Lo que dejo atrás

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viernes, 8 de enero de 2010

28 de diciembre


Hola. Quiero imaginar que te tengo frente a mí y charlamos tranquilamente como podemos hacerlo, pero en realidad no tengo claro lo que quiero decirte, así que me quedaré viendo tu rostro como suelo hacerlo hasta que gires y me digas –qué? Con esos ojos evasivos que sólo tú sueles tener.

Seguiré mirándote y ante el silencio incómodo para ti, vacío para mí, una muestra sólo del desfase en el que vivimos y no obstante, es también lo que nos mantiene juntos, decidirás en automático si levantarte de la cama o simplemente seguir fingiendo que dormitabas.

No importa lo que elijas, el significado será el mismo. Juntos, tan cerca y tan lejos, tan unidos, casi fusionados pero nunca hay que olvidar, que allí donde dos personas se vuelven una sola el resultado siempre será una persona incompleta. Habrá sólo que contestar, ¿quién es la mitad del todo? O la tercera parte, o el porcentaje que corresponda a su inevitable fragmentación.

Quizá por eso no puedo hablarte, te convertiste en la voz y yo en los oídos. En esta escisión quisiera ser las piernas, pues me gustaría seguir avanzando, caminar en mi propia dirección y no en la tuya, ya que el desfase nos impide crear una nuestra. Nuestra vida juntos no es más que un sueño, un bonito sueño que en alguna de las dos mentes originales se creo pero ante la fusión perdió sentido y probablemente quien sufra más es la que nunca lo pensó, pues se volvió sin querer un sueño propio.

Es difícil y doloroso desprenderse de lo que uno cree que es suyo aunque no le pertenezca. Así, el amor más fugaz puede ser el más profundo. Sin frutos, sin historias, sin principio ni final.

Me parece que eternamente te he buscado, te he encontrado y luego perdido de mil maneras dolorosas, y cada vez que quiero cambiar la forma, cada vez que quiero tenerte todo, cada vez que me acerco más, menos dura y más duele, porque llevo toda la eternidad buscándote y teniéndote, amándote y sufriéndote.

Me pregunto hasta qué punto se cansará mi espíritu, cuándo la esperanza se irá de mí para siempre. Cuándo la ruptura será eterna en vez de la búsqueda perpetua. Cuándo el desfase será absoluto y no tendré que sufrir los trozos de tu esencia cuando por un descuido de la coincidencia tropiezan con los trozos de la mía y se encajan en ella, haciéndome sentir de nuevo que me perteneces y te pertenezco y que sólo tuya he sido siempre, y que sólo mío puedes ser.

Esta vez seré las piernas, no puedo no ser, porque mi camino ya está andado y seguiré, aunque al dar el siguiente paso la distancia entre los dos se acorte o se alargue, ya habré hecho lo que tuviese que hacer. No por eso deja de sentirse ese vacío que me acompaña cada vez que hay un nuevo giro, cuando la historia tiene que cambiar, cuando tengo que volver a buscar… a buscarte.

1 comentario:

Desvanecerse dijo...

Reposar en la añoranza es el camino idóneo para terminar trasformándose en estatua.

Besotes