Lo que dejo atrás

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miércoles, 29 de abril de 2009

Necesidad

No pude más, mamá está en casa y yo no pude más, me siento furiosa, realmente furiosa sin un motivo, o quiza solo por su presencia, pero no debe ser así, es decir ha estado incluso alegre, es quizá que no puedo estar sola un minuto, mi intimidad ha sido irrumpida con brusquedad tomándome por sorpresa y dejándome completamente atónita.
Además de que desde que llegó (tal vez es coincidencia) me siento cada día más triste, hoy ya no pude más, así que literalmente salí huyendo y me dirigí al cyber más cercano (justo en la esquina, no tuve que buscar mucho) y es que este espacio se ha vuelto mi vida, el lugar donde hago catársis, donde escribo para mí y curiosamente también comparto, incluso con desconocidos, me refiero a que quizá nunca nos conozcamos los rostros y sin embargo éstas personas tendrán un profundo conocimiento de la mujer... de la mujer detrás de las letras, me intuirán buscándome entre líneas y sabrán, estoy segura que me conocerán.
Hoy estoy triste y a la vez molesta, conmigo, con ella por estar aquí, conmigo por no querer estar con ella. Cuando la veo y hablamos, es el encuentro de dos mundos opuestos, ella no me escucha y yo me enfado porque no entiende, yo le pongo atención unos instantes pero...
Estoy incierta también. Rechazo mi tristeza porque no sé de donde proviene, apago mi enojo porque me hace sentir vil, pero no puedo sentirme feliz, si quiera indiferente, solo ir...
Sólo sé que tengo muchas ganas de llorar y no lloro, por favor, déjenme llorar...

lunes, 27 de abril de 2009

Se corta mi contacto con el mundo, la escuela cierra por nueve días, se llevan mi lap, la única máquina que guarda mis recuerdos y alimenta mis ansias de escribir. Me siento completamente perdida, que haré tantos días...

sábado, 25 de abril de 2009

Un capítulo más

Varios lectores me han dado a conocer su curiosidad por saber más acerca de esa mujer enigmática que se hace llamar Neli, y de la cual su historia no se deja escribir. En el intento por salvar otro fragmento de su vida, busque en las lagunas de las huellas mnémicas, quizá en algún recuerdo encubridor que me diera sólo un leve destello del rumbo que debía seguir…

A partir de hoy dejo de creer en ti, y juro que es la humanidad entera responsable de sus delitos, no existe una mano de dios que guíe nuestro camino, el destino no está marcado; y hoy prometo que es la última vez que mi voz se dirige a ti, que mis súplicas se han muerto ya, gracias por abandonarme pues sólo en tu ausencia, en tu silencio, he encontrado mi fuerza. Te rogué durante años que todo acabara, te lloré cada noche rezando bajo tu cruz y hoy mi fe entierro con estas palabras…

Neli temblaba de rabia mientras mirando al techo pronunciaba las terribles palabras:

…no existes, no existes…

Y así comenzó la etapa de su vida más alejada de Dios, un dios que la había defraudado, un dios que el mundo le había vendido como bueno y gentil, que decidía el destino de todos los hombres, que amaba a cada ser humano por igual, y que sin embargo hasta ese día sólo había llevado sufrimiento a su vida.

No obstante Neli sí creía en el mal, en la existencia de un ser perverso que de alguna manera interfería en nuestras vidas; al poco tiempo de su juramento, comenzó a tener sensaciones extrañas, se le revelaban eventos futuros de personas que conocía sin que ella supiera cómo ocurría esto. Al principio no las tomó muy en cuenta: “coincidencias” pensaba.

Pero cuando comenzaron a convertirse en “avisos” de peligros que acechaban con dañar a sus seres más queridos, dedico toda su atención a ellos; en más de alguna ocasión logró evitar que sucedieran, sin embargo permanecía la duda de por qué se le daba este ¿privilegio?

Su familia comenzó a verla extraño: “necesita un psicólogo” dijeron, “seguramente hasta ahora se da cuenta de todo por lo que ha pasado y no está pudiendo sobreponerse sola”.

No una vez más, nunca más -se repetía Neli en silencio -nunca más van a dejar de quererme, estas visiones deben desaparecer, debo dejar de ver, debo enfermar, debo morir, debo morir, debo morir…por favor pido morir.

Decidan ustedes que creer, con quien habló no lo sé, pero ofreció su vida a cambio de que las visiones se fueran, sin embargo, quien suplica tiene la desventaja, y el que otorga generalmente decide el “como”. Así, al poco tiempo dejo de ver y soñar el futuro, y unos meses más tarde cayó enferma, no sólo se le retiró la posibilidad de ver el futuro, temporalmente se le dejó completamente ciega al mundo, inválida, incapaz de hacer otra cosa que permanecer tendida en la cama de un hospital frío.

En su inconsciencia soñó un ángel, o por lo menos ella así lo creyó, una luz brillante que permitía levemente ver unos ojos, sólo un par de ojos hermosos y serenos: “vas a regresar al mundo, podrás ver de nuevo, caminar y comer por tu cuenta, pero cargarás un peso, el peso de la muerte latente, de la muerte lenta y dolorosa, poco a poco te desgastarás, tendrás días de insoportable sufrimiento y días de salud increíble, pero nunca sanarás, se te ofrecerá la oportunidad de disfrutar del mundo y en el momento en que más parezca que lo haces caerás de nuevo en cama, incapaz de ponerte en pie y desgarrandose tus órganos internos”

La tarde siguiente al sueño del ángel Neli despertó, se encontró rodeada de su padre y hermanas, la veían con ojos tristes y llenos de lástima, como se mira al atleta que en un accidente ha perdido las piernas. Los médicos dijeron que no había más que hacer, había sido sorprendente su recuperación y podían darla de alta con una enorme lista de medicamentos que a partir de ahora la acompañarían el resto de su vida. “No suspender” fue la indicación.

Neli no sólo dejó de ver el futuro que tantos conflictos le causaba, también volvió a sentirse querida, su familia de nuevo la amaba, incluso por un tiempo todo fue bien de nuevo. Papá y mamá hasta coqueteaban y se besaban frente a las niñas, ya no había discusiones, y como parte del milagro, todos habían olvidado la fatídica relación de Neli con el tío aquel del que se había enamorado.

Pasó el tiempo y Neli fue olvidando su encuentro con el ángel, hasta que encontró en el deporte el mejor medio de catarsis, se convirtió en su pasión, en el deporte vertía toda la energía que no podía colocar en una relación de pareja, llegó al punto en que todo su mundo giraba alrededor del deporte y entonces ocurrió:

Un día cualquiera sus piernas no respondieron, sus manos y pies se hincharon increíblemente hasta que su piel brilló, se puso roja y caliente. Los riñones la traicionaron desistiendo de su hasta ahora impecable función. Su corazón creció un poco provocándole arritmias y dolor, y por supuesto, acortándole la vida…

Fue entonces que Neli comprendió y aceptó con dolor el camino que debía seguir. Como esa, se han presentado otras dos ocasiones en que Neli tiene que ser hospitalizada, justo en el momento en que en su vida todo marcha bien, y puede sentirse tan feliz y plena. Llegó incluso a decidir que su vida tenía que ser infeliz para poder conservarla más tiempo, pero es naturaleza humana ir hacia el logro de la felicidad…

Agua de mar


Qué más podía pedir, si me ofreció todo, si se entrego completa, sin reservas, sin miedos, sin medida; si me amo omitiendo mis errores, olvidando mis defectos, a pesar de que hice lo imposible por que se fuera hasta que hoy finalmente lo he logrado.

Ya no está a mi lado, y por un momento siento la paz que me deja saberme libre de ella. Continúo con mi estilo de vida, siguiendo las mariposas que vuelan y se posan en las flores silvestres, haciendo versos a las estrellas y el arcoíris, convirtiendo en semidiosas nuevos idilios; y escribo a mi musa y por ella escribo.

Y me siento vacío y pleno, me falta una parte de mí que regresa cuando mi nueva ilusión se refleja en mi mirar, y me pierdo en sus ojos y se pierde en los míos, me voy enredando en su pelo, perfumándome al contacto de su suave piel, sintiendo en su palpitar mi vida perderse.

Le faltaba algo…nunca vibre con ella como lo hago ahora y lo he hecho siempre; representa solo un antes y después, al final, sólo el retorno a la vereda de las rosas, de los colibríes y las noches de luna llena…

Viaje

Es cierto me duele.... no me gusta reconocerlo, pero no me duele como crees. Veo cómo te vas perdiendo, sin sentido en el espacio oscuro, y flotas mientras yo observo cómo te lleva entre sus alas. Tu mirada embelesada me confirma que no te das cuenta y sigues entrando en lo profundo, la oscuridad te sigue absorbiendo.



Y yo me quedo viéndote, viéndolo llevarte, hasta que sólo queda el vacio, el silencio. Demasiado oscuro el futuro...y eso es lo que duele.

jueves, 23 de abril de 2009

Una relación "sexual"

Mira, en verdad no estoy en contra de este tipo de relación, la bronca es que tengo que tomar solo un camino y contigo me confundo, no puedo decidir.
No sé, si tan solo me dijeras claramente "quiero sexo, sólo sexo", pero no, mandas mensajes que me son muy fácil interpretar ambiguamente y la verdad yo ya no estoy para esos juegos, ya no quiero flirtear, ni seguir las normas de seducción, a mis treinta y cinco años mejor háblame claro, ya no es necesario que intentes engañarme usando artimañas, me da lo mismo que te pongas romántico o solo intentes arrancarme la ropa.
Cómo tengo que explicartelo para que me entiendas? es muy fácil, lo único que te pido es que me digas tú que quieres, hasta donde quieres que esta relación avance, que nivel de profundidad o superficialidad estás buscando y si coincidimos quiza funcione.
Pero decídete pronto, porque yo no me voy a detener mucho tiempo aquí, eso te lo dije desde un principio. Mira, eres joven, a tus 25 años tienes mucho que vivir, no quieras quedarte conmigo, yo ya he vivido suficiente para saber que no me quedaré contigo, eres sólo una bonita aventura, y no me lo tomes a mal, en verdad te quiero, es más, en ocasiones he sentido que te amo, pero aún así sé que no me quedaré.
Es parte de mi naturaleza levantar el vuelo después de un tiempo, jamás he podido permanecer al lado de alguien mucho tiempo, y no te he engañado, desde el principio te lo dije: "tres meses, te doy tres meses y después me voy, tres meses en los que será todo lo que una pareja puede ser, tres meses de entrega total, no es mucho, ni es poco, es el tiempo suficiente, tómalo o déjalo" y tú decidiste tomarlo, así que ahora no me vengas con que esperabas que recapacitara, que al conocerte me enamorara y quisiera cortar mis alas.
Hoy se cumplen dos meses, te recomiendo que aproveches bien el tiempo que nos queda.

miércoles, 22 de abril de 2009

El placer de no sentir deseo



Hoy estuve intentándolo todo el día y no lo logré. Creo que llevo ya al menos tres semanas, en realidad no voy contando los días, pero hoy me sorprendió tanto corroborar que era cierto.

Mi última prueba fue al bañarme, me desnudé por completo frente al espejo (ya es costumbre), me quedé unos segundos viendo mi reflejo luego me cubrí con la toalla y me dispuse a disfrutar del delicioso roce del agua tibia recorriendo mi piel.

Bajo la regadera, hice un poco de espuma en mis manos y comencé haciendo un masaje muy suave en círculos sobre mis senos al tiempo que intentaba traer alguna imagen a mi mente que me excitara, la imagen llegó…poco a poco, mis manos se hicieron masculinas hasta reconocerlo (¿?), fueron bajando lentamente por mi vientre, una de ellas recorrió la línea de mi trasero y subió rápidamente a mi seno izquierdo; la otra buscó inquieta pasando por el monte de venus hasta encontrar ese pequeño botón…y entonces…nada.

Anoche lo intenté provocando un sueño erótico, que tan fácilmente protagonizaban al menos una parte de mis noches, pero no, el sueño inicia e incluso concluye, pero no me excito en ningún momento.
Hoy es el primer día que me toco…no he tenido deseo sexual desde hace tres semanas, y no es que me preocupe, de hecho me siento tranquila, una extraña paz, como si no necesitara nada; pero no por eso deja de extrañarme.

Había llegado a un punto en que incluso era molesto. No es cómodo estar en clase y sentir como tu clítoris se erecta sin el menor estímulo; o que cuando camines el roce de tus piernas comience a excitarte hasta que te mojas o que tus pezones sobresalgan a través de tu blusa…

No sé cómo sucedió esto, pero he conocido el placer de no sentir deseo.

lunes, 20 de abril de 2009

Escisión

-Hola, soy Andrea, pasa y siéntate donde te guste más.

La niña asustada que abrió la puerta acompañada de su madre, se quedó en el umbral dudando un poco. Su madre la empujó dentro y cerró la puerta a su espalda…

-Cómo te llamas?

-Soy Neli

-Hola Neli, qué gusto conocerte, ven siéntate cerca de mí, estás asustada? Sabes por qué te ha traído aquí tu mami?

Neli se sienta en el sillón más alejado de la terapeuta y el más cercano a la puerta. Observa la ventana que da hacia un jardín y luego dirige su mirada a Andrea. Una mirada triste, llena de resignación.

-Sí, mi mamá me trae porque todos están preocupados por mí.

-Y sabes por qué están preocupados?

-No

-Bien, quieres jugar conmigo? Aquí tengo muchos juguetes, escoge el que tu quieras. Si te gusta jugar verdad? Puede hacer lo que tú quieras con estos juguetes.

Sería interesante saber qué juguetes escogió Neli, a mí me hubiera gustado además ver a qué jugaba, pero la historia está incompleta, y nadie recuerda que hizo Neli, si regresó días después y siguió jugando, o si nunca más volvió a ver a través de esa ventana que daba a un jardín…

Lo único que sé es que cuatro años más tarde yacía sobre una cama de hospital con un lavado gástrico, después de un intento de suicidio, si no lo recuerdan regresen a la entrada del 8 de enero: la historia de Neli

Esas dos escenas, son el inicio y el fin de una tormentosa relación incestuosa que duró un poco más de cuatro años, que comenzó como un abuso sexual por parte de su tío, hasta que él mismo se convirtió en el centro de la vida de Neli, en su ilusión, en su gran amor…

-Me quieres? Por qué no me llevas lejos, por qué tenemos que escondernos, que hay de malo en que te quiera, por qué no puedo decirle a nadie?

-Claro que te quiero, eres la niña más hermosa, pero tu padre se enojaría mucho si se entera porque jamás lo podrá entender, no es que sea malo, pero tú eres una niña y yo ya soy grande, pero te prometo que en cuanto cumplas 18 te llevaré lejos y nadie podrá separarnos nunca. Lo juro.

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-Quién es ella, papá dijo que estaba embarazada de ti, es cierto? La amas? Jamás me dijiste que… qué es ella de ti? Por qué yo no sabía de ella…

-A ti es a quien quiero, mírame, sólo mírame, qué te dicen mis ojos? Ella se llama Margarita y tengo que estar a su lado porque va a tener un hijo mío, si tan solo tú fueras mayor… perdóname.

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-Por favor déjame ir, me hace daño estar contigo, me duele, no entiendo que pasa pero algo me dice que es incorrecto, que es malo que estemos juntos, que tú y yo no debemos querernos, no debemos tocarnos, por favor ya déjame ir…

-No, no puedes, no quiero, eres mía, mía hasta el final y no te dejaré nunca. Además, ya nadie te querrá después de esto, sólo yo puedo quererte, nadie quiere a una mujer que ya ha sido tocada por un hombre…eres mía, entiéndelo…

El final no estaba muy lejos. Él le pedía a Neli que le escribiera cartas, y ella lo hacía cotidianamente, nunca hubo una respuesta de su parte, algún tiempo después todas las cartas fueron halladas guardadas en el último cajón de su cuarto junto con un par de brasieres de ella.

Fue una tarde soleada, mientras ella cuidaba el “negocio” de su padre y se entretenía escribiendo una carta para él, la carta empezaba quejándose de su “madre” y continuaba con la descripción de un sueño, un sueño en el bosque a donde escapaban juntos, era de noche y el cielo se iluminaba con una gran luna llena, de esas que sólo se ven en el mes de octubre; se recostaban sobre la hierba, el acariciando su cabello y ella pidiendo que la besara… la continuación de la carta fue interrumpida de tajo por la irrupción del padre de Neli.

-Qué haces? – interrogó frunciendo el seño en gesto acusador, cómo si intuyera lo que Neli hacía.

-Una carta papi, una carta para mi mamá.

-Quiero verla- dijo secamente y arrancándole el cuaderno. Neli sintió cómo su estómago se hacía un nudo, palideció y bajo la vista, quedándose muda y paralizada.

Su padre arrojó el cuaderno a la basura y comenzó a golpear la mesa, buscó a su alrededor con la mirada de un loco; Neli sabía lo que seguiría, llegó incluso a temer por su vida. Su padre encontró lo que buscaba: la regla de aluminio con que cortaba las hojas de cristal. Golpeando con ella la mesa fuertemente preguntó: ¡para quien es!

-Para nadie, lo juro

-Es para él, verdad? Para el imbécil de tu tío¡¡¡ ve por él, rápido, ahora mismo vas a darte cuenta de la basura a la que crees amar. Eres una estúpida si piensas que él te quiere, que no te das cuenta que esto está mal? – vociferaba, mientras aventaba cosas a su alrededor y la abofeteaba repetidas veces, Neli sólo sollozaba intentando no llorar, sabía que eso sólo irritaría más a su padre. En un movimiento su padre le lanzó una cuchilla, que por milagro Neli logró esquivar, entonces corrió a buscar a su tío, llorando llegó a él y le dijo que su padre lo buscaba y estaba muy enojado.

La reacción del tío la dejó perpleja:

-Dile que él venga, no voy a salir de aquí, suéltame, tú tienes la culpa de esto. Deja de llorar y vete

Su padre siguiéndola detrás…

-Dónde está?¡ cabrón sal de allí si eres tan valiente, anda, maldito imbécil te voy a matar¡¡

Y detrás el abuelo, la abuela, la tía, la madre de Neli, todos suplicando…

La historia vuelve a tener lagunas, pero Neli no olvida jamás esta escena:

En el patio principal, rodeados del abuelo, la abuela, la tía y la mamá, Neli en el centro entre su padre y su tío, su padre la toma por lo hombros dándole una fuerte bofetada y volteándola para que quede de frente a su gran amor, gritándole –mira, mira a tu hombre, este es al que dices amar, míralo y pregúntale, que te diga ahora que te quiere…
Ella lo ve con lágrimas en sus ojos, esperando encontrar alivio en su mirar, esperando una seña de aliento, algo que le indicara que todo acabaría pronto, que él, el amor de su vida la rescataría; pero sólo se encontró con un rostro frío, indiferente que ni siquiera volvió su cara para verla…

Muchas veces he intentado antes contar la historia de Neli, pero es tan complicado, y cada vez que lo intento sólo consigo fragmentos, muchos de ellos sin hilación, desordenados cronológicamente, fragmentos sin nexos. Así que me quedo frustrada, sabiendo que la historia está aquí en mi mente, está toda completa, pero es imposible escribirla, contarla…

Ahora no he logrado algo diferente, la historia tiene fragmentos de diálogos atemporales, no hay principio ni fin, no me es posible mostrar lo triste que Neli se sentía al final, lo enamorada que estuvo, lo mucho que amo a ese hombre, lo asustada que se encontraba al principio, lo sola que estuvo todo el tiempo, lo doloroso que fue el “darse cuenta”, ni siquiera puedo explicar de que se dio cuenta, qué descubrió cuando todo explotó en su cara, y cómo lucho y sufrió por olvidar, por seguir su vida y ser “normal”.

Esta historia es decepcionante…

domingo, 19 de abril de 2009

Marina

Me provoca asco ver mi superficialidad reflejada en el espejo,
saber que las hojas secas han comenzado a caer…

Marina tiene 42 años, y está pasando por la crisis de los cuarenta, esa en la que todos voltean a su pasado y revisan con lupa su presente, en que nada de lo que han hecho parece suficiente y que lo que están haciendo se ve tan superficial, tan banal.

Hace una semana Marina decidió que su vida es un desastre, que ha fracasado y no es feliz, y que hace años que necesita ayuda profesional. Ha dejado de comer y duerme 12 horas diarias, ha perdido la capacidad de sentir placer y no tiene energía, su cuerpo está cansado y su mente se está apagando, dejándose ahogar por ese sentimiento de tristeza profunda que caracteriza la depresión.

Su familia es casi indiferente, se acostumbraron a que usara su estado de ánimo como chantaje para obtener…lo que sea. Pero Marina está segura de que está vez está fuera de control, y que debe buscar ayuda. Aunque como siempre ha buscado ayuda fuera de casa, manteniendo oculta toda la información, haciendo de todo el proceso un misterio, generando dudas y sospechas, las mismas dudas y sospechas que acabaron con su matrimonio.

Lo único claro es que Marina no es feliz y se está dejando morir. Sus hijos la observan pensando que sólo es una más de sus actuaciones, además de que no saben cómo podrían ayudarla pues ella simplemente ha dicho: “no quiero que se involucren”.

Que fácil, pensaron todos, haberlo dicho antes, nos hubiéramos ahorrado tantas preocupaciones…

Marina tiene 42 años, es profesionista, tiene un trabajo y se relaciona con mucha gente (gente inadecuada que la ha llevado a estar como está). También cuenta con un seguro social, una cuenta en el banco, seguro de vida. Tiene 5 hijos y un ex esposo que viven mortificados por lo que hará al día siguiente, por si verá a merengano o perengano, por si dirá esto o lo otro, por si hará o dejará de hacer…

Sí, nadie lo duda, Marina tiene una vida miserable que se ha construido ella misma y que a sus 42 años quiere reconstruir.

Todo por servir se acaba

Con el tiempo también los sentimientos se cansan, las emociones cambian, el cuerpo se agota, el pensamiento se vuelve lento y muchas veces indiferente. Lo que pudo parecer muy importante ahora es menos que insignificante.

Tanto esfuerzo hacemos, no obstante, en tratar de mantener una continuidad, en tratar de seguir amando a las mismas personas por muy cabronas que hayan sido con nosotros, en seguir poniéndonos locos con esa serie de tv que tanto disfrutamos por muy boba que parezca, nos esforzamos en mantener el equilibrio.
Pero qué pasa cuando todos y todo parece unirse en tu contra, en que pasa el tiempo y siempre las mismas personas y las mismas situaciones intentan llevarte al límite, y se esfuerzan lo indecible por tratar de sacar de ti ese lado oscuro que insisten en que es mejor que así sea, pero en cuanto atisban un poquito de esa parte oculta que tanto quieren sacar a la luz salen huyendo, o te creen la peor persona del mundo, y se asustan y se admiran de lo que ellos mismos provocaron. Pero claro, la culpa siempre será tuya.
Los límites son peligrosos, todos tenemos uno, y estamos luchando todo el tiempo por permanecer del “lado bueno”. Pero siempre hay quien te va llevando hacia el otro, aquel amigo que constantemente te presiona para que te enojes y “saques tu lado rudo” “porque siempre eres tan amable, tan sonriente, nunca reclamas”. Tal vez si no lo haces es porque no debes hacerlo, tú conoces la razón, tú sabes cómo reaccionas y quizá no te agrade; sin embargo tu amigo cree que es malo para ti.
Llega un momento en que te vuelves indiferente a la presión del medio, o lo contrario más sensible y reactivo. Pero me estoy perdiendo en el camino. El punto es que todo se va desgastando en la vida, con el paso del tiempo y la experiencia ya no ves caer la lluvia con el entusiasmo que lo hacías cuando eras un infante.
La vida se va volviendo rutinaria, de lunes a sábado estudias o trabajas, todos saben que te encuentran en horario de oficina solo marcando 01-800-estoy trabajando; por las noches te sientas en tu sillón favorito y como autómata enciendes el televisor, o te embobas frente a tu computadora por horas, ya sea jugando, disque haciendo tarea, viendo porno quizá; y si tienes con quien tal vez pases las noches inventando juegos bajo las sábanas. Los fines de semana buscarás algún amigo, si es que aún tienes alguno con el que desees pasar más de 15 minutos, y seguramente hablaran del pinche jefe que se cargan, o de la pinche maestra de pelos morados que te tiene loco y terminaran pidiendo a gritos una cheve o un cigarro para que el momento sea más ameno.
Comienzo a fastidiarme de lo banal de la vida…

jueves, 16 de abril de 2009

Los hombres de mi vida

En todo ser humano siempre hay eventos, personas, animales o cosas que le dan sentido a su vida y porque no, que alrededor de ellas se construya su destino. En mi caso, mi vida gira y soy lo que soy por el paso de los hombres en mi camino. Así es, lo más importante en mi mundo son los hombres, los hombres de mi vida y en general cualquier cabeza hueca con pene.

El primer hombre que dejo su huella en mi camino es mi padre, hasta la fecha su influencia está presente en muchas de mis decisiones, para bien o para mal.

Mi padre, una mezcla extraña de machista reformado, un neurótico obsesivo que ha luchado eternamente por dominar su angustia y sus miedos, por ser más paciente, tolerante y sensible a las necesidades de los otros y menos egoísta, particularmente a las necesidades de su familia y que en el intento nos fue arrastrando teniendo que pagar el precio de sus fracasos.

Él me ha enseñado ampliamente el funcionamiento de la psique masculina, entre otras cosas, aprendí a sufrir en silencio pues una nunca debe llorar frente a un hombre, sólo lo harás sentir omnipotente, que tiene todo el control sobre ti (aunque pueda ser cierto); a quedarme callada, a no pedir y siempre dar, a no esperar, con él conocí la resignación. Pero también me enseño a luchar, a ser sumisa en casa y emprendedora en el exterior, a ser selectiva y un tanto calculadora, a observar y conocer. Aprendí a ser líder y tener el control sin necesidad de ser la figura pública, sólo moviendo los hilos adecuados.

Sería interminable continuar con la lista de lo que mi padre me ha enseñado. Después llegó Francisco Javier, el primer niño que me gustó, mi primera ilusión aún infantil, mi primer beso de amor, cómo olvidarlo, con él que columpiarnos tomados de la mano era igual que volar, aprendí a soñar despierta, a crear historias fantásticas y creer en los príncipes y dragones.

Qué momentos tan felices pasamos juntos, tan inocentes y tiernos, que aún hoy al recordarlo me causa nostalgia. Le siguió Antonino, él me enseñó lo que se siente ser humillada frente a una multitud, despertó mi coquetería natural y mi orgullo. Con él nació el primer indicio del sentimiento de odio, hasta entonces nunca experimentado. Creo que siguió Alberto, un niño muy feliz que me recordó que la inocencia aún existía y que aún podía encontrar restos de la niña extraviada en el cuerpo de una mujer.

A partir de aquí se siguen unos a otros consecutivamente, algunos incluso son a la par, el tiempo acelera convirtiéndose en una bomba que en su momento llega a estallar. Jacobo, Juan, Caballero, otro Juan, Gerardo (“el tacos de oro”), Armando, Roldan y Víctor; todos ellos conforman un solo momento, una etapa de mi vida que duró aproximadamente 5 años.

Dos son los principales: Jacobo y Víctor. El primero fue mi primer gran amor y mi gran verdugo. Fue el hombre con el que aprendí a amar, al que me entregue en cuerpo y alma, con el que compartí mis emociones, con el que aprendí a hablar sin palabras solo con las miradas, descubrí como evadir las normas para escapar y pasar unos instantes a su lado. Con el que forje mis mayores ilusiones, un futuro juntos. Pero también fue mi más grande desilusión, la más grande traición que he sufrido, uno de mis mayores dolores. Me dejó el miedo a la soledad, al abandono, a enamorarme, a partir de él me envolví en un caparazón indestructible, en el que parcialmente se filtró Víctor, pues apenas se estaba formando en ese tiempo. Me creí que estaba destinada a una vida solitaria, que nunca formaría una familia, que nunca podría pertenecerle a nadie, que sería un ave salvaje, alejándome de toda relación interpersonal que vislumbrara un poco de profundidad, de entrega emocional por mi parte.

Así pues, con Víctor tuve una relación basada en la atracción sexual, jamás compartimos otra cosa, solo había besos y caricias entre nosotros, me sorprende que haya durado tanto para solo ser eso. Los demás fueron relaciones furtivas, superficiales, frías, fui completamente indiferente a ellas, me comportaba entonces altiva, orgullosa, caprichosa, se hacía lo que yo quería y como yo quería, no me permití enamorarme de ninguno, ni siquiera ilusionarme un poco. Eran solo chicos, con quienes pasar un rato y a quienes besar cuando tuviera ganas. Cuando dejaban de satisfacerme los dejaba y podía quizá regresar un día solo para asegurarme de que seguía siendo importante.

La siguiente etapa se caracteriza por un cambio en mi sensibilidad, conozco a López, Daniel, otro Daniel, “Cacho”, “Changa”. Con ellos, que también se presentaron casi a un tiempo, uno detrás de otro, comprendí que los hombres no eran solo una fuente de satisfacciones subjetivas. Comencé a darme la oportunidad de conocerlos, saber cómo pensaban y cómo sentían. López y el primer Daniel me enseñaron la vanidad intelectual, la arrogancia y el desprecio por lo banal. Los otros tres eran lo opuesto, chicos rebeldes pero con una gran capacidad de amar, fueron mi primer contacto con el sufrimiento profundo de otros y entonces comencé a involucrarme, me di permiso de entrar en la vida íntima de otros, sin embargo aún no podía permitir que ellos entraran en la mía.

Luego apareció el primer hombre del cual me enamoré profundamente, Pierre, lo idealice como a ninguno antes y después, representaba todo lo que hasta entonces había buscado, además de que había despertado mi sensualidad dormida, volvía a sentir el impulso sexual que apague durante tres años antes. Él fue la primera cintura a la que até una soga para salir del fondo, se convirtió en mi fuerza, mi alegría, mi esperanza, mi motivo para vivir y poco a poco se convirtió en mi amor platónico. Tuvimos algo sin nombre, sin título, desde entonces no me gusta tener relaciones con título, odie la formalidad y amé más que nunca mi libertad.

Después de un tiempo apareció una figura fugaz y prohibida, Martín, un hombre maduro que rompió mi barrera sexual con los hombres y retomé mi actividad sexual, por supuesto que sin ninguna vinculación emocional, y claro, sin ningún compromiso.

Estoy llegando casi al presente, me veo en la necesidad de omitir nombres para no herir susceptibilidades. Cuando conocí a C.A., fue la segunda vez que me enamoré a pesar de haberme prometido jamás volver a hacerlo, él pudo y aún no sé cómo, romper todas mis barreras, sin apenas darme cuenta de ello. En cuestión de semanas se metió en mi vida tan profundamente que me aterroricé. Fue la primera relación con la que permití que conociera mi vida íntima, con él mostré mi lado sensible y tierno, le permití conocer mi interior, y un poco de mi dolor. Descubrí que el amor puede ser increíblemente tierno y se presenta de muchas maneras, que no todo contacto físico es sexual, que no necesitaba fingir ser otra para ser aceptada y querida. Recobré por conocerlo, la alegría por vivir, retomé planes personales a futuro y al paso del tiempo gané un gran amigo.

Después se presentaron tres personas al mismo tiempo, entré en una especie de crisis personal que me llevó a involucrarme erróneamente con dos de ellos, poniendo en riesgo la gran amistad que existía con uno de ellos. A.E y J.M. mi crisis consistió en la dicotomía entre sexo y amor, era incapaz de unirlos, y cada uno de estos hombres representaba un extremo. El primero la parte sexual y el segundo el amor. Llegué al punto en que mi control sobre mi cuerpo se desvanecía, entrando en el límite del libertinaje, afortunadamente quizá, fue el preciso momento en que entro A en mi vida.

Y de una manera muy similar a como ocurrió con C.A, en cuestión de semanas entro en mi vida íntima, me provocó las ganas de entregarme de desechar todas las barreras que venía arrastrando, me motivo para arriesgarme, no sé cómo pero vi en él todo por lo que sabía que valía la pena lanzarse al vacío sin redes. La dicotomía entre sexo y amor desapareció con él, aprendí muchas cosas y se lo agradezco enormemente.
Siempre obtengo lo que quiero, encuentro lo que busco, poseo lo que deseo, más tarde o más temprano, de una u otra manera siempre lo logro.

Si hay algo que caracteriza mi vida es la “sobrevivencia”, la lucha constante por emerger del fango con las alas limpias. Mi mayor contrincante soy yo misma, el juez más severo. Me gusta competir y ganar, auque de las derrotas se aprende mucho, también hay que saber perder de vez en cuando y sobre todo saber cuando retirarse.

No recuerdo haberme rendido nunca en ninguna de estas luchas de la vida, he tomado muchos descansos y muchas veces he atado una cuerda a la cintura de alguien, aunque ese alguien sea imaginario, para que me saque del fondo en el que muchas veces he caído.

Mi cuerpo y mi alma tienen una vereda de cicratices, son las huellas de mi pasado y mi presente e indican (algunas de ellas) el camino que ha de seguir mi futuro.

Estoy orgullosa de mi vida, de mis buenas y malas decisiones, de mis derrotas y victorias, de mis dolores y alegrías; es por mi historia que soy lo que soy. Amo lo que soy aunque a veces no lo quiera e intente eliminarlo, eliminarme, mutilarme sería lo apropiado.