Lo que dejo atrás

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jueves, 8 de enero de 2009

Un error

Desperté y me encontré de frente con tus ojos coquetos, con un giro rápido estabas sobre mí con esa mirada pícara y una mueca en tus labios que me indicaban que tu imaginación estaba nuevamente trabajando. De reojo vi la hora en el reloj de Mickey que tenías sobre el esquinero, las 7:00 am ¿quién demonios se despierta a las siete de la mañana cuando se durmió a las 4 de la madrugada? -¡No! Quiero seguir durmiendo…quítate de encima de mí- pensé y cerré los ojos.

Por la ventana, ubicada justo enfrente de la cama, se filtraba un leve destello de luz matutina. Permanecí con los ojos cerrados esperando que interpretaras el mensaje, pero en respuesta comenzaste a morder mi cuello. Estaba cansada y en verdad sólo quería seguir durmiendo. Comencé a pensar: ¿qué demonios había hecho?

Nos habíamos encontrado por casualidad una semana antes, tú paseabas a tu perro en la Alameda y yo…yo, sólo vagaba sin rumbo, con mis pensamientos y en compañía de mi mejor amiga: la soledad; distraída como siempre, no me di cuenta, ni siquiera te reconocí cuando te paraste justo enfrente de mí impidiéndome el paso, sólo me sentí molesta mientras tú me mirabas divertido.

-Ya no me recuerdas?- Preguntaste sonriendo.
-(mmm…esa voz…esos ojos…no, no podía ser cierto) Víctor? ¡Tanto tiempo sin verte! No has cambiado nada, te ves muy bien.

-Sí claro. ¿Entonces por qué no me reconociste?

-Voy algo distraída es todo. ¡Qué gusto verte! ¿Cómo estás? ¿Qué ha sido de ti?

-Pues…nada, bueno sí, pero… tienes prisa?

-No. Sólo salí a pasear un rato, no tengo algo específico que hacer.

-Excelente. Casi es hora de comer, acompáñame a mi casa, dejamos al perro y te invito a comer pizza. En el camino podemos ponernos al tanto de nuestras vidas, que dices?

-(pues no tengo nada que hacer, y realmente me da gusto encontrarlo, si tan solo viviera más cerca) mmm… ok, vamos.

Su casa quedaba como a 30 minutos de allí a paso normal. En el camino no hablamos de nuestro presente, inevitablemente las calles que pasábamos nos trajeron recuerdos y tú insistías hablando de nuestro pasado. Habíamos sido novios durante un año aproximadamente hace ya algún tiempo, nuestra relación nunca fue muy profunda, serio o formal, ambos nos la llevamos relax, sin emociones ni sentimientos tan intensos.

Siempre fuimos un tanto indiferentes el uno con el otro, aunque irónicamente, ambos muy celosos también. Nos divertíamos bastante. Siempre fui yo la que llevó las riendas de la relación, y ahora me lo recriminabas, en especial el que según tú te obligué a dejar el fút y dedicarte al básquet, lo cual no recuerdo con precisión, pero supongo que sí tuve algo que ver al respecto.

¡Cuánto me gustabas entonces! Y en ese momento, al encontrarnos de nuevo, me di cuenta que tu cuerpo aún me atraía y tu rostro seguía arrancando una sonrisa de mis labios. Al despedirnos con un abrazo percibí tu excitación y me sorprendí al darme cuenta que mi cuerpo reaccionaba a ella.
-¿Podemos vernos de nuevo otro día? Me encantaría intentarlo otra vez- me dijiste al oído sin dejar de abrazarme.

-Intentarlo otra vez?- pregunté apartándome de ti –Intentar qué cosa?

-Hablo de nosotros, de salir, de frecuentarnos, de ver la posibilidad de ser novios en serio, novios formales, no lo que fuimos un tiempo. Ambos hemos crecido, madurado y tú aún me gustas y sé que yo te gusto, puedo sentirlo; además, ambos estamos solos, sin otro compromiso ¿por qué no darnos esa oportunidad?

-Víctor yo, yo no lo sé. Entiende que hace poco terminó mi relación con alguien más y no, no estoy lista para otra, aún no. Y aunque tal vez sí me gustes no puedo ofrecer nada más, yo aún quiero a mi ex y no puedo aceptar lo que me pides, en este momento no busco una relación con nadie y menos una relación formal, si aceptara sólo te engañaría, estaría a media, sin comprometeré como quieres y eso es cruel e injusto para ti. Sólo mírate en un espejo, estás guapísimo¡ puedes andar con cualquier mujer que te propongas, yo no soy, al menos no ahora y por un tiempo, lo que buscas y necesitas.

-¿Cómo puedes decirme eso? ¿Cómo puedes tú saber lo que busco o necesito? Y si la verdad es que nunca deje de pensarte y si no me importa que lo sigas queriendo, si sólo me das una oportunidad, si sólo me dejas intentar enamorarte, como tú quieras, así como dices sin formalismos, sin compromiso. Sólo dime que sí, salgamos un tiempo y después decides, pero por favor no me cierres la puerta desde ahora.

-¿En verdad es lo que quieres? ...no, mi respuesta es no, lo siento, ya debo irme…

Me di la vuelta y me alejé veloz sin escuchar lo que me decías, sabía que un sí o un no era igual, de todos modos comenzarías a aparecerte por allí, que insistirías el tiempo suficiente o hasta que las vacaciones terminaran y yo regresara a mi vida foránea.

Y así, una semana más tarde, tu cuerpo desnudo estaba sobre el mío buscando repetir el cansancio de la noche anterior. Mientras tanto mi conciencia me envenenaba el alma y me sentía la mujer más vil del mundo.

-Debo irme

-¿Qué pasa? Anoche estabas muy distinta, creí que esto significaba que sí, que ya estabas lista, que sí querías una relación conmigo, dime qué pasa ahora

-Fue un error, esto no debió pasar. Cúlpame por todo si quieres, pero yo te lo advertí, dije que no podía quererte, no puedo quererte, no te quiero y esto sólo fue un momento de debilidad, anoche me sentí sola y encontré en tus brazos refugio, pero no te quiero. Ya no podemos vernos más, olvídate de mí, no quiero que me busques. Odio decirlo, sé que no sirve de nada, pero espero me perdones. Adiós.

-¿Entonces es todo? Soy un objeto, me usas, ya no te sirvo y me dejas, así de simple. Antes eras sensible, te importaban los demás, nunca hubieras herido a nadie de esta manera, ¿por qué lo haces?

-Sigo siendo la misma, por eso ya no debemos vernos, yo no tengo nada que ofrecerte, no quiero herirte más. Por favor entiéndelo y perdóname.

-Ya vete, sólo vete, déjame solo.

Me alejé sintiendo en mi pecho una fuerte opresión, y un vacío en mi interior iba creciendo convirtiéndose en un escalofrío que me recorría el cuerpo. Lo que menos quería era llegar a casa, así que me paralicé en la bocacalle sin saber que dirección tomar. Todo estaba solo, ni siquiera los habituales perros callejeros se veían en alguna esquina; el frío me quemaba la piel y todo mi cuerpo temblaba.

Comencé a caminar sin pensar a donde iba, no sé cuanto tiempo pasó, cuando tomé conciencia habia llegado a la central de autobuses, me quedé fuera viendo a los viajantes llegar, con la emoción perdida de quien sabe que aquél a quien espera nunca llegará…

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