Lo que dejo atrás

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viernes, 23 de noviembre de 2012

UN NIDO VACIO




Siempre imaginé que un nido vacío se refería al que dejan los pájaros cuando se van a otro árbol, me imaginaba a los pajarillos bebés intentando volar y al lograrlo seguir a los padres que les indicarían su nuevo hogar. Un nido vacío para mí era un pensamiento muy dulce, pues en realidad no significaba abandono sino aventura.

Hasta que cumplí 12 años y me di cuenta que un nido vacío podía significar tantas cosas más. Llegué a escuchar a los adultos hablando de eso como el momento en que los hijos se van y se quedan sólo ellos y al parecer ya no saben qué hacer con sus vidas. Pero también escuché, por decirlo así, siendo que en realidad ví a muchas mujeres que aunque no lo decían tenían un nido vacío porque sus hijos ya no estaban y el esposo había muerto. Ellas se autonombraban ancianas o viudas. Y así vivían.

De cualquier manera a veces pensaba de nuevo en el nido vacío que a mí me gustaba recordar, el de los pájaros cambiando de árbol. Hasta que empecé a vivirlo en mi carne, al principio no lo noté, llegaba a casa y sólo estaban algunas de mis hermanas, papá trabajaba tanto y mamá cada vez dormía más. El resto de la familia se había marchado hace tiempo.

Me di cuenta entonces que el nido vacío no era que los hijos se fueran de casa, o los hermanos, ni que los esposos y las esposas murieran y la gente se quedara sola, no, el nido vacío no era nada de eso; era el dolor de estómago que sentía cada vez que mamá no hablaba por teléfono, era mis uñas y dedos mordidos cuando se acercaba la hora de que papá marchara al trabajo y cuando iba a regresar, era también esas ganas de gritarles y golpear a todos, pero sobre todo, el nido vacío era esa soledad que me llenaba el corazón cuando todos al fin estaban en casa.

Cuanto quisiera ser un pajarillo...

1 comentario:

adolfo payés dijo...


Siempre te leo amiga...

Aunque mi ausencia escrita sea notoria en comentarios...

un abrazo
Saludos fraternos..