Lo que dejo atrás

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jueves, 16 de abril de 2009

Los hombres de mi vida

En todo ser humano siempre hay eventos, personas, animales o cosas que le dan sentido a su vida y porque no, que alrededor de ellas se construya su destino. En mi caso, mi vida gira y soy lo que soy por el paso de los hombres en mi camino. Así es, lo más importante en mi mundo son los hombres, los hombres de mi vida y en general cualquier cabeza hueca con pene.

El primer hombre que dejo su huella en mi camino es mi padre, hasta la fecha su influencia está presente en muchas de mis decisiones, para bien o para mal.

Mi padre, una mezcla extraña de machista reformado, un neurótico obsesivo que ha luchado eternamente por dominar su angustia y sus miedos, por ser más paciente, tolerante y sensible a las necesidades de los otros y menos egoísta, particularmente a las necesidades de su familia y que en el intento nos fue arrastrando teniendo que pagar el precio de sus fracasos.

Él me ha enseñado ampliamente el funcionamiento de la psique masculina, entre otras cosas, aprendí a sufrir en silencio pues una nunca debe llorar frente a un hombre, sólo lo harás sentir omnipotente, que tiene todo el control sobre ti (aunque pueda ser cierto); a quedarme callada, a no pedir y siempre dar, a no esperar, con él conocí la resignación. Pero también me enseño a luchar, a ser sumisa en casa y emprendedora en el exterior, a ser selectiva y un tanto calculadora, a observar y conocer. Aprendí a ser líder y tener el control sin necesidad de ser la figura pública, sólo moviendo los hilos adecuados.

Sería interminable continuar con la lista de lo que mi padre me ha enseñado. Después llegó Francisco Javier, el primer niño que me gustó, mi primera ilusión aún infantil, mi primer beso de amor, cómo olvidarlo, con él que columpiarnos tomados de la mano era igual que volar, aprendí a soñar despierta, a crear historias fantásticas y creer en los príncipes y dragones.

Qué momentos tan felices pasamos juntos, tan inocentes y tiernos, que aún hoy al recordarlo me causa nostalgia. Le siguió Antonino, él me enseñó lo que se siente ser humillada frente a una multitud, despertó mi coquetería natural y mi orgullo. Con él nació el primer indicio del sentimiento de odio, hasta entonces nunca experimentado. Creo que siguió Alberto, un niño muy feliz que me recordó que la inocencia aún existía y que aún podía encontrar restos de la niña extraviada en el cuerpo de una mujer.

A partir de aquí se siguen unos a otros consecutivamente, algunos incluso son a la par, el tiempo acelera convirtiéndose en una bomba que en su momento llega a estallar. Jacobo, Juan, Caballero, otro Juan, Gerardo (“el tacos de oro”), Armando, Roldan y Víctor; todos ellos conforman un solo momento, una etapa de mi vida que duró aproximadamente 5 años.

Dos son los principales: Jacobo y Víctor. El primero fue mi primer gran amor y mi gran verdugo. Fue el hombre con el que aprendí a amar, al que me entregue en cuerpo y alma, con el que compartí mis emociones, con el que aprendí a hablar sin palabras solo con las miradas, descubrí como evadir las normas para escapar y pasar unos instantes a su lado. Con el que forje mis mayores ilusiones, un futuro juntos. Pero también fue mi más grande desilusión, la más grande traición que he sufrido, uno de mis mayores dolores. Me dejó el miedo a la soledad, al abandono, a enamorarme, a partir de él me envolví en un caparazón indestructible, en el que parcialmente se filtró Víctor, pues apenas se estaba formando en ese tiempo. Me creí que estaba destinada a una vida solitaria, que nunca formaría una familia, que nunca podría pertenecerle a nadie, que sería un ave salvaje, alejándome de toda relación interpersonal que vislumbrara un poco de profundidad, de entrega emocional por mi parte.

Así pues, con Víctor tuve una relación basada en la atracción sexual, jamás compartimos otra cosa, solo había besos y caricias entre nosotros, me sorprende que haya durado tanto para solo ser eso. Los demás fueron relaciones furtivas, superficiales, frías, fui completamente indiferente a ellas, me comportaba entonces altiva, orgullosa, caprichosa, se hacía lo que yo quería y como yo quería, no me permití enamorarme de ninguno, ni siquiera ilusionarme un poco. Eran solo chicos, con quienes pasar un rato y a quienes besar cuando tuviera ganas. Cuando dejaban de satisfacerme los dejaba y podía quizá regresar un día solo para asegurarme de que seguía siendo importante.

La siguiente etapa se caracteriza por un cambio en mi sensibilidad, conozco a López, Daniel, otro Daniel, “Cacho”, “Changa”. Con ellos, que también se presentaron casi a un tiempo, uno detrás de otro, comprendí que los hombres no eran solo una fuente de satisfacciones subjetivas. Comencé a darme la oportunidad de conocerlos, saber cómo pensaban y cómo sentían. López y el primer Daniel me enseñaron la vanidad intelectual, la arrogancia y el desprecio por lo banal. Los otros tres eran lo opuesto, chicos rebeldes pero con una gran capacidad de amar, fueron mi primer contacto con el sufrimiento profundo de otros y entonces comencé a involucrarme, me di permiso de entrar en la vida íntima de otros, sin embargo aún no podía permitir que ellos entraran en la mía.

Luego apareció el primer hombre del cual me enamoré profundamente, Pierre, lo idealice como a ninguno antes y después, representaba todo lo que hasta entonces había buscado, además de que había despertado mi sensualidad dormida, volvía a sentir el impulso sexual que apague durante tres años antes. Él fue la primera cintura a la que até una soga para salir del fondo, se convirtió en mi fuerza, mi alegría, mi esperanza, mi motivo para vivir y poco a poco se convirtió en mi amor platónico. Tuvimos algo sin nombre, sin título, desde entonces no me gusta tener relaciones con título, odie la formalidad y amé más que nunca mi libertad.

Después de un tiempo apareció una figura fugaz y prohibida, Martín, un hombre maduro que rompió mi barrera sexual con los hombres y retomé mi actividad sexual, por supuesto que sin ninguna vinculación emocional, y claro, sin ningún compromiso.

Estoy llegando casi al presente, me veo en la necesidad de omitir nombres para no herir susceptibilidades. Cuando conocí a C.A., fue la segunda vez que me enamoré a pesar de haberme prometido jamás volver a hacerlo, él pudo y aún no sé cómo, romper todas mis barreras, sin apenas darme cuenta de ello. En cuestión de semanas se metió en mi vida tan profundamente que me aterroricé. Fue la primera relación con la que permití que conociera mi vida íntima, con él mostré mi lado sensible y tierno, le permití conocer mi interior, y un poco de mi dolor. Descubrí que el amor puede ser increíblemente tierno y se presenta de muchas maneras, que no todo contacto físico es sexual, que no necesitaba fingir ser otra para ser aceptada y querida. Recobré por conocerlo, la alegría por vivir, retomé planes personales a futuro y al paso del tiempo gané un gran amigo.

Después se presentaron tres personas al mismo tiempo, entré en una especie de crisis personal que me llevó a involucrarme erróneamente con dos de ellos, poniendo en riesgo la gran amistad que existía con uno de ellos. A.E y J.M. mi crisis consistió en la dicotomía entre sexo y amor, era incapaz de unirlos, y cada uno de estos hombres representaba un extremo. El primero la parte sexual y el segundo el amor. Llegué al punto en que mi control sobre mi cuerpo se desvanecía, entrando en el límite del libertinaje, afortunadamente quizá, fue el preciso momento en que entro A en mi vida.

Y de una manera muy similar a como ocurrió con C.A, en cuestión de semanas entro en mi vida íntima, me provocó las ganas de entregarme de desechar todas las barreras que venía arrastrando, me motivo para arriesgarme, no sé cómo pero vi en él todo por lo que sabía que valía la pena lanzarse al vacío sin redes. La dicotomía entre sexo y amor desapareció con él, aprendí muchas cosas y se lo agradezco enormemente.

1 comentario:

Eco dijo...

Me gustó que hablas más de ti, me parece perfecto si no quieres decir quien, cuando y como. Sólo siento que le faltó como un poquito de contenidom, en otras palabras:

"el que mucho abarca, poco aprieta"

Me gustó el orden cronológico y que te centraras en lo que te hicieron sentir, pero de nuevo, siento que hay uno que otro que mencionas en dos renglones y a mí punto de vista no vale la pena... sino le vas a dedicar más de dos renglones ¿a mí como lector, de qué me va a interesar?

en lugar de decir: estuvo juan y bla bla, luego pedro y bla bla. Podrías decir "luego pasaron otros dos o tres.


No sé, me gustó, sólo siento que falta acentuar un poco quienes fueron los hombres de tu vida.


Ya no sé si me expliqué