Lo que dejo atrás

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martes, 15 de junio de 2010

Perdóname amor





No hay palabras para describir esto que siento y de haberlas yo no las encuentro. Hay dolores del alma que se sienten en el cuerpo, pero hay dolores que de tan fuertes dejan de sentirse como tal. Físicamente cuando el dolor es tan intenso el cuerpo entra en estado de shock como una medida preventiva que evita que el daño sea mayor, tratando de preservar la vida. Cuando el dolor es psíquico la mente también tiene maniobras, la psique trata de proteger al Yo y una de ellas es escindiéndose temporalmente, regresionándose a estados primitivos donde la persona tuvo la protección que ahora necesita, puede despersonalizarse; todo eso es lo que llamarían un brote psicótico, que si la estructura de personalidad es suficientemente fuerte o neurótica podrá recuperar su estado habitual de funcionamiento, pero de lo contrario podría quedar permanentemente en ese estado.

En la maraña de sentimientos en que me encuentro sólo distingo una sensación y quizá eso es bueno, me indica que sigo dentro de la realidad: DOLOR DESGARRADOR.

Perdóname, perdóname por ser como todos, perdóname por ser egoísta, por no escuchar tu verdadera voz, por no pensar en lo que necesitas y no entenderlo, perdóname amor, perdóname por no querer escuchar, por pasar sin ver a pesar de saber lo que se siente, perdóname por priorizar mis necesidades, perdóname por todo lo que haya hecho mal y que aún ni siquiera ahora me haya dado cuenta.

Perdóname por borrar las señales que has dejado a tu paso y a pesar de verlas hacer como si no existieran, eso fue una forma de borrarte a ti también, perdóname por no apoyarte como debiera o como necesitas, o por no entender lo que necesitas, perdóname por mi incapacidad para jalarte del fondo teniendo las herramientas. Perdóname porque aunque he sufrido cuando tu sufres, porque aunque me duele que estés sufriendo, porque a pesar de todo eso y más cosas que seguramente estoy omitiendo, no me detuve y he presionado, perdóname por no pensar en ti.

Perdóname porque a pesar de amarte con todo mi ser, de amarte como ha nadie he amado nunca, como no creo amar después no he podido ser lo que necesitas, perdóname porque no soy tan fuerte como lo esperabas, como lo fui en un tiempo, perdóname por no poderte cargar en mis brazos mientras tú recuperas fuerzas y por el contrario te he aventado más peso, perdóname por tener que cargar conmigo, con mis problemas viendo que apenas podías con los tuyos.

Amor lo lamento tanto, lo lamento tanto, me duele tanto amor, me duele tanto, perdóname, perdóname por favor perdóname.

lunes, 7 de junio de 2010

DIOS



Mi dios es hermafrodita y asexual, porque no concibo la imagen de un hombre superpoderoso que alimenta la idea de la mujer sumisa y dócil en el rostro de la madre inmaculada. Mi dios no escucha plegarias, no vive en un templo cubierto de mármol y no hace milagros ni cumple deseos, porque nos concedió la libertad de elección como premio y/o castigo, porque a la vez que es nuestra alegría es nuestro pesar y puedo comprender el enorme deseo de hacer un Dios que cargue con nuestros males y desdichas "porque los caminos del Señor son misteriosos" en vez de aceptar que cada cual vive con sus logros y sus fracasos y ningún dios omnipotente, cruel y castigador vendrá en tu ayuda o tu desventura.

 
Mi dios tiene la inocencia del infante y la crueldad de una mariposa. Mi dios no es a "imagen y semejanza nuestra" porque en mi dios no existen los polos, no entiende el concepto de la bondad simplemente porque la maldad no existe, es como tantas otras cosas una definición que el ser humano necesita para regir sus impulsos. Mi dios no tiene en la entrada del cielo una enorme puerta de oro custodiada por discípulos o ángeles, cada quien será libre de entrar o salir porque también allí nos acompaña el libre albedrío.

 
Mi dios no se entretiene escuchando rezos pero de vez en cuando puede prestar atención a las charlas de café, pues éstas son más sinceras que el ave maría que nos enseñaron en edad escolar y aprendimos sin entender su significado y sin que el resto del tiempo adquiriera uno propio de tal manera que transmitiese al profesarlo una pizca de afecto, es más probable que cantemos con verdadero sentimiento "sin tu latido" de Eduardo Aute a que por más interiorizado que se tenga el Padre Nuestro nos detengamos a pensar siquiera lo que de memoria repetimos.

 

sábado, 5 de junio de 2010

Persiana



 
Se quedaba mirando las persianas cerradas, le gustaba sentir cómo la tenue luz rojiza que entraba a través de ellas la iba mareando lentamente hasta verse obligada a apartar la vista –en un principio- pero luego, fue aprendiendo a resistir hasta el punto de sentirse casi desmayar, entonces su cerebro hacía una maniobra que le fascinaba, las formas se distorsionaban pero seguían iluminadas con la luz rojiza, le parecía flotaba sobre el espacio dirigiéndose hacia ella y entonces volaba. Su cuerpo se iba despegando suavemente del sillón, aunque sus ojos seguían abiertos y fijos en la persiana, dejaban de mirar, sus pupilas se dilataban y ella ya hacía vagando en otro mundo incapaz de describirlo con palabras o imágenes.

Desde que descubrió esa peculiar cualidad de su mente lo hacía a menudo pero por ese entonces llevaba al menos cinco meses que lo había olvidado, tal vez porque sus ocupaciones la tenían distraída y muy amarrada al mundo real.

Buscando un lugar tranquilo para trabajar con su ya hija adoptiva (laptop) descubrió el salón de descanso del personal, apartado de todo y con cómodos sillones. Se había acomodado perfectamente en el sillón más grande, podría haberse recostado cómodamente y dormir pues era aún mejor que su propia cama, sin embargo atrapada en el ritmo de la cotidianidad se concentró en poner a trabajar a su hija adoptiva.

-Botón de encendido, escribir clave, el típico letrerito de Microsoft Windows se está iniciando… sus ojos clavados en la pantalla y dedos ágiles a la espera, movimientos de cuello a un lado, al otro, un tronar de dedos y listo…

-Mis documentos, herramientas, opciones, ver documentos ocultos –No esperen, eso ya no es parte de la rutina. Por alguna razón que a nosotros nos permanece oculta, ella rompió la rutina y algo buscaba entre sus carpetas, seguramente era importante o al menos lo suficientemente íntimo para ocultarlo a sus propios ojos, pues nadie más utilizaba esa computadora y además todos sus archivos estaban cifrados, ¿para qué entonces ocultar una carpeta?

Hagamos una pausa aquí. Por más que le doy vueltas no la veo, ella está allí sentada en un sillón grande, el cuarto de descanso es tal vez pequeño, con una sola ventana cubierta por una persiana cerrada y sucia, muy poca luz se filtra a través de ella, las paredes deben ser color melón o un tono naranja porque con el efecto de la luz del atardecer puede parecer un tono rojo desgastado. Ella probablemente tenga su laptop sobre las piernas y esté jorobada sobre el teclado, su cabello cubrirá gran parte de su rostro obligándome a dar vueltas a su alrededor con la intención de verle la cara, pero sigue abstraída por la pantalla y con la cabeza baja no puedo verla, no sé cómo es su piel, sus ojos, sus labios, su nariz, lo único que puedo ver son sus delgados dedos deslizándose velozmente sobre las teclas de la computadora.

Lo único que se de ella es que antes de estar tan ocupada en el trabajo dedicaba largas horas a ver a través de las persianas de cualquier habitación donde se filtrara un rayo de luz rojiza y se sentía volar. Que ahora mientras debería estar siguiendo su rutina obsesiva de entregar un trabajo perfecto algo la distrajo, algo que busca y no encuentra en sus documentos, que esto que busca debe ser muy importante pues cada vez se impacienta más. Oh, oh, sí, allí está, ha girado la cabeza pero lo hizo tan rápido, miró toda la habitación con desesperación pero se quedó fija en la persiana justo del lado opuesto donde estaba yo, y no, no pude ver su cara.

Se ha quedado así. Al parecer ha olvidado su computadora y permanece viendo la persiana como antes. Da la impresión de que se quedará dormida pues ha bajado su laptop al piso y ahora descansa recostada en el sillón con la mirada fija en esa ventana, los ojos muy abiertos, tengo miedo de intentar verle el rostro pues le quedaría de frente, aun así lo intentó. Son grises y muy redondos, creí que me vería y al hacerlo preguntaría quien era yo, como entré y qué demonios estaba haciendo yo allí pero ella no me ha visto, me le he puesto enfrente y su mirada me ha atravesado la piel, incluso he sentido que la tenue luz rojiza que se filtra por la persiana me ha cruzado el cuerpo por cada poro convirtiéndome por un instante un cuerpo luminoso, como esos que sacan en la tele que se van desvaneciendo cuando "la luz" llega, es decir, cuando es tiempo de marchar al otro mundo.


                                                                       Y juro que no miento pero le vi flotar.