Lo que dejo atrás

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sábado, 29 de noviembre de 2008

Despedida


Quise respirar de tu boca una vez más, sólo una vez más…
Quise enredarme en tu abrazo y volar por última vez,
Quise sentirte mío, sólo mío…después sería el final.

Es una sensación extraña, más que placentera se vuelve algo irreal, un aura mística la rodea, me siento flotar en el aire pero seguimos unidos haciendo un solo cuerpo, tiemblo y comienzo a llorar, sigo flotando, me elevo al techo pero tú permaneces recostado, puedo verte desde arriba, lejano, separándonos.

Trato de alejar la tristeza que me envuelve y entregarme a tus besos, pero la lluvia de mis ojos no quiere parar. Tantas emociones juntas se agolpan en mi cuerpo, se repelen, luchan entre ellas; se vuelve insoportable, comienzo a perder el contacto con la realidad, ya no sé si es un sueño, en momentos veo tu rostro y en otros más te me desapareces, entonces te abrazo para asegurarme que estás conmigo, que es real.

El tiempo se vuelve extraño, un segundo parece una eternidad, es de día, noche, madrugada…mi mundo se detiene y sólo quedamos tú y yo, fundidos en un abrazo eterno, en un sollozo callado, recogiendo trocitos de mi alma al mismo tiempo que me entrego a tu cuerpo.

Sé que cuando termine nada será igual, es nuestra despedida. En la mañana cada quien tomara una acera diferente y recorrerá solo el camino que lo lleve hacia donde quiera ir, dejará de existir un nosotros, el verbo amar ya no se podrá conjugar.

Duele saber que ya está dicho, que no hay marcha atrás, que te dejo y me dejas, que cada quien deberá seguir su rumbo por su cuenta, que no basta con querernos, que no es suficiente para los dos.

No quería despedirme, no quería dejarte ir, pero tenemos que poner un alto, no podemos seguir jugando a las escondidas, no podemos, yo no puedo. Creí que sería sencillo ser amigos, que podríamos manejarnos como tal, sólo compruebo que sigo siendo una ilusa soñadora, una adolescente…

Qué dirás amiga cuando conozcas la historia completa, me abrazarás y viéndome con esos ojos tan serios que usas cuando me reprendes no podrás decir nada, porque no hay nada que decir. Te diré que todos hablan, que escucho sus murmullos hirientes en mi oído, y sólo tú que me conoces de tantos años, de toda mi vida, sólo tú que me has visto batirme entre la vida y la muerte podrás comprender.

Por eso te quedarás callada viéndome absorta sin saber qué decir, porque todo lo que puedes decirme ya lo sé, porque sólo tú comprendes la intensidad de mi emoción y sentimiento hacia él, ni siquiera él mismo pudo comprenderla, no la supo ver, no la pudo sentir.

Cuando la historia acabe caminaremos juntas, en silencio, y no necesitaré nada más, porque estarás allí, porque no caminaré sola, porque el silencio es nuestra más grande expresión.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Ausencia

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo; se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.
¡Se te va todo, se nos va todo!
Se va mi voz, que te hacía campana cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban, en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega, cuando te mira, el enebro y el olmo.
Me voy de ti con tus mismos alientos: como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño, y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos que no nacieron ni en llanos ni en sotos.
Sangre sería y me fuese en las palmas de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada en marchas tuyas que nunca más oigo, ¡
y en tu pasión que retumba en la noche como demencia de mares solos!
¡Se nos va todo, se nos va todo!
Gabriela Mistral

domingo, 23 de noviembre de 2008

Historia de un sueño: preámbulo

Era un día como todos, si mal no recuerdo, fue un viernes cualquiera, un típico viernes de no hacer nada; me levanté tarde, no tenía que preocuparme por despertar temprano, generalmente era mi único día de descanso: el tan ansiado viernes social.


Las horas transcurrieron sin novedad. Ya por la tarde decidí abandonar mi departamento de soltero e ir a buscar a algún amigo que me invitara a comer en su casa, de pronto recordé que una semana antes me habían invitado a una fiesta, ¡genial!, pensé: está todo resuelto, me divierto un rato y además como gratis, espero que también haya chela gratis...


Llamé a mi amigo Jorge para llegar juntos, pues yo no recordaba la ubicación de la casa, vaya, ni siquia sabía el por qué de la fiesta, hasta que entramos al lugar. Resulta que era una despedida: dos chicas, una de ellas muy alegre, de esas que nunca pueden faltar en una fiesta; la otra, ra más bien callada, aunque después de un par de caguamas parecía muy sociable.


La fiesta no fue nada alentadora, ni siquiera había alguna chica interesante para charlar, no digamos y a una lo suficientemente ardiente para cachondear rico un rato. Pero ¡era viernes social!, no podíamos dejar que se arruinata por una fiestecilla cucha, así que, ni tardos ni peresozos, mis amigos y yo decidimos salvar lo que restaba del día en casa de Jorge, y fue allí donde te vi por primera vez...



La fiesta


- Hola. ¿Me puedo sentar aquí?

- mmm. Supongo que sí, no está ocupado

- Gracias

Sostenías un vaso de brandi en una mano, mientras que con la otra sacabas tu celular de la bolsa trasera de tu pantalón y te sentabas tranquilamente a mi lado, a pesar de haberme saludado y lanzado las señales precisas de estar interesada en mí, me ignoraste por completo, diste un trago a tu bebida con la mirada absorta en la pareja que bailaba en el centro de la sala.


Me dediqué a observarte hasta que terminaste tu bebida. Tu mirada era altiva, toda tú reflejabas altives, te mostrabas segura, completamente relajada; llevabas el pelo revuelto, no se podía saber si era ondulado o liso. no usabas aretes ni collares, al parecer tampoco maquillaje, quizá sólo algo de brillo sobre los labios...unos labios sensuales.


Vestías una llamativa blusa amarilla, la blusa en sí era peculiar, con un paisaje otoñal bordado en un costado, pero lo que captaba mi atención era su generoso escote al frente, que dejaba al descubierto tus insinuantes pechos dorados, que me invitaban a soñar en ellos.


- Nunca antes te había visto- te dije acercándome un poco -soy .... eres de por aquí?

- Tu amigo me invitó- contestaste señalando a Jorge. - era de esperarse, pensé, sólo Jorge es capaz de atrapar una chica tan..., no encontraba la palabra que pudiera describir tanto misterio.

- ¿Cómo me dijiste que te llamas?

- No te dije

- Cierto (estúpido)

- Hola, hermosa, te diviertes?, veo que ya conociste a Carlos, mi amigo

- En eso estabamos- contesté yo- pero se niega a decirme su nombre. Te miré directo a los ojos mientras me quejaba con Jorge, y escuché su carcajada irónica en mi oído. Se acercó y susurrando me dijo: -cuidado galán, ella es de las que doman leones, como tú, una vez que la tienes no puedes escapar... y se alejó riendo.

Te levantaste, viéndome de frente con tus ojos fríos, desafiantes, me invitaste a bailar y yo accedí, tramando en mi mente mil maneras de hacerte caer, te deseaba, al menos esa noche serías mía, luego...luego nada, como siempre, me excusaría en que estaba ebrio y te diría adios, sólo eras un reto...

Tome tu mano pequeña y te arrastré al centro de la sala, firmemente rodee tu cintura y todo comenzó.

Historia de un sueño: después de un tiempo

Bailamos lentamente, cada vez nuestros pechos más juntos y cuando casi podía sentir tu respiración en mi garganta, te separabas rápidamente con una malévola sonrisa en los labios, me atraías hacia ti y comenzaba de nuevo el juego de miradas furtivas.
-Ahora me dirás tu nombre? o cuántas copas deben de pasar antes de hacerlo?
-Mi nombre no importa, pero ya que tanto insistes por esta noche llamame: Esperanza, mañana quizá sea Soledad y después de un tiempo tal vez me convierta en Estrella, que importa como me llames, tú elige el nombre que desees.
-Entiendo, te gusta hacerte la misteriosa...
-No, yo soy como soy y nada más, todo depende qué es lo que quieras ver en mí, lo que tú deposites en mí no es mío, es tuyo, es lo que tú quieres creer.
Pasaron las horas, todo iba por el camino que yo quería, estaba seguro de lograrlo, después de todo cuándo había fallado? No recordaba una sóla ocasión en que dejara ir a una viva, sí, esa era mi noche...
Pero no fue así, me calentó, encendió el boiler pero no se metió a bañar y sólo me dejo esa cruel sensación de insatisfacción, me dejó su imagen grabada en mi memoria, sin su nombre, sin su número de teléfono si quiera; no sabía donde buscarla y al día siguiente tenía la urgente necesidad de verla, de volver a hablar con ella, de llamarla Estrella, mi Estrella.

Comencé a obsesionarme con su imagen, con su pensamiento, en las noches se metía en mis sueños y despertaba inevitablemente sudando, con el corazón acelarado y abrazando la almohada; el asunto se volvía insoportable, debía hacer algo al respecto y tenía que hacerlo ya, tenía que encontrarla, verla de nuevo, tenerla en mis brazos, sólo así desaparecería de mi mente.
Busqué desesperadamente a Jorge, le rogue me diera su nombre, su dirección, algo que me hiciera encontrarla.
-No sé su nombre, nadie lo sabe, pero la encontrarás en ese café de la esquina, cada jueves va allí, sola.
Allí estuve todo el día, esperando su llegada y cuando ya casi perdía la esperanza, apareció, llevaba un vestido largo, blanco, ajustado de arriba y con gran vuelo, su cabello largo y suelto caía sobre su espalda desnuda, en ese momento me enamoré.
Nuestra Historia
Mi malévolo plan de seducirte, de ser una aventura más, se había tirado a la basura, seguías siendo un reto, pero un reto para enamorar, para querer, para tenerte mía por mucho tiempo.
Mis amigos se burlaban diciendo que al fin había encontrado alguien como yo, que sólo recibiría una cucharada de mi propio chocolate, pero yo me resistía a creerles, para mí eras mi Estrella, mi luz, el amor de mi vida.
Con el tiempo lo lograste, me atrapaste en tus redes incapaz de soltarme de ellas, sin querer escapar de ti. Lo nuestro fue corto, muy corto, un par de meses nadamás, pero vividos tan intensamente, me entregué por completo, llegué a desear que no te fueras de mi lado nunca, nuestros encuentros estaban llenos de pasión, eras todo en mí.
Nunca logré entenderte por completo, eras tan misteriosa, lo dabas todo y al mismo tiempo quedaba esa sensación de no tener nada, de que te me escurrías de las manos, de que eras mía y no, de que cuanto más fuerte te abrazaba más distante te sentía...
El final
Tal vez era cierto, al final, cada uno reconoce su propia esencia.
Siempre fuiste fugaz e impulsiva, lo mismo era yo, quizá por eso estuvimos juntos un tiempo, solo el tiempo necesario, no teníamos por que forzar una relación que desde el comienzo fue furtiva.
Llevaba ya una semana sin comer durante el día antes de tu partida, mi almohada había ya perdido tu esencia semanas antes, no importando que tu cabeza siguiera descansando sobre ella esporádicamente, nuestros encuentros amorosos eran cada vez menos frecuentes y duraban tan poco...
Quizá era cierto después de todo, tal vez ya te había aburrido mi presencia, te había fastidiado estar a mi lado y estarías ya buscando carne fresca, nuevos aromas, distintas caricias.
Aquel día me había costado tanto trabajo levantarme, semidormido seguía tu imagen, te me aparecías algo lejana, desnuda, invitándome a seguirte hacia el horizonte, poco a poco la luz rojiza que anuncia el fin del atardecer iba desapareciendo y con ella tu sensual imagen... de pronto todo oscurecía y entre las sombras veía dos cuerpos abrazados, recostados uno sobre otro, fundiéndose lentamente en cada movimiento.
Acercándome en la penumbra, descubrí su rostro, contraído por el placer, esforzándose por extenderlo el mayor tiempo posible, te abrazaba con fuerza mientras tu mordías su cuello y murmurabas algo a su oído que yo no pude escuchar...mi sueño culmina con su orgasmo y el leve gemido que emitías cuando alcanzabas el clímax, rezumbando en mi oído, como un eco, cada vez más lejano...
Desperté nostálgico, y entonces puede comprender todos tus nombres, pero sólo uno t pertenecía: Amanecer... sí, Amanecer, se termina tan pronto como el sol comienza a calentar, no sabes si será frío, brillante o con nubes grises, pero sabes que siempre vendrá; eso eres tú, eres Amanecer...

sábado, 22 de noviembre de 2008

Un sueño bajo el mar

Hoy en mi clase de ciencias naturales la maestra nos explicó lo importante que es el mar para que los seres humanos podamos sobrevivir, también nos dijo la gran diversidad de flora y fauna que existe debajo del mar. Se me hizo tan interesante y sorprendente que he decidido hacer un cuento sobre él.

Me recosté sobre mi cama, empecé a escribir, cuando un profundo sueño me invadió…
Desperté en un magnífico lugar, rodeado de azul, con diversas plantas; sin darme cuenta, estaba en el mar siendo un pez, me rodee de temor pues yo ¡no sabía nadar!, sentía que me ahogaba, no podía respirar. De repente empecé a tranquilizarme y pude nadar como tranquilamente, no terminaba de creerlo cuando empecé a contemplar lo hermoso que era el lugar, -no me lo había imaginado cuando la maestra nos dijo-.
Cuando iba avanzando me encontré un grupo de pececitas a gran velocidad u choqué con una de ellas, tan fuerte que fui a dar al lado más oscuro del mar. Desesperada, empecé a llorar y llorar, pues no podía salir; cuando de repente escuché una voz suave y tranquilizadora; era una magnífica pececita, con una larga boca, tan larga que parecía una espada.
Me dijo: -tranquila, yo te sacaré.
Me abrazó con una aleta y nadando salimos al azulado mar.
Hola le dije, ¿cómo te llamas? –hola, me llamo espinita y tú?
Yo me llamo bucita. Al decir mi nombre se escuchó una voz que llamaba a espinita. –hija, hija.
Es mamá, me tengo que ir, nos vemos.
Espera a dónde vas? –voy a casa, no es muy lejos de aquí, se llama zona luz. Ah¡ bueno, ojalá y nos veamos pronto.
Al irse me senté en una pequeña concha, pasó el tiempo y empezó a oscurecer, no había nada a mi alrededor. De pronto se escuchó un ruido. Fwww¡ Fwww¡ Fwww¡ brinqué y me caí, me escondí detrás de la concha, era un enorme pez gris y hacía un ruido muy feo.
Abrió su gran boca y de ahí salió un mini pez que me dijo: -princesita ¿te llevamos?, no tengas miedo somos busfinish. ¿Qué cosa? –ay princesita¡, llevamos a todos los peces a sus casas somos el transporte urbano.
Me dio risa y le dije que sí.
Me subí de un brinco al enorme busfinish¡. Señor pez una pregunta qué es este enorme animal? –es una ballena, la llamamos “señora ballena”. Wou¡ sus asientos eran su lengua la cual movía curvatoriamente, sentía que estaba en la feria, subiéndome a la roca. Fue muy divertido hasta que me preguntaron: -princesita ¿a dónde vas? Me sentí ajena al lugar pues no sabía a dónde ir, me sentí lejos de casa; cuando entonces recordé, que espinita me había dicho donde vivía. Señor pez lléveme a la zona luz. –claro que sí.
Durante el viaje observe por la pequeña ventanilla, eran sus orejas. Había castillos donde vivían tortugas pequeñitas color verde, y además había un circo¡ donde vi a un caballo de mar, muy lindo por cierto. Pero lo mejor fue que estuve tan cerca de los tiburones, uyy¡ me dio escalofríos.
-Llegamos princesita, aquí es.
Me despedí del señor pez y la señora ballena, la cual me respondió muy raro.
La ballena empezó a avanzar cuando recordé que no sabía exactamente donde vivía espinita, así que grité -¡señor pez espere! –sí, qué pasa? La verdad estoy perdida y busco a una amiga que se llama espinita creo que es un pez espada, usted sabe donde vive?
-Sí, vive en esa casa color azul, esa es zona luz. –Gracias, adiós.
Iré a ver a espinita? Y si no me acepta? Qué voy a hacer?
No importa, si me salvó, creo que podrá recibirme en su casa; además, tengo mucha hambre.
Toc, toc, toc, toc. -¿Quién? –Yo, yo. -¿Quién? –Ah¡ perdón soy bucita.
-Mamá, mamá, es mi amiga, la pececita que salvé, ábrele. ¡Hola! ¿Cómo me encontraste?
-La señora ballena me trajo. Ah¡ ella, es muy buena.
Ha, oye tengo sándwiches calientitos, quieres? –sí, claro, es mi comida favorita.
Toda la noche nos la pasamos comiendo ricos sándwich, jugando y cantando, pues su familia era muy unida y a la hora de la cena siempre organizaban un juego para dormir mejor, decían.
Cansada, me invitaron a quedarme y acepté. La cama era cómoda y muy calientita. Como estaba tan cansada, me quedé profundamente dormida, sin soñar nada. Al día siguiente me despertó un ruido que decía: levántate, levántate, hay que ir a la escuela.
Espinita me levantó y me dijo que iríamos a la escuela, su mamá preparó unos hot cake con lechita, parecía que estaba en casa rodeada de humanos, todo era tan igual. Su papá nos llevó sobre él, hacia la escuela, ésta era tan chistosa, pues era una nemonema, como en la película de nemo. Bueno entramos al salón rodeado de árboles era ¡un manjar! La maestra era un pez globo llamada Esperanza, que cada vez que la hacían enojar se inflaba.
De regreso a casa nos encontramos con una prima de espinita la cual era muy presumida por los llamativos colores que tenía, no me importó, pues si ella supiera sobre mi aventura se quedaría callada.
Al anochecer caí rendida y me quedé profundamente dormida, de pronto, como a la media noche, un olor penetrante y maloliente me despertó.
Desperté en un lugar oscuro, muy negro; no podía respirar y los ojos me ardían, asustada empecé a buscar a Espinita, no estaba por ninguna parte, ni en su cuarto ni en la cocina, tampoco su papá, hermano o mamá; desesperada lloraba y lloraba…
Me encontraba en medio de un olor fétido, sumergida en una pestilente agua negra. -¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? Un derramamiento de petróleo…causó la muerte de Espinita y acabó con la zona luz; y en su lugar…oh¡ sólo un mar contaminado, putrefacto y sin vida… ¡Desperté!...me sentí tan triste.
Al día siguiente le conté mi sueño a la maestra y a mis compañeros, lo terrible que había sucedido. En ese momento todos propusimos informar a la ciudadanía, a nuestros padres, abuelos, tíos y primos sobre todo esto y lo importante que es cuidar este pequeño mundo. Se me ha hecho algo difícil, pues los adultos no nos escuchan mucho a nosotros, los niños, pero aún así no me he rendido pues dentro de ese mundo pequeño se encuentra mi amiga: Espinita, la pececita espada.

Bucita

En tu honor, mi pequeña
Los días han pasado, mi corazón poco a poco ha vuelto a encontrar algo de paz, me refugio leyendo, escribiendo, durmiendo; tuve que hacer algunos cambios más radicales en mi apariencia, pues me ayuda ver un reflejo diferente en el espejo.

El apetito aún no regresa, y en mis sueños sigues apareciendo de vez en cuando, en otro cuerpo con otro nombre pero sé que eres tú.

Me estoy reconciliando con mi vida, despacio, dolorosa y lentamente. Sonrío más y lloro menos, ya no pienso en lo pasado pero disfruto los buenos recuerdos, me acurruco en mi cama abrazando mi almohada fuertemente contra mi pecho y comienzo a soñar de nuevo…

viernes, 14 de noviembre de 2008

Son las 11:11pm en mi reloj, vengo del depa de Ana, con las gemelas sólo dije hola y adiós.

Quiero decirte muchas cosas pero no sé por donde empezar, no sé si valga la pena hacerlo, en estos momentos no sé nada de nada, pero tengo la imperiosa necesidad de escribir, de todos modos aún no sé si te entregue esto.

¿Qué tan mierda soy? No mucho, creo, tengo conflictos sí, vengo arrastrando una serie de abandonos y traiciones, también lo sé.

¿Por qué te dije todo eso hoy? En parte porque algo tiene de real, porque no me gustaba la idea de que te atribuyeras toda la responsabilidad del fin de la relación, porque sabía que ya habías comenzado una nueva relación y al hacerte creer que yo también era “mala” me hacía más fuerte para aceptarlo, dolía menos y al final no era un: “me dejó…”, y se convertía en un: “lo dejé escapar”, y eso duele menos.

Fue también un : “como novios no me pudiste conocer, conóceme ahora, en el marco de una relación diferente, conóceme, sigo aquí, aún no me voy, aún no puedo dejarte ir por completo, era un quédate conmigo un poco más”, pero claro, también soy orgullosa y estaba herida, tratar de herirte de alguna forma me hacia sentir fuerte.

Pero es estúpido querer ser algo, que aunque también existe en mí, no es mi esencia y no me define, al final creo que me dolió más a mí…”es absurdo tratar de querer a un cascarón” dijiste, y es cierto, a pesar de querer que me conozcas tal cual soy, no sé porque siento que nuestras vidas ya van por rumbos muy diferentes.

Estoy cansada, emocionalmente exhausta, ya no quiero pensar, ni sentir, ya no quiero nada.

sábado, 8 de noviembre de 2008

El final llegó

Una siempre se da cuenta cuando el final se acerca... pero pocas veces lo queremos aceptar, lo mismo pasó con nosotros, todo comenzaba a congelarse, acabo a tiempo para resguardar lo hermoso, lo mejorde nuestra historia se conservó intacto y es lo que me ayuda a superarlo gradualmente.
Te lo dije y lo confirmo: eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, no tengo nada que reprochar ni perdonar, al contrario, tengo muchas cosas que recordar y disfrutar; y después de un mar de llanto estoy lista para aceptarlo y seguir adelante, armada con el cariño que me brindaste durante el tiempo que estuvimos juntos.
Fue una linda historia la nuestra, a muchos les ha caido por sorpresa que nos separemos, según ellos nos veíamos super bien, claro, tal vez era así, pero ambos sabemos que ya no había para más, yo no puedo brindarte lo que quieres, no soy lo que esperas y tú no puedes entregarte como necesito, aunque tengas todo lo que he deseado y te quiera.
Seguiremos viéndonos, al toparnos en los pasillos o en los sitios que por obligación, son comunes para ambos, me dolera un poco ver tu lindo rostro sin poder acariciarlo, me dolerá aún más cuando te vea pasar de la mano con otra chica...o ella colgada a tu cintura, me moriré de celos y tal vez llore un poco, pero poco a poco lo iré aceptando...ya me pasó justo el semestre pasado, así que tengo experiencia en eso...porque sé que pronto pasará, te solté la mano y muy pronto alguien más la tomará y te habrás escapado de mi vida para siempre.
Conservo celosamente tu imagen desnuda en mi memoria, tu rostro que tantas veces miré mientras dormias, tus manos que tantas veces me acariciaron, tus labios que tanto disfruté y esos ojos tuyos tan profundos están grabados en mi alma. Se que te vas pero no te pierdo...estarás en mí de muchas maneras, reales y fantasiadas, seguiremos en contacto...

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Todo está dicho, fui sincera contigo y te expresé mi incertidumbre, sigo en las mismas, por tu parte no ha habido respuesta, comienzo a sentir cómo te esfumas de mi vida, tu rostro ahora se ve borroso en mi mente, mis manos ya no sienten las tuyas y no percibo tu aliento tibio, ni tu olor está en mi almohada.

Por favor, no dejes que me vaya, no permitas que me aleje, por favor, mantenme a tu lado, porque si me voy es para siempre, no habrá marcha atrás ni segundas oportunidades, casi te lo suplico pues siento ya el frío de la partida, por favor aférrate a mi vida…

Mi mente comienza a evocar momentos juntos, una película de escenas pasadas recorre mi pensamiento, todas reflejan momentos felices, tiernos y llenos de cariño mutuo, ya casi al final de la película algunos nubarrones aparecen sobre nuestro cielo, pero se desvanecen en instantes y el sol sigue brillando en lo alto, pero no sé por qué razón ahora sentimos frío. Y repito en silencio con un escalofrío recorriéndome el cuerpo: por favor, no me dejes ir…
Todo comenzó cuando nos permitimos flirtear mutuamente, aparentemente como un juego inocente, pero jugar con fuego siempre es peligroso inevitablemente alguien termina acercándose demasiado y se quema, lo único que varía es el grado de la quemadura.

Una noche de pronto nos dejamos llevar, nos acercamos demasiado al fuego pues se veía tentador…como dos viajantes en una noche fría y sola buscando una hoguera, e inevitablemente, algunas brasas nos quemaron la piel quedando dolorosamente heridos.

Sin embargo ese no fue el peor error, lo más doloroso fue cuando ambos nos dimos la espalda dejando que cada quien se curara la herida como pudiera, pero ninguno quería sanar, dejar abierta la llaga era una forma de expiar la culpa que caía sobre ambos, como una gran roca sobre la espalda.

Incertidumbre

Me gustas...tus ojos, tus labios, tu aroma... sí, me gustas, me gusta abrazarte, tocar tus manos tibias, acariciar tu panza, rozar tu piel, besar tus labios...sentir tu cuerpo.
Me gusta ver tu rostro mientras hacemos el amor, me gustan las mañanas que despiertas a mi lado, saboreo el aroma que dejas sobre mi almohada, disfruto cada momento juntos, me llenas por completo, alegras mis días, eres un motivo para seguir... ¿seguir qué?, nada... sólo seguir, estar en el mundo y ya.
Y te puedo y he llegado a sentir tan cerca y dentro de mí, justo a un lado de mi alma...parte de mi ser, pero otras más estás tan distante... estamos tan solos los dos.
¿Qué estará pasando? o más bien, ¿qué hacer para evitarlo? Contigo no hay que superar la crisis de los "tres meses", no, contigo una sola palabra puede cambiar el mundo, conmigo igual...sabemos, o para no errar, sé cual es nuestro problema, o bueno, mi problema...
Suelo hacer demasiados silencios, pocas veces te digo lo que pienso, siento y quiero... casi nunca hablo de mí, hablamos de todo, pero la intimidad es poca, ni tú ni yo nos entregamos uno al otro emocionalmente lo suficiente para sentirnos plenos.
Cuando algo no anda bien en tí o en mí, no en nosotros, sino en cada uno en su mundo íntimo y personal, sólo me aislo o te alejas, sacamos nuestra caparazón y caemos en un mutismo a prueba de balas.
No es que no quiera. ¡Quiero!, de verdad, anhelo darte cada una de mis emociones, será acaso que no sé amar?, no lo sé... No sé si tú no quieras o no puedas, pero algo similar existe en ti, y ambos nos detenemos, nos alejamos por no herir al otro o protegerse a si mismo, la verdad es que al final el resultado es el mismo, uno o ambos nos herimos sin querer, por no saber cómo entregarnos.
Esto va mal amor, va mal en serio, yo te busco esperando que me cuentes, que me dejes conocer ese mundo interno que tanto me intriga, que me permitas ser parte de ti, ser más que una chica a tu lado, con quien salir y hacer el amor, yo quiero ser esa mujer, la mujer de tu vida, quiero ser tu mujer.
Y quiero que seas tú ese hombre, mi hombre, alguien más que el compañeto que me lleva a casa cuando e tarde, ese hombre que con su presencia baste para ahogar mis miedos, ese hombre que apague mi angustia y sea tan paciente que comprenda que lo amo a pesar de mis silencios, a pesar de que una semana al mes me vuelque en mi soledad, que pueda entender que igual lo amo si sólo quiero estar con él en silencio, que cuando muero porque me haga el amor.
¿Qué debemos hacer amor? ¿Cómo conciliar nuestros miedos y dudas para hacer más fuerte nuestra relación?¿Cómo hacerte entender que tienes y eres todo lo que necesito? ¿Cómo puedo ser yo lo qe tú necesitas, la que te llene por completo?