Lo que dejo atrás

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domingo, 15 de enero de 2012

Borrados


A veces sólo queremos ser salvados, de vez en cuando debemos dejar ese trabajo a nuestra mente, ella sabrá que hacer para protegernos.

-¿Apagué el gas? No lo recuerdo. ¡Demonios! ¿Lo apagué? ¡Carajo!-


No era la primera vez que olvidaba si hacía algo o no. Al principio no le dio importancia, en su familia siempre la habían considerado algo "despistada" o tal vez "descuidada y distraída" sería una mejor descripción de su persona, pero hacía unos meses que sucedía.

-¿Viste eso?
-No, ¿qué era?
-Nada, no, no era nada. (Esto es tan raro, estoy segura que vi un perro moviendo la cola y sólo era un pedazo de tronco seco en la banqueta, umm, ya de tanto debería acostumbrarme a estas cosas)


Ese era su tipo de pensamiento ante situaciones, digamos, un tanto fuera de lo común, como cuando veía “personas sombra” –que así decidió llamarlas- en cualquier parte, primero únicamente al estar sola y entonces lo atribuía a su fantasía y al silencio que la rodeaba, pero luego comenzó a ver animales en los objetos inanimados, escuchaba sonidos o pensaba que las cosas se movían y entonces las miraba largo rato muy fijamente, pensando que tal vez sería un ratón.

Durante mucho tiempo solo ignoraba estos eventos, simplemente no les prestaba atención. Después hasta llegó a divertirle y le gustaba asustar a sus hermanos y algunos amigos, diciéndoles que veía personas muertas e incluso hablando sola mientras fingía mantener una conversación con algún ente invisible. ¿En realidad lo fingía? No lo sabemos, al menos yo no lo sé, pero me gustaría pensar que para ella sólo era un juego.

No lo tomó en serio ni se preocupó cuando ya no sólo olvidaba si había apagado el gas, si había tomado su teléfono o lo que tenía que hacer en una hora determinada. Tampoco le había importado no recordar todo lo que había hecho en su día, o en qué fecha reciente había visto a una amiga y en qué lugar se habían reunido. No le asustaban mucho sus lagunas mentales de eventos recientes. Había pocas cosas que le asustaban y yo no sabría decirles cuáles eran, quizá nadie lo sabía y si alguna vez alguien tuvo acceso a tanta intimidad con ella, sólo podría haber sido el amor de su vida, que por información mía y no de ustedes, era un hombre muerto –de forma literal-

Sin embargo pasó.

-¿Y si yo no fuera yo? ¡Cómo es posible que estando mis huellas digitales en el registro, el aparato no me haya podido identificar! Es como si yo no existiera. ¿Y si todo lo que creo que soy, que es mi vida, que he sido, simplemente no es? Eso podría explicar mis lagunas mentales, y esa sensación…ese sentimiento de repetir una y otra vez lo mismo, como si tuviera que vivir mi vida una y otra vez, cambiando ligeramente algunos eventos y agregando algunos años más. ¿Por qué tantos deja vu? Y ese algo, que no sé explicar, ese sentimiento de no pertenencia a nada ni nadie y la extraña certeza de una búsqueda perpetua. Si tan sólo pudiera contárselo a alguien sin que su reacción fuera enviarme al Psiquiátra o al Neurólogo. En fin…

Ese fue la primera aceptación, a su manera claro está, de que algo no iba bien en ella y probablemente el mal estaba en su cabeza. Pero cuando se dio cuenta que en verdad tenía un problema estaba en una reunión familiar y alguien tuvo la idea de jugar Basta, por supuesto que para Adelyn no implicaba mayor esfuerzo, un juego muy simple de palabras contra reloj y ella era la mejor cuando se hablaba de habilidades del léxico. Pero pasó lo que nunca podría haber imaginado y por qué no, atrevernos a suponer, uno de sus pocos pero terribles miedos: No recordaba las palabras, no era capaz de escribir la palabra exacta que correspondía a alguna imagen específica de su mente.

-Esto no puede estarme pasando a mí, rayos, concéntrate, concéntrate, sólo tienes que concentrarte-  Pero su mente seguía incapaz de ligar palabras con su significado. Caía en desesperación. La frustración era inmensa, pero Adelyn sólo siguió dentro del juego y fingió estar algo oxidada. Por su puesto su familia no sospechó nada.

-Quizá estoy en una etapa que aún no había vivido en mis otras vidas, porque es claro que he vivido mil años. ¿Por qué aún no sé qué es lo que busco, cuál es el objetivo de regresarme una y otra vez a los mismos eventos? O quizá sólo estoy enloqueciendo. ¿Podré perder la memoria, es esto un principio de demencia? ¿Dejaré de recordar a mis seres queridos? ¿No reconoceré mi rostro? No quiero olvidarte, a ti no puedo olvidarte.


::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::CONTINUARÁ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

2 comentarios:

Amanteceres dijo...

La memoria es muy caprichosa...

Un texto muy interesante, esperaremos su continuación.

Un beso desde mis Amanteceres.

Desvanecerse dijo...

El suspiro es una aleación de querer y frustración.

Besotes