Lo que dejo atrás

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martes, 30 de junio de 2009

Así son las relaciones

Llevaban ya dos, tres... (quizá un poco más) años juntos, años en los que compartieron momentos, sus momentos, años en los que ella se fue enamorando y aprendiendo a amar de una mejor manera, después de ese golpe tan terrible, después de esa relación tan destructiva de la que le había costado tanto salir.

Todavía hoy, después de cuatro años le seguía doliendo, le avergonzaba haberse visto envuelta en algo así, haberse entregado y amado tanto a un ser tan vil, tan egoísta y manipulador, tan posesivo y celoso. En ocasiones cuando lo recordaba con sus amigos sus ojos no escondían las lágrimas, su voz aún temblaba e incluso parecía temer que con nombrarlo apareciera.

Las sombras del pasado como pesan. Pero esta relación era distinta, al principio como podia esperarse ella fue cautelosa, incluso fría e indiferente respecto a la relación, le daba miedo enamorarse, le daba miedo volver a caer en el mismo error, le daba miedo que A fuera igual al otro; pero con el tiempo fue cediendo a sus encantos, a su peculiar manera de andar por la vida, a esa forma tan relajada de ver todo, a esa personalidad infantil carente de toda preocupación adulta a pesar de ya tener casi los 30.

L en cambio siempre fue más consciente, llamemosla "preocupona", aunque tenga toda la facha de lo contrario. A primera vista L parece una mujer agresiva, de esas que van mentando madres a todo lo que se les pone enfrente, que le encanta la parranda y es su único interés en la vida. Pero L es casi todo lo contrario, (aunque en un tiempo si fue como su apariencia lo demanda), y digo casi porque ¡vamos! ¿quién no disfruta de una buena peda con los cuates de vez en vez? sólo que ya no es lo único importante en su vida, ahora también importa la escuela (ese título tan anhelado: Lic. en...) a la que dedica tantas horas e increiblemente la desvela todas las noches.

Si L es diferente desde que el otro la dejo, y vaya que tuvo que dejarla él, pues ella (mi opinión personal) seguiría alli metida hasta... no sé hasta donde pero bien metida de eso no me cabe duda alguna, en fin, ella cambio cuando él la dejo por otra, (eso es importante, si solo la hubiera mandado al carajo ella lo hubiese buscado de nuevo, pero la mando al carajo por otra, y esa otra era la "otra" desde antes) después de la depresión por la que perdió más de 8 kilos en unos cuantos meses (excelente dieta niñas, ya saben) el cambio mágico se dio, se volvió dedicada en la escuela, algo más seria, incluso me atrevo a decir que maduro bastante, le bajo al ritmo festivo que la caracterizaba e incluso su trato fue más dulce.

Luego llego A, lo conoció (para variar) en uno de esos salones-antro-bar donde algunos días son exclusivos para bailar (a L le fascina bailar, y mira que lo hace con cadencia, lleva el ritmo en la sangre y es tan sensual... si, yo también puedo disfrutar el cuerpo de una mujer si es atractiva y además sensual), decía entonces que L y A coincidieron una noche de baile en uno de esos salones-antro-bar, A también es un buen bailador y los buenos bailadores son como magnetos entre sí, una vez que se encuentran no se pueden despegar (bailando claro), y así, justo en el centro de la pista chocaron ambos y eso basto para iniciar una historia.

A parece un buen tipo, digo nunca me ha caido mal, hasta parece ser buen amante, pero yo siempre me anduve con cautela, había algo, algo, algo... quizá no lo conocí lo suficiente, pero no niego que siempre tuve recelo. Sin embargo L se veía feliz, y sobre todo tranquila, enamorada un tiempo, luego lo fue queriendo.

L es una buena mujer, una buena pareja y siempre he creido que también una buena amante, si yo fuera hombre seguramente andaria con L, lamentablemente soy mujer y los varones me embrujan. Lástima también que A perdio el piso y dejo de ver lo valiosa que L es, lástima que a sus más de 30 años de pronto lo puso a temblar el compromiso (que raro es esto en los hombres, ¿verdad?), que a pesar de insistir ya hace un buen tiempo en planes de casorio ahora resulta que se sintio asfixiado, que necesita tiempo, que la vida le pesa con ella encima.

¿Quién entiende a los hombres cuando constantemente mandan mensaje dobles? Que si te mando al carajo porque me dejas muy libre como si no te importara, y los otros, que si ya no quiero estar contigo porque no me dejas respirar, ¿cuál es el punto medio?

Desde mi particular punto de vista y un tanto alterado por el afecto que le tengo a L, puedo decir que A es un pendejo, ni era tan libre ni se asfixiaba, pero el miedo suele ser más grande. Suerte A, te deseo suerte, porque a pesar de que la heriste no creo que seas un mal tipo, sólo que a tus más de treinta tienes que replantear tu vida...creo.

3 comentarios:

Silencios dijo...

Para ir libre de cargas siempre se deben cerrar las heridas a conciencia ...

De todas formas "Pedazo" de texto que diría un amigo.
Besines niña

suspiros dijo...

Silencios: yo creo que de todos modos queda la cicatriz, con esa piel sensible que la caracteriza, el problema de las cicratices es que pueden volver a abrir.

Desvanecerse dijo...

Sin poder evitarlo transitamos, y en nuestro camino, siempre nos encontramos con papeles arrugados.
Besotes