Lo que dejo atrás

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Hablar con papá



No soy heterosexual. Pasaron 25 años de mi vida para darme cuenta, no lo he dicho a nadie jamás. Últimamente tengo en mi cabeza la siguiente frase: “hablar con papá”. ¿De qué, qué le diría? Siempre hablamos aunque hace años sabe realmente poco de mí. No sé de qué quiero hablarle, a veces es simplemente sentir esa calidez de los años mozos, cuando podía embelesadamente escucharle hablar por horas, mirar sus facciones gruesas, sus gestos y expresiones de agrado o desagrado ante sus propias ideas, escucharle atentamente aunque estuviera en desacuerdo, o para estar en desacuerdo; añoro esos debates acerca de Dios, de los pilares básicos de la vida, de los noviazgos y del matrimonio, de los hijos, de sexualidad; siempre en desacuerdo, siempre contra-argumentando y siempre juntos.


El tiempo no pasa en vano, ambos nos llenamos de trabajo, poco tiempo y muchos kilómetros que recorrer; el teléfono en estos casos más que acercar estorba. Una vez me contó un sueño, yo he de haber tenido unos 17 años; en el sueño yo era pequeña, un bebé y papá me cuidaba, recuerda mirarme con ternura, luego una angustia le invadía y cuando volvía a verme yo estaba toda herida, lastimada, destrozada. Me lo contó llorando. Yo no dije nada. Compartíamos el mismo dolor.


Quizá por eso tengo en mi mente hablar con papá, contarle, al igual que lo hizo él en ese tiempo, un gran dolor mío, contarle quizá la historia de esa bebé herida, lastimada, destrozada que por más que él tomó en sus brazos e intentó curar no lo lograba. Decirle que la nena creció e intentó toda su vida adaptarse al estándar establecido, “ser una mujercita, casarse y tener hijos”; decirle cómo llegó a enamorarse de un gran hombre, un buen hombre, uno que había sufrido lo suficiente para entender el dolor que ella guardaba dentro, quizá porque él lo compartía. Un hombre atrapado en una sexualidad masculina y promíscua, encubriendo su homosexualidad…y la nena, atrapada en una sexualidad amorfa, perversa. Más en este punto su rostro ya estaría congestionado, ¿qué está diciéndome mi niña? Y lloraría al darse cuenta que efectivamente él no pudo hacer nada para sanar a su bebé, que la herida desgarro más que sus genitales infantiles, que rompió algo más que su niñez.


No soy heterosexual. Más cuando él pregunte si soy lesbiana, no podré contestar que sí, me quedaré callada sin saber si ser honesta y contestar no sé, o dejar que siga interrogándome. ¿Has tenido relaciones sexuales con mujeres? Quizá se atreviera a preguntar. Sí. ¿Y después? ¿Cómo explicarle que el sexo no funciona igual en mí? No me importa mucho si es hombre o mujer fisiológicamente hablando, ni me tiene con cuidado que preferencia sexual profese, ¿cómo decirle que a veces es algo que no puedo controlar? Pero entonces has sido promiscua, pensaría sin decirlo, con la pregunta en la mirada. Mucho, diría yo, y con cada vez me lastimo más, a veces quiero dañar mi cuerpo, sentir el dolor de ser desgarrada una vez más; luego quiero amor, cariño y que me traten con fragilidad.


Los hombres me gustan y me excitan impresionantemente, las mujeres me gustan y me excitan impresionantemente, los gay, trans, lesbi, etc., me gustan y me excitan impresionantemente, los niños y las niñas…también. Jamás dañaría a nadie, jamás mataría la infancia de ningún niñx; no es necesario lastimar a nadie más.


La verdad final es que quiero enamorarme de nuevo, más no del hombre que él espera; quiero enamorarme sin más, de cualquier persona a la que pueda mirar a los ojos sin miedo, aceptando cualquier preferencia sexual que tenga, quiero tener una pareja sin preocuparme de qué dirá él, de si está de acuerdo o no, quiero ser libre de expresar mi polimorfa sexualidad; de que no me juzgue ni él ni nadie, pero sobre todo él. Quiero atreverme a decirle a la mujer que me gusta qué ha hecho para ser tan natural, tan espontánea, tan libre, tan inalcanzable…quiero dejar de soñar con ella a mi lado y realmente despertar a su lado, sonriente, tranquila, amando su sonrisa matutina y su pelo revuelto al despertar.


Más no me atrevo, porque mis cadenas son una burla para su inapreciable libertad, porque desde mi guarida la observo y me deleita, luego debo volver a mi cueva asexuada para no tener que dar explicaciones.


Todo esto es una bomba, papá, y yo no te quiero matar. Sigo vigilando el tiempo que le queda, sigo esperando encontrar una manera de desarmarla, desprogramar el reloj, encontrar los cables que evitan la explosión. Mientras tanto, en mi agenda sigue escrito con manuscrita: “hablar con papá”.





miércoles, 5 de noviembre de 2014

Noviembre



I

Hojas secas alfombrando un camino de tierra, alrededor los árboles, bordeando elegantemente el sendero, un viento suave que combina perfecto con el crujir de las hojas al ser pisadas por mi caminar. Estoy sola, mis brazos se abren intentando sentir el aire, mi compañero está aquí…allí.

En silencio mi alma se comunica con los árboles y las hojas secas, con el viento, con la corteza de los troncos; áspera piel que cubre la vida. El sendero no tiene fin, ni principio, no hay delante ni detrás; aunque camino no sé si avanzo pues alrededor no hay cambio alguno, no parece haber movimiento, sólo una larga hilera de árboles todos iguales, no puedo ver las copas, parecen enormes troncos infinitos hacia el cielo, creo…encima debe haber un cielo azul, no lo sé.

Ni siquiera soy capaz de mover la cabeza, sólo me dirijo hacia el frente (lo que supongo es el frente) ¿Hace frío, hace calor? No hay clima, sólo existe el viento suave, hojas secas y grandes árboles sin copas, que no obstante impiden ver el cielo azul allá arriba, porque, es azul ¿cierto?

El sendero amarillo de hojas secas, amarillo y crujiente, suave viento debajo de mis pies, áspera corteza cubriendo a la vida, ¿a dónde se me fue el futuro? ¿Dónde me dejó el pasado? ¿En qué momento me abandonó el destino?

Mi mano derecha se cierra…quizá debajo, debajo de la corteza siga estando, tu vida, mi vida.

II

Un eco de voces llega a mí, mil sonidos distintos de palabras que a lo lejos se pronuncian como si le gritaran al viento, porque a nadie veo, nadie está aquí y sin embargo hablan, todos al unísono pero con la cualidad de poder escuchar a cada voz por separado. Me siento flotar, como arrullada en el viento por el eco de las voces.

Más no es su voz, esa se ha silenciado desde hace mucho tiempo. ¿Qué se sentirá escucharte de nuevo? ¿Cómo latirá mi corazón si percibiera de nuevo tu aroma? ¿Sigue siendo tu piel tan suave y blanca? Pregunto pero mi voz no se escucha, el eco de todas las voces me apaga, yo no tengo sonido y tú no podrás jamás escucharme… ¿a dónde, corazón, te has ido?

Quiero apagar el sonido, que el silencio vuelva a mí en un abrazo tibio…y vuelve, las voces se apagan de pronto, no hay ruido y dejo de flotar en el viento cayendo lento sobre la manta de hojas secas, pero ni al roce de mi cuerpo emiten sonido alguno. El silencio preciado me envuelve en mil caricias tibias y me arrulla, el llanto cubre mi rostro, al fin, la tristeza vuelve a mi cuerpo permitiéndome sentirme viva –un poco- a medias.

Parece tu ausencia un bloque de cemento pesado que cargo sobre los hombros cubriendo mi espalda entera. Mis alas de mariposa azul se opacan, pierden no sólo el brillo sino sobre todo la fuerza, estoy indefensa, sola y rota; vuelvo a ser oruga y ya sólo espero, quizá cuando Noviembre vuelva a ser Marzo, yo emerja de nuevo como mariposa y vuele libre, sin peso…buscando siempre tu encuentro.
 
III

¿Y por qué no? Ya noviembre roza su final, ¿y por qué no dejarme sentir? 

¿Y qué? Si te busco y quizá te siga buscando toda la eternidad, ¿qué? ¿Qué pasa si de pronto decido no moverme? ¿O si me muevo, qué? 

¿Si estarás en ti, en nada o en todo, qué? ¿Y si el humo hoy inunda de nuevo mis pulmones, qué? Sí…si me quito las cadenas, ¿qué? Si con eso me ato más, ¿qué?

¿Por qué no? Por qué mi afán de salir huyendo, ¿de ti? Qué absurdo, me parece que la vida es quien me persigue, y sí, yo huyo, salgo corriendo cual si fuera la muerte quien me pisara los talones… ¿qué demonios es lo que respiro cuando no lo hago?

Anoche observé mi cuerpo desnuda frente al espejo, me fui quitando prenda por prenda y no me hallé. Había un espacio que separaba mi piel de la piel que el espejo me mostraba y justo allí no estaba yo, me recosté entonces para saber si mis manos me reconocían y no, tampoco estuve allí…pero esos ojos que aunque cerraba seguían abiertos no cesaban de ver esa extrañeza que sentían mis dedos.

Después de tres cigarrillos ya siento náusea, ¿pero de qué? Recuerdo cómo hacías ovillos con el humo de tu cigarrillo cuando fumabas, ahora creo que con cada uno te dibujabas en el aire. Yo no sé hacer ovillos con el humo, pero disfruto cómo éste se mete a mis poros y pone erectos mis pezones, cómo parece que me voy del mundo a la tercer inhalada de ese veneno, entonces sólo estoy conmigo, esos momentos donde estoy sin estar y por eso siempre son a solas, no disfruto nunca tanto un cigarro que a la tercer bocanada, y jamás si estoy con otros pues ellos me obligan a estar presente, ¿dónde queda mi libertad si no estoy sola?

Pero ya noviembre está por terminar y sin embargo yo me quedaré, vendrá diciembre, enero, febrero, marzo y aquí seguiré, buscando siempre... ¿qué? Tal vez no lo sepa nunca.




domingo, 2 de noviembre de 2014

Intentémoslo


Imaginé decirte: “intentémoslo”, de mi boca las letras salieron para transformarse en un “tenté lomo sin”, quedándote perplejo unos instantes para luego decir, eso no está en la carta. Claro, mi sonrisa nerviosa disimuló un chascarrillo debido al hambre, la excusa, la carta no tiene letras que valgan.

Michelada, me apresuré a pedir la bebida, no fuera a fallarme de nuevo el habla. El tema lo olvidó mi boca, mi mente siguió torturándose hasta que empecé de nuevo a imaginar, ahora, que escribo como para que me leas. No tanto, por tonto o vivaz, que al momento que tus ojos siguieran mis líneas aún de lejos yo me ruborizara, así, detente justo en este párrafo, por favor no sigas que más adelante me delata de nuevo mi, quizás…y es que sigo pensando que tal vez, un intentémoslo hablado así nomás, hubiera acaso permitido mi sueño regresar.

Mira, cómo mis letras tiemblan cual voz apagada no logra escapar, de mi garganta tortura se vuelve al hablar, si mis manos siguen intentando a la par, lo que mis ojos niegan cuando los tuyos esquivan, ahora por ejemplo, que de lejos me ves, siguiendo mis líneas desnuda a tus pies.