Lo que dejo atrás

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martes, 3 de mayo de 2011

Voces



 

Llegaste como una voz gritando auxilio, que de pronto todos escuchan pero nadie sabe de dónde proviene y desconcierta, da terror escucharla y sólo da pie a dos acciones: huir o ayudar, muchos huyeron, algunos nos quedamos un poco más para al menos saber de dónde venía la voz que en apenas un murmullo pedía ayuda.


 

No siempre se salva al que pide ayuda, en ocasiones es esa persona la que salva a otra que en apariencia nada necesita.


 

Y allí estabas de pie mirándome a los ojos y diciendo que todo había sido hermoso pero insuficiente, que por si no lo sabía ya había alguien más esperándote y que me quedara con mis disculpas, aunque agradecías que lo hubiera aclarado para ya no sentirte culpable, gracias, me decías por "aclararme que fui yo el pendejo y por demostrarme que tu "corazón es hermoso", pues nunca lo había entregado. Recuerdo bien esa historia: "una vez una niña pequeña pregunto a un anciano por qué su corazón tenía tantas grietas, el anciano le tomó la mano e hizo que tocara las grietas de su corazón al momento que le explicaba cada uno de los trozos que habían pertenecido a personas que él había amado y ellas lo habían amado, cuando se habían marchado había arrancado un trozo de su corazón y se los había dado a ellos, y de igual forma él tenía muchos trozos de otras personas que lo habían querido. En ese momento la pequeña, que antes se había sentido orgullosa de que su corazón era "hermoso" porque no tenía grietas como las del anciano, entendiéndolo todo, se arrancó un trozo y se lo dio al anciano, quien a su vez le entregó un trozo del suyo, de esta forma tuvo su primera grieta".


 

Qué desgarradoras palabras las tuyas. Tus ojos no decían lo mismo. Y me quedé allí esperando a que te marcharas para poder llorar. Quería darte el corazón entero, lo arranqué de mi pecho y en mis manos aún latiendo lo puse a tus pies y tú lo aventaste al río.


 

Sin corazón se sigue vivo, sólo queda un murmullo que pide auxilio, algunos pueden ayudar y otros salir huyendo.


 

Volviste como una voz gritando amor, que todos escuchamos y pocos dimos. Volviste, volví, para que me salvaras y para salvarte. De entre la pared de mi cuarto te vi entrar, parecías un sueño, sólo sonreías, estabas tan cerca y tan lejos, tan real y sólo un sueño. Sonriendo te fuiste, extendiendo tu brazo como para alcanzarme pero ya era tarde. Queda esa voz pidiendo ayuda, ¿eres tú o soy yo?


 

28 de abril de 2011

1 comentario:

Pequeña Saltamontes dijo...

Yo nunca quise huir de su grito, pero sé que nada de lo que diga no parecerá excusa.

Lo quise y estimé y me dolió y aún me duele que ya no esté.

Quisiera decirte algo que mitigue tu pena y me sorprende no saber qué aún cuando la conozco y comparto (tal vez no en la misma medida, pero la comparto).

Pienso que podría decirte lo que yo querría escuchar pero por lo mismo sé que esas palabras no alcanzarían para consolarte.

Honestamente me siento algo fuera de lugar, porque si bien lo conocía sé que yo no era muy importante para él y no éramos demasiado cercanos.

Supongo que sólo quería decirte que fue alguien a quien quise mucho y que me dolió y me sigue doliendo que ya no esté.