Lo que dejo atrás

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martes, 6 de abril de 2010

Paseo de Verano

-Vas a ir conmigo. –eso dijo su padre y Judith sabía que no tenía otra opción, una vez llegados los días de verano o cualquier asueto escolar, su vida le pertenecía, no había un solo instante sin exeptuar el w.c., en que no estuviera presente su padre y que no regulara con estricto seguimiento. Acompañarlo a diversas actividades era parte de la rutina, más aún si se trataba de “viajes recreativos” o los ansiados “paseos” que su padre proponía de modo imperativo y por lo general Judith era la elejida, por buena o mala suerte, todo dependía…




En fin, se resignó sin decir palabra con solo vislumbrar la expresión de sus hermanos y hermanas, cada uno con indiferencia y además, dando por hecho que así debía ser, que Judith tenía que ir porque a ella le correspondía hacer eso. Ellos por su parte tenían diversas actividades, todas ellas de mayor relevancia, todas ellas más importantes, a fin de cuentas que asuntos podría tener una chiquilla de 12 años para querer tiempo a solas, ¿qué actividades tendría que planear que valieran siquiera lo suficiente para pensar en ellas? Aparentemente ninguna. Sin embargo Judith se sentía cada vez más molesta ante estas situaciones, y ciertamente aunque no tenía nada relevante qué hacer con su tiempo libre, quería disfrutarlo, después de todo era de ella ¿no?



Algún día se armaría de valor quizá, algún día levantaría la vista y la clavaría en los ojos de su padre, sus hermanas y sus hermanos y les diría que también tenía cosas qué hacer, que era tiempo de que alguien más acompañara al padre a sus actividades, o porque no simplemente cada quien hacía lo suyo solo, qué necesidad había en ir acompañado a pagar los impuestos o a recoger una factura, su mente ansiosa de tiempo para ella y de disfrutar a solas no podía comprender qué satisfacción había en andar acompañado todo el tiempo, porqué su padre no podía disfrutar del silencio y una caminata solitaria, porqué estaba hambriento siempre de plática que terminaba siendo monólogo.



De nada servía pensar en ello sabía que no haría nada al respecto por un buen tiempo, le faltaba valor y en ocasiones ganaba más de lo que perdía. Ese día no obstante, amenazaba ser fatal, no se trataba sólo de acompañar a su padre, sino salvarle de la compañía del tío mayor.



Judith en particular nunca lo había tolerado, no soportaba su presencia, le molestaba su sóla imagen, escuchar su respirar sofocado y su ronronear al hablar, como si tuviera palabras atoradas que lucharan por salir y jamás se les permitiera. Le fastidiaba escuchar sus quejas de la vida, de sus malagradecidos hijos, de su despreciable esposa, de lo bien que se superó y lo grandioso que era él, de su mente única, irrepetible y omnipotente; su letanía de malestares físicos todos por culpa de las preocupaciones o de otras personas. Nada nunca jamás salía mal por causa de ese tío, al que llamaremos achaques por hacer mofa de su nombre Dolores que le venía como anillo al dedo.



En fin, Judith se armo de su mochila que cargaba a todos lados: un cuaderno, dos o tres libros lo suficientemente buenos para abstraerla de la realidad y llevarla a un mundo alterno, un mundo que le gustaba y donde vivía no su vida, sino la de algún personaje solemne y místico; alguna que otra lectura escolar por si acaso se le antojara recordar la escuela, varias plumas de colores y su cámara fotográfica. Generalmente no solía leer durante el viaje, éste lo dedicaba a ensoñaciones, crear historias en su mente era su pasatiempo favorito, de vez en cuando escribía alguna de ellas, pero prefería sólo imaginarlas; sin embargo viajar con Dolores a cualquier lugar significaba el triple de tiempo que viajar con cualquier otra persona, así que esta vez soñó una tercera parte del viaje, leyo otra y dormitó un poco tratando de cerrar sus oídos a esa voz.



Estaba verdaderamente molesta, no podía concentrarse en soñar despierta, ni en leer, ni en dormir, a cada comentario de Dolores surgía como respuesta un pensamiento repulsivo. Judith no era tonta y le gustaba reflexionar acerca de todo en la vida, cuestionaba la actitud de las personas ante circunstancias difíciles y ante todo en general, pero lo que no podía tolerar en nadie era el comportamiento engreído, omnipotente y peyorativo hacia las demás personas, no podía soportar que nadie se sintiera superior a cualquier otra persona por mucho estudio o inteligencia que ostentara. Así, contrarrestaba los comentarios discriminativos de su tío rebajándolo ella.



Para Judith su tío no era más que una persona incapaz de conectarse verdaderamente con sus emociones y expresar sus sentimientos, se refugiaba en la agresión y su complejo de superioridad que no escondía más que el miedo de perderlo todo en la vida, de que nadie lo reconociera, el miedo de saber que al final, cuando el último palazo de tierra cubriera por completo su ataúd nadie lo recordara. Pensándolo así sintió una gran compasión por él, de pronto ya sólo pudo sentir lástima, entonces prestó atención a lo que iba diciéndole a su padre y lo que escuchó la llenó de tristeza.



Dolores era verdaderamente un hombre incapaz de expresar sus emociones, y lo que llevaba de vida estaba cubierta de dolor intenso, durante años lo había tapado con sus fanfarronerías y se había refugiado en lo orgulloso que sus hijos varones lo harían sentir, y así había sucedido, al menos con el primero, pero los últimos dos eran el dolor más desgarrador que lo acongojaba.



-Cabrones vale madres, cómo es posible que no les importe faltarme así al respeto, si los cabrones piensan que pueden hacerme así les voy a demostrar que no, que yo sigo siendo más fuerte, pero hay nada más de ver su pinche imagen me hace llorar y tengo que decir así fuerte, gritarlo: ¡lárgate de aquí pinche imagen, lárgate de aquí, lárgate de aquí! Porque sino me hace chillar nada más de verla.



Fue sólo alguna de las frases que se colaron a los oídos de Judith cuando intentaba poner su barrera de sueños. Todo le había salido mal desde el punto de vista de ella a quien no le importaban los grados académicos ni los ingresos mensuales netos, ¿de qué le valía ganar $40 000.00 pesos mensuales si no podía salvar a su hijo de las drogas que lo estaban matando? ¿de qué le valía ser master en ciencias y catedrático reconocido si no podía comunicarse con su familia y le despreciaban como a nadie?



Judith vio el rostro de su tío, demacrado, viejo, acabado, sin brillo en la mirada que yacía ausente, distante, triste tratando de borrar la imagen de su hijo que tanto amaba y nunca supo cómo demostrarlo, cómo orientarlo, cómo hacerse presente. Tanto amor y ser un padre ausente, no lograba entenderlo. Desde ese día, no pudo ver a su tío sin sentir compasión, pena, lástima y dolor por su fracaso.

3 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Un escrito muy apegado a la realidad de muchas familias.. muy sentido por supuesto..

Leerte siempre es maravilloso

Volver, después de tanto tiempo sin pasar por tu blog.. me quedo como siempre por aquí...




Un abrazo
Saludos fraternos..

STAROSTA dijo...

Hola

Muy fuerte esto...no? Como que diste un giro en lo que escribes...Esto es muchisimo mas viseral que cualquier cosa...Te felicito. Me gusta mucho encontrar estas cosas...Me llenan en realidad.

Una abrazo

STAROSTA
(UN PRODUCTO DE TU IMAGINACION)

Desvanecerse dijo...

La paciencia es un árbol de raiz amarga pero de frutos muy dulces. PROBERVIO JAPONéS

Algunas cosas vienen sin libro de instrucciones.

Besotes