Lo que dejo atrás

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sábado, 5 de junio de 2010

Persiana



 
Se quedaba mirando las persianas cerradas, le gustaba sentir cómo la tenue luz rojiza que entraba a través de ellas la iba mareando lentamente hasta verse obligada a apartar la vista –en un principio- pero luego, fue aprendiendo a resistir hasta el punto de sentirse casi desmayar, entonces su cerebro hacía una maniobra que le fascinaba, las formas se distorsionaban pero seguían iluminadas con la luz rojiza, le parecía flotaba sobre el espacio dirigiéndose hacia ella y entonces volaba. Su cuerpo se iba despegando suavemente del sillón, aunque sus ojos seguían abiertos y fijos en la persiana, dejaban de mirar, sus pupilas se dilataban y ella ya hacía vagando en otro mundo incapaz de describirlo con palabras o imágenes.

Desde que descubrió esa peculiar cualidad de su mente lo hacía a menudo pero por ese entonces llevaba al menos cinco meses que lo había olvidado, tal vez porque sus ocupaciones la tenían distraída y muy amarrada al mundo real.

Buscando un lugar tranquilo para trabajar con su ya hija adoptiva (laptop) descubrió el salón de descanso del personal, apartado de todo y con cómodos sillones. Se había acomodado perfectamente en el sillón más grande, podría haberse recostado cómodamente y dormir pues era aún mejor que su propia cama, sin embargo atrapada en el ritmo de la cotidianidad se concentró en poner a trabajar a su hija adoptiva.

-Botón de encendido, escribir clave, el típico letrerito de Microsoft Windows se está iniciando… sus ojos clavados en la pantalla y dedos ágiles a la espera, movimientos de cuello a un lado, al otro, un tronar de dedos y listo…

-Mis documentos, herramientas, opciones, ver documentos ocultos –No esperen, eso ya no es parte de la rutina. Por alguna razón que a nosotros nos permanece oculta, ella rompió la rutina y algo buscaba entre sus carpetas, seguramente era importante o al menos lo suficientemente íntimo para ocultarlo a sus propios ojos, pues nadie más utilizaba esa computadora y además todos sus archivos estaban cifrados, ¿para qué entonces ocultar una carpeta?

Hagamos una pausa aquí. Por más que le doy vueltas no la veo, ella está allí sentada en un sillón grande, el cuarto de descanso es tal vez pequeño, con una sola ventana cubierta por una persiana cerrada y sucia, muy poca luz se filtra a través de ella, las paredes deben ser color melón o un tono naranja porque con el efecto de la luz del atardecer puede parecer un tono rojo desgastado. Ella probablemente tenga su laptop sobre las piernas y esté jorobada sobre el teclado, su cabello cubrirá gran parte de su rostro obligándome a dar vueltas a su alrededor con la intención de verle la cara, pero sigue abstraída por la pantalla y con la cabeza baja no puedo verla, no sé cómo es su piel, sus ojos, sus labios, su nariz, lo único que puedo ver son sus delgados dedos deslizándose velozmente sobre las teclas de la computadora.

Lo único que se de ella es que antes de estar tan ocupada en el trabajo dedicaba largas horas a ver a través de las persianas de cualquier habitación donde se filtrara un rayo de luz rojiza y se sentía volar. Que ahora mientras debería estar siguiendo su rutina obsesiva de entregar un trabajo perfecto algo la distrajo, algo que busca y no encuentra en sus documentos, que esto que busca debe ser muy importante pues cada vez se impacienta más. Oh, oh, sí, allí está, ha girado la cabeza pero lo hizo tan rápido, miró toda la habitación con desesperación pero se quedó fija en la persiana justo del lado opuesto donde estaba yo, y no, no pude ver su cara.

Se ha quedado así. Al parecer ha olvidado su computadora y permanece viendo la persiana como antes. Da la impresión de que se quedará dormida pues ha bajado su laptop al piso y ahora descansa recostada en el sillón con la mirada fija en esa ventana, los ojos muy abiertos, tengo miedo de intentar verle el rostro pues le quedaría de frente, aun así lo intentó. Son grises y muy redondos, creí que me vería y al hacerlo preguntaría quien era yo, como entré y qué demonios estaba haciendo yo allí pero ella no me ha visto, me le he puesto enfrente y su mirada me ha atravesado la piel, incluso he sentido que la tenue luz rojiza que se filtra por la persiana me ha cruzado el cuerpo por cada poro convirtiéndome por un instante un cuerpo luminoso, como esos que sacan en la tele que se van desvaneciendo cuando "la luz" llega, es decir, cuando es tiempo de marchar al otro mundo.


                                                                       Y juro que no miento pero le vi flotar.

3 comentarios:

Eco dijo...

Primis!!

...


Es que no supe que comentarte por que no le entendí bien a tu testo... Entonces ¿Era un fantasma?

¿Y ya pronto postearas la próxima parte donde salen los robots gigantes?

suspiros dijo...

no, los robots gigantes no son parte de esta historia.

el tesxto en sí es un monólogo, como un borrador de lo que podría ser una historia de verdad, refleja la frustración del autor al no poder darle un rostro, personalidad, vida a un personaje. No habla de un fantasma, es el autor mismo intentando ver a su personaje para poder describirlo y la impotencia que siente al no poder hacerlo.

Esto es un borrador de algo que aún no es y que probablemente no será nunca.

Eco dijo...

Ahh, es que yo pensé que era alguien viendo a otra persona embobada. Algo así como un tipo espíritu que ve a una chava que anda toda ida por drogas o esquizofrenia o vete tú a saber y se le quedaba viendo y veía a través de él...

Tal vez tengas una historia si lo piensas...