, me estaban administrando una droga muy fuerte pero aún en investigación, esperaban que funcionara conmigo, me habían inscrito a un protocolo (¿protocolo?), sí, el objetivo era eliminar las células características del LES con anticuerpos de ratas o algo así. –sí, doctor –dije al fin con resignación.

Era mi primer día internada y ya estaba molesta. Dr. Hernández, Dr. Hernández, se le solicita en urgencias. Que por lo menos vocearan un doctor distinto cada hora¡¡ pero no, tenía que ser siempre el Dr. Hernández¡¡ ¿Acaso era el único doctor en el hospital? Me dolía la cabeza y me encontraba extrañamente cansada, los brazos me dolían y tenía todas las venas ponchadas, pareciera que llevaba una semana y no un día allí encerrada. Una pequeña manguera asomaba bajo mi bata y entonces recordé todo.

Comenzó cuando esa enfermera me inyecto un medicamento por la vena, de pronto dejé de sentir mis brazos y a no poder respirar, todo estaba muy borroso en mi memoria, luces, batas blancas, gritos, mi madre llorando y alguien empujándola hacia atrás. En un instante todas las luces se apagaron y ahora despertaba en este cuarto, llena de agujas y mangueras en todo el cuerpo.


-Dr. Guzmán, necesito que la lleve a una interconsulta con el oftalmólogo, prácticamente no tolera la luz; quiero análisis completos, en cuanto pueda quítele esa sonda que la está torturando y llévela a la clínica para una resonancia magnética.

-Sí doctor, alguna otra indicación en su medicamento?

-No, tenemos que esperar a ver cómo reacciona, el medicamente es demasiado agresivo, tal vez no lo tolere, se está debilitando muy rápido, manténgala en estricta observación y avíseme de cualquier cambio. Regresaré en la noche a pasar visita.

-Sí, doctor.


Escuchaba sus voces fuera del cuarto, más como murmullos, como tratando de guardar un secreto. Sí, yo también me daba cuenta que la luz me hería los ojos y que el espejo reflejaba un rostro fantasmal, ¡cómo se puede cambiar de la noche a la mañana!

-Mamá, no puedo tener un cuarto privado? No me gusta estar aquí.

-Lo sé gordita pero los doctores dicen que no hay más cuartos. En cuanto se desocupe un privado te cambiaran, mientras tienes que estar aquí.

El cuarto era grande, había otros dos pacientes en esa habitación, en la cama de enfrente una señora, también tratada para LES, gorda, de baja estatura y con una voz chillante; en la siguiente cama descansaba una anciana de muy mal genio, acababa de ser operada del corazón; y finalmente, la cama al lado de Rosa se encontraba vacía. Toda la escena era lamentable, Rosa observaba atentamente a las otras enfermas con sus familiares. La señora de enfrente comía gorditas que su hermana le llevaba de contrabando y la anciana discutía con su marido porque éste no sabía acomodar la cama a la altura que ella le pedía.

Mientras tanto, su madre se despedía con un beso prometiendo volver al día siguiente y Rosa veía entrar por la puerta a su padre, con una sonrisa forzada y la preocupación en la mirada; un libro en el brazo derecho y en el izquierdo un cuaderno, que de ese momento en adelante se convertiría en una especie de crónica acerca de la estancia de su hija en el hospital.


Segundo día

Avanzábamos rápidamente, al parecer alguien me empujaba sobre una silla de ruedas, cubrían mi rostro con una sábana y pude sentir las manos tibias de mi madre colocándome unas gafas sobre los ojos. Aún así, todo era demasiado brillante, jamás la luz del sol había sido tan blanca, todo era blanco intenso a mi alrededor, creía que no veía por esa luz tan intensa del día, quise saber quien me acompañaba pero nadie hablo y me sentía demasiado cansada para articular palabra.

-Rosa, ya llegamos, aquí hay unos doctores que van a revisar tus ojos, ya puedes quitarte las gafas. Ellos te ayudarán, no te preocupes, no es necesario que te muevas, te revisaran en la silla.

Me quito torpemente los lentes que me cubrían de la luz y mi sorpresa es que todo sigue siendo blanco, no hay nada más que luz, no hay rostros, no hay objetos, me doy cuenta entonces de la gravedad del asunto: estoy ciega, cómo es que ocurrió?

-Bien, Rosa, soy el doctor Román, puedes verme?
-No

-Está bien, quiero que te quedes como estás, no te muevas voy a revisar tus ojos, colocaré un instrumento delante de ti y moveré tu cabeza para poner tu barbilla sobre él, tú solo mantén tus ojos abiertos, será muy rápido.

-Aja, doctor, por qué no puedo ver?

-Es lo que vamos a investigar ahora. Quieta. Muy bien, ya está. Ya está, bien, ahora puedes regresar a tu cuarto.

-No me va a decir qué pasa con mis ojos?

-Lo que les pasa a tus ojos es reversible, recuperarás la vista en cuanto se detenga la activación del LES. Lo que ocurre ahora es que tu retina se está desprendiendo, por eso ves únicamente luz blanca, pero todo eso sanará en cuanto los medicamentos actúen.

-Gracias doctor. Es todo?

-Sí, Rosa, es todo.


Alguien vuelve a colocar las gafas en mi rostro y a cubrirme con la sábana, deja su mano sobre mi hombro y yo la tomo pensando que es mi madre, pero se sienten diferentes, más regordetas y menos tibias.

-Es tu tía Nena, vino a cuidarte.

-Hola tía, no puedo verte. –escucho sus sollozos mientras aprieta mi hombro. Sí, yo también quiero llorar, pero ya es suficiente con el sufrimiento de ellos.

-No te preocupes mi niña, aquí estoy aunque no me veas.

Tercer día

-Papá eres tú, ya llegaste? Te estaba esperando.

-Hola hija, cómo supiste, me viste, ya puedes ver?

-No papá, sólo te sentí. Quiero que me leas, por favor, traes mi libro de Taylor Cadlwell? No lo he terminado de leer, puedes leerme por favor?

-Sí mi niña, sí lo traigo, supuse que querrías continuar con tu lectura. No te preocupes yo te leeré todos los días. Te quiero corazón, dime cómo estás hoy?

-Cansada papi, muy cansada, crees que pronto pueda regresar a casa? Ya no aguanto más.

-Tienes que ser fuerte hermosa, nosotros estamos contigo diario, no te desesperes, hay que tener paciencia.

-Sí papá, no ha venido mi doctor, ayer tampoco regresó en la noche.

-Vino en la mañana pero estabas dormida, hablo con nosotros. Debes descansar mucho, te leeré para que duermas.

-De acuerdo.

Día 4

-Dr. Hernández se le solicita en quirófano, Dr. Hernández, favor de presentarse en quirófano.

Después de una semana

-Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, ya no tiene sentido mantenerla en el hospital en vez de seguir mejorando puede adquirir alguna infección, recuerden que Rosa se encuentra inmunodeprimida y cualquier infección por simple que sea puede empeorar su estado. Todo el equipo de médicos estamos de acuerdo en que debemos darla de alta, ella estará más tranquila en su casa, con su familia; nosotros ya no podemos hacer más.

Ha respondido adversamente al tratamiento, no podemos hacer más, le tratamos con lo más potente y nuevo en el campo y aún así no respondió como esperábamos. Deben tratar de entender que su futuro es incierto, no sabemos cómo seguirá evolucionando, puede recuperar la capacidad de caminar de igual manera que ha recupera la vista, sin embargo no queremos darles falsas esperanzas. Es la segunda vez que le ocurre esto a Rosa y se ha muerto gran parte de su médula espinal, los impulsos nerviosos ya no llegan a sus piernas por ello no puede responder a la orden que envía su cerebro.

-Quiere decir que nunca volverá a caminar?

-No podemos asegurarlo. Como le digo desconocemos la evolución que Rosa vaya a tener. Por sus condiciones llegamos a pensar que no recuperaría la vista y pasó lo contrario, puede ocurrir lo mismo con su movilidad y sensibilidad en piernas. No obstante, y aunque así ocurriera, es nuestra obligación informarles que su riñón se encuentra muy deteriorado y presenta graves afecciones de hígado y corazón.

-Va a morir?

-Su estado es muy débil. No lo sabemos, pero lo mejor desde nuestro punto de vista es que regrese a su hogar y le brinden ustedes todos los cuidados y cariño que necesita, ella estará mucho mejor en casa.

De vuelta a casa

El viaje fue terriblemente cansado, aunque me dieron de alta desde las 9 de la mañana, no fue hasta las 8 de la noche que salimos del hospital. Recuerdo no sentir mi cuerpo, cada día era como ir perdiendo un pedacito de ti, sin embargo estaba completa, no me faltaba nada. Me sacaron en silla de ruedas, hacía un frío helado y la noche era muy oscura, sin luna solo con unas cuantas estrellas en lo alto.

Ya en el carro intentaron acomodar el asiento lo más acostado que se podía, mi espalda no toleraba sin embargo, el leve ajetreo del viaje, con todo y sedantes sentía que mi cuerpo se desmembraba.

Al fin en casa me recibieron mis hermanas y hermano, me esperaban en la entrada muy contentos, pero me encontraba tan cansada que apenas pude sonreir al verlos escurriéndome algunas gotas saladas por las mejillas. Algo había en el ambiente diferente, una sensación extraña que me susurraba que sería mi última noche en casa, con mi familia y no pude evitar sentir miedo.

Los miré a todos, tratando de guardar esos rostros en mi memoria, tratando de grabar su mirada en mi corazón. Siempre me gustó escribir, y ahora no podía, nunca fui buena hablando de mí y esa no era la excepción así que no pude decirles nada, no pude despedirme aún sabiendo que partiría muy pronto.

Allí estaban todos, me subieron al cuarto y se quedaron hasta que me dormí. Seguí soñando con cada uno: Angela con sus grandes ojos oscuros me arropaba cariñosamente, percibí el olor de su pelo mientras lo hacía; mis padres se comunicaban con miradas entre ellos, los veía tomarse de la mano como un signo de perdón, de reconciliación. Jes, mi pequeño bebé, mi fuerza más grande, mi alegría, mi más fuerte razón para vivir me preguntaba al oído si me dolía algo al tiempo que acariciaba mi rostro y yo lo abrazaba fuertemente. Bu y Tenhay permanecían distantes, incapaces de mostrar lo que pasaba por su mente. Y yo poco a poco entraba en un sueño cada vez más profundo, del que ya no despertaría al día siguiente.











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Reboto de un lugar a otro,

Tropiezo una y otra vez, resbalo y lentamente me levanto,

Avanzo y retrocedo casi a un mismo tiempo,

Suelo sujetarme de elementos fugaces, fantasmas…

Ando por aquí y por allá

Pero en ningún lugar permanezco, nunca hecho raíz,

Siembro pero nunca cosecho…

Mi vida es un circo,

Entran y salen de escena personajes,

Los espectadores cambian continuamente, nadie persevera

Nadie se queda lo suficiente.

Reparto trocitos de mi corazón pero nunca lo entrego por completo,

Soy apasionada, pero en cuanto tocan el umbral de lo profundo me alejo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

16

La vida es muy curiosa, se encarga de hacernos travesuras muy a su manera. Hay fechas que siempre tenemos presentes, por motivos personales o costumbres sociales, el 12 de diciembre por ejemplo o el día de la independencia de México -¿cuándo es?

Para mí, la fecha que hoy me marca es el 16. De qué mes, no importa. Un 16 me enamoré, un 16 me despedí, un 16 dije un sí, un 16 me abandonaron, un 16 me entregué…un 16 cualquiera cambio el rumbo de mi vida 360º y sigue girando sin la menor intención de detenerse.

Por eso declaro el 16 el día de Amanecer, de reinventar, de caer para volver a levantarse, de nacer y morir…

...

Sí, sí, es cierto, todo mundo sabe que es cierto. En cambio tú y yo lo ignoramos.
Que se tapen las estrellas, que no salga la luna y que la noche permanezca oscura,
que la bruma siga cegándonos, de todos modos nada cambia, la realidad es una
por más nefasta, absurda, insabora que parezca.

De nada vale hacernos sordos, de nada vale cerrar puertas y ventanas...

martes, 9 de diciembre de 2008

Perdón, pero te extraño, me siento incapaz de cumplir mi promesa, me siento débil y al mismo tiempo con la plena decisión de no buscarte más. Pero te extraño, hoy he sentido tanto deseo de hablarte, de estar juntos, he vagado por la escuela sin tener nada que hacer, sólo esperando verte, he ahogado mil suspiros y atado mis brazos con tal de que no se cuelguen de tu cintura.

Te extraño, me dueles, estoy triste. Quiero verte y contarte cómo me siento, quiero platicarte que cada día te quiero más, que dormida me abrazo a tu cuerpo o paseamos de la mano por las calles.

Quiero decirte que me hago la fuerte sonriendo, que ver a mis amigos ya no me llena, que nada tiene sentido, que ya no siento placer por la cosas simples que hacía antes, lo que más me llenaba ahora es nada, la vida me es indiferente.

Alguna solución debo encontrar, el tiempo no me ha sido muy útil nunca y en este caso no será diferente; y no quiero sacar un clavo con otro clavo, que sería lo más sencillo y rápido, lo que tengo a la mano, pero no quiero, porque sé que aunque así lo hiciera aún estando con él estaría pensando en ti, y que en mis sueños seguirías tú.

Quizá quiera sacarte de mi corazón, pero no puedo, no te lo mereces, no has hecho nada para ganártelo, yo te lo regalé así, lo puse en tus manos y tu lo desechaste, lo estrujaste y lo tiraste al suelo, y creo que ya no lo quiero levantar…

Así que cada noche o a veces entre cada mirada, una lágrima escapa de mis ojos, ahogo un suspiro, bajo la mirada y un segundo después una sonrisa ilumina mi rostro.

domingo, 7 de diciembre de 2008

-Lo curioso es que no me siento triste.

-Entonces cómo estas?

-No sé, sólo estoy, sigo aquí, estoy en automático, creo que ya no siento, o si siento, no sé que es. Es un misterio…

-No te entiendo.

-Lo sé, no busco que me entiendas, de nada sirve de todos modos, cualquier cosa que hagas será nada.

-Entonces?

-Nada. Hubo un tiempo en que conocí a un hombre, mucho mayor que yo, con experiencia, yo era sólo una chiquilla, no recuerdo si tenía 17 años. En ese entonces mis padres se estaban separando y yo estaba en crisis, me pesaba ser intermediaria entre ellos y siempre se busca un alivio a los problemas, en cualquier cosa, ese es el problema, se busca la salida que tengas más a la mano. Y él estaba allí, a la mano…

-¿Era casado? Cuéntame la historia, quiero saber.

-Tenía (más bien tiene) pareja, una familia, o mejor dicho dos, pues era divorciado, con hijos de dos mujeres. ¿En verdad quieres conocer la historia? Tu curiosidad siempre ha sido muy grande, por eso nos conocimos. No quiero contarte, muchas veces no quiero contarte, dime cómo haces para que al final termine contándote, quizá la verdad sea que si quiero contarte.

-Si no me quieres contar es porque pasó algo con ese hombre, no? Y seguramente te avergüenza, quizá te involucraste, tuviste una aventura, ¿no te enamoraste verdad? Dime que no.

-Por eso siempre termino diciéndote, haces demasiadas inferencias, tu mente es muy volátil. No, no me enamoré, como te lo dije, era un escape.

Mi historia es muy simple, conoces, creo, espero que sí, pero no estoy muy segura, en fin, siempre he sentido un impulso sexual más fuerte que la mayoría de las chicas de mi edad, hasta hoy sólo conozco otra igual, también la conoces tú, pero ese no es el punto.

Te decía, él tendría entonces unos 40 años, pero seguía siendo muy atractivo, alto, fuerte, musculoso, sensual, coqueto; y yo, inquieta… no recuerdo como comenzó, supongo que nuestros cuerpos enviaron las señales correctas y se identificaron, se buscaron hasta encontrarse.

No me veas así, no tuve relaciones sexuales con él, fueron solo algunos fajes, leves, pero la historia importa por lo que no pasó. Hubo un viaje, al cual iríamos los dos, yo tendría un cuarto para mí sola, era la gran oportunidad, un viaje académico, todo estaría justificado.

Y hubo otras oportunidades, constantemente viajaba con él, por la escuela, pero en ese tiempo tuve la fuerza para alejarme, para darme cuenta de lo que estaba haciendo. Era una estupidez, te das cuenta?

-Sí, tus padres habían terminado por una infidelidad, y tú, estabas enrolándote en una relación de tres, te estabas metiendo en la familia de alguien, haciendo lo que le habían hecho a tu familia, hacías lo mismo que te tenía sufriendo.

-Sí. Sabes cómo pude alejarme? Caminé por la calle en donde vivía, vi a sus hijos, vi a su mujer, vi la alegría en los ojos de sus pequeñas hijas y me dije a mí misma que yo no quería ser responsable por una sola mirada triste de alguna de ellas. Y me alejé, hice todo lo que tenía que hacer para no verlo, y ahora me siento muy bien, estoy orgullosa de haberlo logrado, incluso ahora lo veo y lo saludo feliz, porque sé que todo estuvo bien.

Quiero poder mirarte después de muchos años y sentirme igual. ¿Quieres ayudarme? Háblame de ella, dime cuánto la quieres, ella tiene algo a su favor que hará que no me acerque siquiera con la imaginación, saldrás incluso de mis sueños, sabes qué es?

-No, dime.

-Quizá no deba escribir su nombre, pero es pequeña y creció en sus entrañas... sí, ella es su ventaja, por ella, sólo por ella yo me voy.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Amor, mátame¡

Mátame, amor, mátame te lo ruego,
Dispárame, mátame de un tiro en la cabeza,
Córtame las venas y déjame desangrar;
Amor, mátame te lo ruego.

Que ya no pueden mis ojos verte más,
Que tu sonrisa se ha convertido en un martirio,
Que tus manos me queman la piel,
Que tus labios succionan mi alma.

Amor, mátame te lo ruego,
Que mis ojos se han quedado secos,
Que me desangro por dentro,
Que verte a su lado es peor que tu ausencia.

Amor, mátame te lo ruego, pues yo no tengo el valor,
Por favor acaba ya con mi tormento,
Llévate mi vida, arranca mi corazón;
Parte mi cuerpo en pedacitos y espárcelos,
Tal vez así el dolor inmenso que me invade
Se disuelva en el aire y no vuelva jamás.

viernes, 5 de diciembre de 2008

La cajita de cristal


Quiero contar una historia, no es una historia alegre, pero vale la pena ser contada. Se trata de una niña, una niña alegre, juguetona, traviesa, afectuosa, que a sus 35 años sigue siendo niña, sigue divirtiéndole hacer bromas a las personas, jugar con los niños pequeños, hacer travesuras con ellos, patear la basura por las aceras, sigue carcajeándose por cosas simples y tontas…en verdad es una niña.

Quien conoce su historia le parece completamente increíble verla actuar tan infantil en momentos y tan serena ante los problemas. No siempre tiene soluciones pero sí, siempre las busca. Todos los amigos que tiene son tan distintos entre sí, algunos incluso opuestos, y las personas que más ama siempre son las más conflictivas.

Suele olvidarse continuamente de frecuentar a sus amigos, pero en el momento menos esperado o más necesitado aparece ante ellos, siempre dispuesta a apoyar, ayudar o resolver si es necesario.

La historia que relataré comienza en la secundaria; tengo que aclarar que Azucena siempre fue muy enamoradiza, se podría decir que vivía enamorada del amor, podía no existir ningún chico que le gustara pero siempre estaba escribiendo poemas y suspirando, con la vista perdida en el espacio.

Fue en la secundaria cuando su vida dio un giro, decidió (debido a una gran decepción ¿amorosa?) que ya nadie más la dañaría nunca, y tomó una cajita de cristal, le hizo un diminuto candado, se arrancó el corazón y lo encerró en la cajita. Nadie más, nunca más –fue lo que dijo y cayó al suelo desplomada.

El relato de cómo sobrevivió se encuentra más allá de toda comprensión, sin embargo, baste decirles que camina con el corazón encerrado en una cajita de cristal. Dicen que un ser divino llegó esa tarde, devolviéndole la vida a su corazón inerte, regresándola al mundo, pero claro había una condición: a partir de ese momento nadie podría amarla nunca, todo aquél que llegara a enamorarse de ella se alejaría al paso de tres meses, y ella permanecería sola el resto de su vida.

Azucena no recuerda haber aceptado la condición del ser divino, sin embargo, en un instante despertó tirada en el piso y al no ver su cajita de cristal, y ninguna herida en su cuerpo pensó que todo había sido un sueño o que quizá se había desmayado y tenido una alucinación.

Pasaron los días, los meses, todo era normal, hasta el día de su graduación. En la fiesta conoció a un chico muy apuesto, 18 años de edad, porte elegante y altivo, alto, esbelto, de unos hermosos ojos negros, grandes, con la mirada más tierna que jamás hubiera visto antes. Inmediatamente quedó cautivada por esa mirada, por suerte (quizá) era primo de una de sus amigas, así que le pidió que se lo presentara.

Víctor, ese era su nombre. Se fueron conociendo al paso del tiempo, él se enamoró y ella también, pasaron tres meses y él se fue, sin un adiós, sin nada, sólo desapareció de su vida para siempre. Entonces Azucena comenzó a pensar si en realidad, el extraño evento de hace algunos meses había ocurrido, que tal vez no sólo se había desmayado…

Así transcurrieron los años y todos los hombres que habían pasado por su vida se alejaban al paso de tres meses, ni un día más, ni un día menos. Se fue acostumbrando a no amar nunca a nadie, pasaba de unos brazos a otros siempre pensando que a los tres meses todo se acabaría y buscaría alguien más, ocurrió que ya no esperaba que se fueran, ella era la que se alejaba siempre una noche antes del último día, los visitaba en su casa, dormía en su cama y por la madrugada, cuando ellos aún dormían, se levantaba de puntitas, sin voltear atrás y se alejaba, cambiaba de residencia, de rostro, de nombre.

Hoy tiene 35 años, y sigue creciendo la lista de hombres que han pasado por su vida. Aprendió a vivir así, a no aferrarse a nada, a ser efímera, a no esperar amor de ninguno, a que nadie se quede, recorre ciudades tratando de no permanecer en ninguna, ni siquiera sus amigos saben ya su nombre real.

Su corazón ha quedado encerrado en una cajita de cristal.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Tus sabores

Conocí a un hombre de chocolate, sí de chocolate; sus besos empalagan, se derriten en mi boca, huele a dulce y sabe dulce. Pero no es un chocolate cualquiera, es una especie extraña de chocolate, entre un sabor amargo y a tequila, puedes querer devorarlo en un bocado o degustarlo lentamente, te empalaga, te amarga, te endulza y te emborracha...es adictivo.
Se convierte en uno de esos placeres que buscas tratando de no volver a encontrar...

lunes, 1 de diciembre de 2008

y tú, que ves en el espejo?

Es extraño sentir que lentamente se te escapa la vida por no poder dormir, a un mismo tiempo te olvidas de comer, luego dejas de sentir placer y finalmente te percatas de que estas muriendo…

Mi cuerpo se iba agotando día a día, a pesar de perder toda su energía durante las actividades diurnas se negaba al necesario descanso nocturno, en vez de eso, mi mente comenzaba a trabajar aceleradamente, no supe si fueron las pastillas suspendidas, en un principio llegué a pensar que era el síndrome de abstinencia, pero conforme pasaron los meses me percaté que era algo más allá de mi entendimiento.

Luego comencé a automatizar todos mis movimientos, mis actividades, mis palabras; mi mente se apagaba durante el día y para mi desgracia se activaba al llegar la noche, así, no podía dormir, no descansaba nunca, cuando debía dormir escribía, leía, pensaba…mi mente volaba a lugares recónditos, inimaginables, sin percatarse siquiera que la almohada la llamaba, que la oscuridad acurrucaba su cuerpo.

Por tanto mi apariencia degeneró notablemente a una velocidad impresionante, todos lo veían menos yo, no me percaté del sombrío rostro que reflejaba el espejo, no percibí que mis brazos eran cada vez más huesudos, que mis ojos se habían convertido en dos zancas profundas y oscuras, sin expresión siquiera, vacíos…

Tampoco me di cuenta de los repentinos hematomas que cubrían mis piernas, que mi piel ya no era tersa y había perdido todo su brillo, que la vida se me evaporaba de entre los poros.

Fue una noche fría y más oscura de lo habitual, una noche sin luna y sin estrellas; el viento soplaba suavemente, murmurando en los oídos leves lamentos, un llanto sutil… me percaté de su presencia mientras intentaba dormir, lo vi como una sombra, un destello de luz que reflejó el espejo de mi habitación, lo miré fijamente buscando sus ojos y entonces me di cuenta, estaba sentado en el último rincón de la habitación, con la mirada perdida, completamente desnudo, su piel era pálida, casi transparente y no tenía carne, era solo huesos con piel; su cabello estaba seco y se notaban grandes huecos calvos en su cabeza.

Me aterroricé, ¿cuánto tiempo llevaría allí sin que yo me hubiera percatado? Su sonrisa me paralizo, giró su cabeza hasta encontrarse con mis ojos asustados, y entonces dijo: -¿por qué te sorprende tanto tu reflejo?