Lo que dejo atrás

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domingo, 13 de julio de 2014

Qué te digo




¿Qué te duele corazón? La certeza. Ya lo sé parece tonto, a muchos les duele más bien la incertidumbre, sobre todo cuando de amor se trata, sin embargo la incertidumbre para mí sería un tierno abrazo. ¿Qué se hace cuando miras a un lado y a otro y tienes la respuesta? ¿Qué se hace cuando retrocedes un poco en el tiempo y te detienes justo en el momento en que decidiste equivocarte? Porque fue una elección, y no pienses mal, la elección fue buscando una incertidumbre y no una certeza, pero el punto es ese, al momento del titubeo ya estaba la certeza plasmada en la cama tan segura de sí como que la noche sería larga.

Hoy descubrí otra cosa más. He pensado durante un largo tiempo hasta hoy, que lo que me dolía era la distancia, el destierro, el no tener hogar, el ser un extranjero; sin embargo en “casa” me he sentido más desdichado, de pronto no encontré nada familiar, fue como pasar la noche en un hostal escuchando ruidos del exterior y sabiéndote todo el tiempo en un lugar ajeno y frío. Caí en cuenta entonces de mi dolencia, la certeza nuevamente.

¿Qué tengo mío y de nadie más? Me pertenezco entero, completito, de cicatriz a cicatriz; y me pertenece también la noche y el día, los minutos con sus segundos que se me han compactado en esto que llamamos vida; y de nuevo la certeza, de no querer nada más, de gozar la sensación nostálgica e independiente que me brinda mi departamento en el último piso de un edificio, donde puedo asomar la cabeza estirando un poco las piernas y el cuello para encontrar hormiguitas por gente en la avenida, autos que van y vienen, personas corriendo, gritos y risas de niños y un cerro a lo lejos.

Certeza de que lato fuerte bombeando sangre a un cuerpo que jamás dará vida a otro cuerpo. Certeza de soledad compartida con cada conductor de auto compacto que se detiene en el mismo semáforo y voltea de reojo en un gesto de camaradería. Certeza de amor inmenso por la vida, por los hombres como especie y por la muerte como anhelo. Certeza de que moriré tal cual como no llegué a este mundo: en silencio y soledad apacible.


Es hermosa esta certeza, tan dulce, tan poética y por tanto, tan dolorosa.

miércoles, 9 de julio de 2014

Cojamos. Cojo tú y yo, muleta.



Quiero coger –Le dice ella. –Es a mí. Se sorprende él, casi se esconde bajo la banca del parque en el que están sentados.

No, no es a ti, es decir, no estás mal claro, pero eres mi amigo, ¿cuántos años llevamos, ocho? No, no es a ti. Pero quiero coger. Mira estoy llena; llena de desesperación, llena de tristeza, llena de enojo, llena de soledad, llena de melancolía, llena de nostalgia. En pocas palabras estoy llena de mierda, un montón de sentimientos de caca que me tienen mal.

-Vaya, pocas veces te he escuchado hablar así, jamás dejará de sorprenderme cómo puedes cambiar de un minuto a otro y que la conversación de un giro de 360°

Sonriendo, responde mirando sus pies que se columpian en  la banca sin tocar el piso. Nunca tocan el piso, es una mujer pequeña de firmes y rudas decisiones. Se queda así mirando mecerse sus pies, pensando y parece que nada la sacará de su ensueño.

-¿Qué pasa Estrellita, qué tienes?

-Es sólo que todo es banal, demasiado ligero en esta vida y a mí me pesa tanto. Cuando coges, así como lo digo, COGER, con letras rojas y vulgares adornando un pito de mierda pintado en una barda de barrio, todo se evapora temporalmente. Se queda el vacío y entonces hay que llenarse de nuevo. Porque cuando coges no hay nada, no hay amor, no hay soledad, no hay nostalgia, no hay melancolía, no hay tristeza, no hay desesperación…en pocas palabras no hay nada; pero al final eso de lo que estaba llena es absorbido por una enorme sensación de vacío y entonces tengo que recomenzar de nuevo, puedo volver a llenarme…ojalá pudiera llenarme de otras cosas menos cagantes.

-No sé qué decir, vamos, qué quieres oír, no quiero que mi amiga vaya y coja así como dices, para vaciarse… yo quiero verte feliz, saber que estás bien y si quieres tener sexo, ¡pues adelante! Pero por qué así tan feo, tan bajo, ¡coger! ¡Eso qué!

-¿Quieres coger?

-¡Noo! Es decir, sí… o sea, no, ¡Ay ya! ¿Ves lo que te digo? Jamás cogería contigo, tú me importas y no podría hacer eso, así sin que me importe porque yo sé que te afecta, que quizá conmigo no sería solo “coger” así como lo dices y entonces no te vaciarias, y buscarías llenarte de otras cosas que yo no podría dar. Eres mi amiga, lo hemos sido por más de 8 años, te quiero y te cuido, ¿recuerdas?

-Recuerdo. Cojamos pues…

Se abalanzó sobre sus labios, lo besó profunda y apasionadamente, se sentó en sus piernas, le lamió el cuello y mientras su sexo se ponía caliente pudo sentir que el miembro de él comenzaba a reaccionar. Él apenas respiraba, se quedó helado y sus manos posaban dos milímetros encima del aire que rodeaba las nalgas de ella…ella, ella se detuvo de golpe, le tomó el rostro con ambas manos, le miró fijamente a los ojos y sonriendo dijo: Gracias por no tocarme.

Sin más se levantó de encima, sonriente, muy sonriente le tomó la mano y comenzó a caminar rumbo a casa. No era necesario decir nada. A los cinco minutos reían y bromeaban como siempre, él hablaba de su novia, ella lo escuchaba atentamente y luego se echó a correr para que la persiguiera.




martes, 8 de julio de 2014

¿En dónde?

En algún momento regresaste, te siento en cada parte del departamento. Abro la persiana y estás allí, en la cocina, en el cuarto, en la sala. Llevo en el ambiente una nostalgia flotando alrededor de mí como una especie de segunda piel. Sé que estoy triste, pero es una tristeza tibia, que me abraza, me cobija, me acaricia y me acompaña.

Luego al detenerme en cualquier punto de la casa te siento. Es quizá que te necesito cerca, que me haces falta, que… y tantos que. No sufro, no te preocupes…ojalá pudiera explicarte, ojalá pudiera entender, pero nada, yo no entiendo lo que pasa.

La verdad…ah, mi mente y alma se agotan intentando aprehenderte en tu efímera ausencia.


¿En dónde me esperas ahora, en qué sueño te busco, en que voz, en qué silencios, en qué deshoras, corazón? ¿En dónde, en dónde estás, en dónde me esperas ahora? ¿En dónde te encuentro, en dónde te busco…?


miércoles, 2 de julio de 2014

¿Quién es él? Jo.


Una de las personas más distraídas que conozco, puede olvidar la tarea hasta cinco minutos antes de que se la pidan, seguramente olvidará más de una ocasión una fecha importante, un cumpleaños, un encargo, dejará de enviar mensajes por largo tiempo, quizá hasta parezca que tiene demasiados amigos y ocupaciones para dedicar suficiente tiempo a cada uno de ellos. No obstante a veces sabe hacer una pausa, prestar un oído a sus amigos, sabe escuchar con paciencia y dejar de lado sus propias creencias y/o prejuicios para tratar de comprender a quien le habla. Tiene uno de los corazones más tiernos que conozco. Sus consejos generalmente son maduros, siempre tiende a desear lo mejor para los otros, a veces se preocupa pero rara vez lo dice. No suele pedir ayuda en asuntos personales, se queda callado y se acerca a su única certeza verdadera: Dios.

Es un hombre grande, reconocible fácilmente a lo lejos por su silueta y su gran abdomen, siempre dan ganas de llegar y abrazarle. A pesar de su tamaño es increíble que puede llegar a perderse entre la multitud, quizá por distraído, quizá porque a veces es torpe. Su risa es sonora, cómplice, traviesa; su seriedad puede llegar a turbar pues normalmente es sonriente.


Siempre tiene un proyecto en mente, su esencia es el movimiento, interno y externo, movimiento que genera energía.

Lobo y Mariposa

"La mariposa recordará por siempre que fue gusano"


Pregunten a mi alma si no lo creen. A las líneas finas de mis ojos que los años han colocado allí como regalo, a las estrías de mi abdomen herencia de mis hijos no nacidos. A mi corazón cansado de latir tan irregularmente, a mi sonrisa cansada que no obstante se niega a desaparecer de mi rostro.
Pregunten a mis manos temblorosas, a mis venas contaminadas de drogas biomoleculares, a mi cabello seco maquillado de mil colores. Pregunten a mis ojos, a mis pies descalzos, a mis piernas rotas.


Historias para soñar




Era simple, le pedía que me contara una historia, así se recostaba a mi lado, me abrigaba y abrazándome comenzaba una historia. Podía ser cualquier cosa, él hacía historias de la nada, una vez habló de una papa y un gato…sí, parece extraño pero fue una historia muy cómica.

No siempre tuvo historias en los labios para mí, a veces era él quien necesitaba ser abrazado y escuchar historias, pero yo nunca fui tan buena diciendo nada, aunque sabía abrazarle muy bien, eso se me daba, me le adhería al cuerpo como cobija y todo era calor. Su cuerpo así era mi hogar y mis brazos fueron el suyo.
También con silencios se platica, sucede frecuentemente entre los amantes, ni siquiera hablo de esas charlas de profundas miradas, no, hablo de silencios absolutos, de paz interna, de amor. Ese amor que no necesita de palabras.


Ahora me arropo sola, y de vez en cuando me cuento una historia en voz alta y siento como si él estuviera a mi espalda, casi percibo su aroma y el calor de su piel. Ya no le veo tan seguido cuando cierro los ojos, resulta que la memoria no es tan fiel salvo al olvido y el tiempo; cuando es necesario lo busco en mi corazón y sí, allí sigue intacto, hermoso, nostálgico, siempre contando historias. Después de todo soy una niña, necesito historias para poder soñar.