Lo que dejo atrás

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martes, 29 de diciembre de 2015

Bicicleta



Me gusta ser bicicleta, ¿te preguntas por qué?
No hay nada como el aire que cruza al través de mis rayos,
queriendo romperme siempre,
pero soy yo la que lo atraviesa.

Me gusta ser bicicleta porque no puedo imaginar mayor libertad
que la que siento una vez que mis pedales se ponen en acción,
y no importa quién haga girar mis ruedas,
si es hombre o mujer, disfrutará conmigo el mejor viaje,
Imaginará volar con el roce del viento sobre su rostro.

Esa persona podrá incluso manejar sin brazos,
Sin temor a perder el equilibrio,
mi naturaleza permite incluso que quien se atreva a viajar conmigo
Lleve los brazos abiertos y los ojos cerrados,
Y seguirá sonriendo, al saberse seguro y libre, siempre libre.

Más si yo no fuera bicicleta, ¿quién querría viajar conmigo?
¿A dónde se irían las sonrisas, los gritos, la alegría?
¿Y la libertad? Qué sería de ella, qué sería de mí…


sábado, 10 de octubre de 2015

Ya no escribiré al viento…para que guarde mi silencio


¿Quién diría que el viento escucharía y te traería cerca de mí? Hace unos meses no cabía siquiera la posibilidad de que nuestras miradas se cruzaran en una dimensión distinta de aquél soñante ante una fotografía, cuán tan grande imaginas mi sorpresa de tenerte ahora durmiendo en el cuarto contiguo; pero mis alegrías son siempre  matizadas de un tono gris nostálgico, de otra forma su sabor dulzón me daría náuseas.

Pago la coincidencia de tu mirada con la desazón de escuchar tus risas bajo la ventana, causadas por aquella a la que no sólo desnudas tus labios sino también tu alma, y estando así tan cerca me eres cada vez más ausente, más lejana, más ajena.

En las noches te sigo soñando, a veces te arreglas en mi cuarto mientras yo sigo dormida, otras te voy desnudando despacio deteniéndome embelesada en tu vientre y tus caderas, donde paseo mi aliento con esa avidez de devorarte para ver si dentro ya no te me escapas.







Mi luna de día, ya no te me escondas más,
mis pies descalzos van dejando trozos de piel
sobre el pavimento al correr siempre a tu lado, al frente y detrás;
ya no sé si el horizonte está en el asfalto…

mis ojos en tus suelas o mi vida –en tus manos.





viernes, 24 de abril de 2015

Volar, como tú.



Estoy sentada pensando historias, antiguas, presentes y ficticias, mi cabeza se revuelve entre tantas letras no plasmadas aún. Me disperso luego entre cuadernos, dibujos, hojas sueltas y claro, un segundo para enviar un mensaje, otro más para cambiar la música, cinco para pensar que me urge orinar y no pienso levantarme de esta banca, que además es súper incómoda y ya me dolió el trasero. Así, los segundos perdidos se vuelven paulatinamente (sumamente irreal) horas, días, semanas, meses perdidos entre marañas de historias inconclusas.

En las noches sueño, platico con mis historias y me preguntan ¿cuándo?, mis hombros pegados a la cabeza, mis dedos artríticos parecen de piedra; un gran pesimismo en la espalda les grita ¡nunca! Porque parece que soy incapaz de seguir el hilo de una historia por mucho tiempo, o quizá los finales sean el problema, quizá en las letras como en la vida, me sea imposible ‘concluir un cuento’.

¿Qué pasará si después se me siguen presentando en sueños historias de una historia ya acabada? ¿Qué pasará con la mujer erotómana, con la depresiva o con la loca? ¿Qué será de sus vidas si la historia acaba? ¿A quién le contarán sus dramas, a quién le provocaran un orgasmo o repulsión por sus relatos grotescos y excitantes? Pues los personajes, aunque pocos, viven cada uno en su historia, dialogan conmigo, se burlan irónicos de mi pesar al no poder crearles compañía, ¡cómo si la necesitáramos! Dicen. Para luego en un arranque de algo, me reclamen la poca atención que les pongo, me griten que no me importa su vida, su historia, su drama; que pasan meses y no me doy una vuelta por sus hojas y cuando lo hago, muy de vez en vez les agregó algo de voz a sus personajes mudos.

El asunto se complica cuando reviso otros textos, muchos sólo son fragmentos de algo más grande, que se han quedado, ante mi descuido y abandono, como relatos aislados; y la idea de un compendio vuelve a mí, una antología de ese montón de relatos sueltos, más el temor de unirlos me detiene, pues sé, que cuando los vaya juntando saldrá, o mejor dicho, gritará desde lo oculto, esa historia detrás, como un rompecabezas al que le siguen faltando piezas pero que sabes exactamente cuáles y dónde van. Ya no sería una antología, sino un pedazo de algo, tan triste y absurda historia inconclusa.

Y me voy pasando las horas, dejando un texto por continuar abierto en la ventana de Word, mientras releo un par de textos más, para caer ‘siempre’ a esos cuentos tuyos, los que sí tienen un final, los que sí pudieron ser antología, los que sí tienen más de un personaje y no se sienten solos aunque su historia haya concluido; reviso, releo, recuerdo y vuelvo a sentir, cada letra plasmada, cada punto, cada coma. Me entristezco luego, porque tal parece que yo no puedo volar, como tú, y tu estándar me parece cada vez más alto, más lejos, aunque dicen que estoy cerca.


Me atormento el sueño porque mis personajes monótonos y vacíos me reclaman, me exigen, me premian con historias inmerecidas que se quedan en la almohada mojada del sudor que la desesperación nocturna me provoca. Dime, ángel mío, ¿cómo puedo hacer para terminar este martirio? ¿En qué momento de este ordenado caos puedo agarrar el hilo que une un relato con otro? ¿Bajo qué espantoso estado de ánimo debo caer para que las voces puedan al fin oírse? Dame tu mano, mi ángel, escribe con ella la historia, préstame tus alas y enséñame el mundo desde lo alto, muéstrame cómo todo se hace pequeño y quizá así, pueda tener el coraje y, las letras mudas, voz.


miércoles, 22 de abril de 2015

Un abrazo de miércoles


Si la magia del miércoles trascendiera más allá del extraño entusiasmo por ser mitad de semana, 
si las burbujas flotantes del ambiente fresco de esta mañana envolvieran de brisa mis sueños, 
¿qué pediría?

Si esos minutos que parecen avanzar y retroceder al unísono –sólo en miércoles- 
tuvieran el poder de traer, volverme y regresar; 
si esta magia de miércoles llenara de sangre un par de corazones muertos 
y bombeándola despacito hacia sus brazos, en una caricia la convirtieran, 
¿de quién sería?

Si el azul del cielo, que sólo en miércoles parece traslúcido, 
permitiera no sólo imaginar, sino dejarnos ver, 
una sonrisa, unos pasitos correlones, una mano que se extiende; 
unos ojos que del otro lado miran hacia abajo, 
¿qué mirada nos regalarían?


Pero si todo eso, para el mágico miércoles es imposible, 
no pediré mucho entonces, tan sólo un abrazo…
de un padre a su hija pequeña, de un amor que desde el cielo me observa, 
de unos pasitos correlones que sonrientes desde el cielo corren hacia mí, 
un abrazo, en resumen, un abrazo de miércoles.

martes, 3 de marzo de 2015

Nadie me enseñó a coser muñecas rotas



Años atrás, cuando era pequeña, pensaba que siempre había en casa una cura para cualquier herida, si caía y me raspaba las rodillas mi madre me ponía mertiolate y me besaba en la mejilla, si mamá no estaba, entonces mi padre me untaba un poco de sabia de sábila, o si el problema era una cortada, mi abuela me ponía algo de hierba de siempre viva…ésta última ejercía una magia peculiar en mí, quizá era el nombre “siempre viva”, jamás me faltaría.

Fui creciendo –como es normal- pero contrario a lo que pensaba, las heridas se fueron acumulando y cada vez había menos medicina que las curara, la “siempre viva” comenzó a secarse, mamá estaba presente con menos frecuencia y papá ya sólo me recordaba que ya sabía cómo curarme con sábila…ciertamente lo sabía, cuando de cortadas en la piel se trataba, pero, ¿qué debía hacer con las pequeñas fisuras que empezaban a invadir mi interior? Nadie parecía notarlo, nadie se percataba de que por dentro estaba rota.

Luego comencé a arrancarle la cabeza a cada una de las muñecas que encontraba en casa, cuando podía, les quitaba también brazos y piernas, no obstante, el tronco me aterrorizaba y volvía a armar a la pobre muñeca con la mayor dedicación posible, incluso, gracias a la culpa de haberla destrozado primero, las peinaba y les arreglaba el rostro. Sin embargo al terminar de unirles el cuerpo, vestirlas y “ponerlas bonitas”, su falsa sonrisa, como si jamás hubiesen sido heridas, me devolvía una imagen íntima tan terrible que prefería arrojarlas al techo y no volver a saber nada de ellas.

El tiempo siguió su curso, dentro de mi preparación como mujercita recibí clases de mecanografía, taquigrafía, baile, cocina, organización del hogar, lectura y redacción, corte y confección –de ropa- pero nadie me enseñó a coser muñecas rotas, y absolutamente nadie me dijo, que la mayoría de ellas son de carne y hueso. Aprendí, por supuesto, a andar por el mundo descocida, con los brazos fracturados y las piernas endebles, con zapatos de tacón, maquillaje en el rostro y, no puede faltar, una gran sonrisa en el rostro, como si nunca hubiera sido herida.


martes, 24 de febrero de 2015

Reencuentro

Será que con los años me he hecho inmune a casi todos los pecados...


La tarde se interrumpió con una llamada inesperada, un número que prefirió mantener su anonimato en la lista de contactos del celular, irrumpió descaradamente, primero en la pantalla centelleante, luego, ante la memoria de una voz que todavía hoy, tiene el poder de cambiar el tono de la mía.

No se dijo mucho, tan solo un titubeo, un “no...sí, ¿a qué hora? Ok.” La ansiedad pasó, desde el momento de cortar la llamada, de la garganta al estómago y luego se convirtió en un calambrito un poco más abajo, las piernas cruzadas que se apretaban inquietas al sentir el comienzo de un calor interno, me recordaron que mi excitación tendría que aguardar tres horas más para ser saciada.

Hubo poco tiempo, como era de esperar. Sin embargo, el frenesí del primer beso desató las cadenas del reloj, esta vez parecía que el cuerpo pedía una película completa y no ya, como antes, la escena final, no en la que los amantes reposan desnudos y abrazados debajo de sábanas de seda, no, la verdadera escena final, aquella donde cada uno se viste de prisa sin hablar.

Mi sexo estaba húmedo desde que me dirigía en el auto al punto de encuentro, esta vez mi corazón latía despacio y no me temblaba ni la voz ni el cuerpo, no había nerviosismo, sólo determinación, podría haber tenido un orgasmo apenas con el roce de tu mano sobre mi cuello.


Tuve tres orgasmos, uno de camino, otro al verte y otro al despedirte, y nos mentimos de nuevo, aunque esta vez fingimos mejor.


sábado, 14 de febrero de 2015

Aludida


No he podido evitar sentirme incómoda ante la inconmensurable respuesta de todo el mundo, pero en particular de los que creo cercanos a mí, en relación al libro y posterior puesta en escena de 50 sombras de Grey. Particularmente no leí el libro, ni me ha llamado la atención hacerlo, a pesar de ser una asidua lectora de literatura en general; no obstante, cuando la película se estrenó el jueves pasado, las invitaciones comenzaron a aparecer y finalmente decidí acompañar a una amiga a verla.

Me parece interesante el repudio con que algunos grupos sociales la recibieron, la expectativa estúpida de muchas féminas que se aferran a creer en el amor romántico consecuente a un encuentro sexual, parece ser que todo el mundo tiene una postura muy firme, en especial aquellos  que se encuentran en un extremo o en otro de la villa sexual del señor dios.

Siento una mezcla de enojo y miedo, como si me viera obligada a arremeter y arrinconarme al mismo tiempo, porque finalmente ¿qué defendería o qué castigaría? Me parece que en cualquier caso es escupir hacia arriba.

La película no es realidad ni ficción, fue la respuesta al número de ventas del libro de E. L. James, ¿Quiénes leyeron este libro? ¿Por qué el grito de protesta llegó hasta que se propone llevarlo al cine? En las redes sociales abundan comentarios y críticas de todo tipo, y de toda clase de personas, desde quien habla de su vivencia de violación a los 8 años hasta psicólogos que mencionan las parafilias y la aberración que sienten hacia las mismas; y aquellos que publican corazones mientras suspiran pensando en el protagonista magnate, ya sea con ejercer ese poder y dominio o bien en ser dominad@s.

No voy a hablar de la calidad de la película, ni de la historia, ni de si es bueno o malo, o si es violencia contra la mujer y refuerza el machismo. Voy a hablar de lo absurdo. Porque sépase que la SEP tenía contemplado el libro como parte del catálogo del Rincón de Lectura para Adolescentes, pero estoy segura de que ahora vería mal que sus jóvenes estudiantes acudieran con credencial de elector falsa a ver la película; y las madres y padres de familia que olvidaron revisar la lectura de sus hijos hoy están muy angustiados porque encontraron fotos “íntimas” que sus pequeños angelitos enviaron por wattsap.

¿Por qué no les ofenden los anuncios de Tecate a esos varones que hoy se atreven a levantar la voz “defendiendo” a la mujer para que no se le vea como un objeto? ¿Por qué no censuran los anuncios de Stefano? ¿Es que acaso todo tiene que ser expresado detrás de un velo para hacer como que no tiene un impacto?


No lo sé, pero me siento aludida desde todas las perspectivas.

lunes, 2 de febrero de 2015

Me voy

Largo el destino me espera, a mi alrededor no hay más que un camino de arena, mis huellas se borran a cada paso que doy, porque mi destino no espera que nadie me siga. Los tiempos de andar rodeada, a veces atrás, a veces delante, se acaban.

Hoy quise sentarme sobre una roca a mirar ese paisaje mío de arena sin mar, sin cielo, más tan claro, apacible y a la espera. No se escucha un alma cerca, ni lejos, no hay murmullo del viento, no hay silencio siquiera; más no me duele, más no pesa.

Mis pasos anduvieron ya descalzos por un rato, nada quema mis plantas, nada hiere su piel desnuda…el silencio se romperá no obstante, ya un susurro escuchó mi alma en lo profundo, una débil voz apenada, temerosa de ser escuchada, sigilosa y muy sola; más no es tiempo de llegar pues mi senda fuera del tiempo y el espacio, no conoce de norte o sur.

Un segundo llamado debe esperar mi cuerpo para que retorne al mundo podrido, a sanar un alma más, un tiempo corto solamente, un instante, un quizás, un alivio, una luz y la esperanza renovada, aunque al final no entiendan que al cumplir mi mandato debo irme.


Algunos me llaman esperanza, otros (al final) melancolía, ni una ni otra; si para el Ocaso el Amanecer es utopía, saben ambos que hay un instante en que sus auras se sienten cual si de la una naciera la otra, soy ese instante, soy el gemido que muere o nace, soy el suspiro entre dos amantes que a la distancia ven mutuamente la foto del otro, soy el primer llanto de la vida y la última mirada que precede al beso de la muerte.


jueves, 15 de enero de 2015

Blanco y Negro



Soñé contigo, estabas tan bella envuelta en un vestido de encaje rojo, tus piernas largas y tersas se antojaban debajo de unas medias de nylon negras y al sentarte, el vestido corto dejaba al descubierto el encaje superior que indicaba el inicio de la media en tu muslo. Aunque anduvimos mucho tiempo juntas, casi no hablaste, todo el tiempo ibas callada a mi lado, a veces detrás, a veces por delante mirando de soslayo si te seguía los pasos.


Al parecer fuimos al cine, porque recuerdo haberme perdido entre los cajones de un estacionamiento interminable, para no perder mucho tiempo o por alguna razón que no recuerdo, tú te bajabas del auto mientras yo encontraba donde estacionarlo. Desde el auto, dando vueltas en círculo y con una desesperación en la panza, te veía todo el tiempo, caminabas altiva y solitaria, levantando envidias en unas, deseos en otros y mi desesperación crecía al verte expuesta, aparentemente indiferente a las miradas que te seguían pero en el fondo, yo sé que tu vanidad sonreía.


Al fin encontraba un cajón frente a una de las puertas de acceso al centro comercial. Corría en tu búsqueda, te encontraba sentada en unas gradas, sin que tus labios se movieran y ni un solo gesto facial me diera indicios de tus pensamientos, te levantabas y avanzabas frente a mí hacia el interior de la plaza. En ese momento quería apagar todos los ojos que te rodeaban, quería encender la luz del sol con tal intensidad que todos quedaran cegados, pero me di cuenta que era de noche y mis celos no pudieron más que seguir guardados en una opresión de pecho.


En algún momento te me perdiste, ya no vestías tu hermoso vestido rojo de encaje, ahora trepabas en un árbol con botines de hombre, camisa de cuadros y jeans ajustados de un tono azul deslavado. Durante todo el sueño me sentí confusa, no sabía cómo retenerte a mi lado, y la sombra de ella, con la que luego te encontrabas a la sombra del árbol que a lo lejos sigo viendo, me dolía, me perseguía, me irritaba. No sabía si tenía que ser más femenina o más masculina, si abrazarte de la cintura o por los hombros, si hablarte o respetar el mutismo que sólo tus ojos, al verme, interrumpían.


Mi corazón cobarde y acongojado temía a cada instante perderte. Tus miradas me lo dicen todo y también me dejan indefensa, sin posibilidad de arremeter o resignarme siquiera.  Esos ojos negros, profundos y altivos, porque he de confesarte que todo en ti cambia menos tus miradas (colores sí, sentido no), ni tu piel siempre blanca y tu pelo siempre negro. Tal cual te percibo, opuesta y contrastante, ángel y demonio, agua y sed, miedo y alivio, amor y odio…blanco y negro.




miércoles, 14 de enero de 2015

Ascalapha odorata





Mariposa de la muerte, mictlanpapalotl, mariposa del país de los muertos; me has llamado ahora, ¡cruel! me gritas desde tu guarida oscura, por no responder a tu llamado de amor ajeno, por ignorar los estruendosos latidos de tu corazón que por las noches taladra tu pecho al ritmo del aleteo de mis alas.


¿No será crueldad más grande perforar con alfiler mis alas? ¿Por qué berreas con tu corazón sangrante sabiendo que las mariposas no aman? Y me exaltas y me pisas, me llevas flores a la ventana para que me pose en ellas pero te escandaliza la certeza de que mi vuelo llega a otras rosas, a otras flores más coloridas o perfumadas; ¿no es acaso mi naturaleza?


Si mis colores y la fragilidad de mis alas, provocan deseos de caza en el alma más pura, ¿no es natural que quiera volar más lejos para preservarme? Pero tu amor que juras puro, eterno y libre tiene por estandarte una red tejida en tela de araña, tus poemas son el perfume que lanzas para que siga tu rastro y las letras en flores dibujadas, esconden bien la espina que ya llevas enterrada de vidas pasadas, más el dolor que mi presencia te delata, desata por dentro una furia innata y mis colores se vuelven oscuros, mis alas a la muerte retratan ante tus ojos y así, tu desgracia me atribuyes, sabiendo que el amor en dirección equivocada diriges, pues a tu lado ahora mismo la que te adora en tu regazo sueña contigo.


El peso de tu nostalgia y dolor me trastornan, pasando de mariposa me vuelvo venado y arremeto feroz en defensa propia, mas tu reclamo recibo y mi distancia contesta.