Lo que dejo atrás

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viernes, 12 de junio de 2009

Una vez a la semana


Cada que llega ese día de la semana se pone como loca, no quiere llegar a la institución donde labora, se pone tensa, irritable y no puede evitar que brote algo de tristeza en sus facciones.

Sin embargo va, porque su sentido de responsabilidad es suficientemente fuerte, y va, porque aunque quiere no ver ni que la vean, aunque una vez visto se esconde lo más que puede, evita, evade su presencia, se comporta como si no conociera a ninguno de los dos, como si fuera un mero accidente pasar por el mismo pasillo; ver, finalmente la mantiene en un límite, en ese límite que le dice que la realidad es esa, que la vuelve a bajar a la tierra aunque toda la semana haya estado extasiada viendo al mundo desde las nubes.

Además no puede evitarlo, la institución es pequeña, y aunque se divide en departamentos tuvo la mala suerte de pertenecer al mismo que ellos, tuvo la mala suerte de coincidir en un horario. Cada vez que llega el día y la hora, cuando va en camino, cuando casi llega a la puerta, procura primero examinar todas las zonas comunes para los trabajadores esperando verlos y que no la vean, para entonces poder evitar ese encuentro molesto.

Al verlos su estómago se hace nudo, suda y tiembla; ¿de nervios? ¿De enojo? ¿De dolor? Que importa, si pudiera no iba ese día, pero entonces le descontarían el 10% de su sueldo, vamos que tendría grandes pérdidas si faltara una vez a la semana, 40% de su mísero salario perdido por evitar un encuentro triangular y seguir volando sobre las nubes.

No lo valía pensaba, siendo que a pesar de soñadora siempre ha sido muy realista. No obstante la situación seguía siendo incómoda en términos superlativos. Ella no sabía si cuando inevitablemente pasaba al baño evitando voltear a la zona común se evidenciaba más, o acaso debía saludar cortésmente con la mano o una simple sonrisa; por eso la mayoría de las veces evitaba o retrasaba esa necesidad tan básica.

De vez en cuando se consolaba pensando que ya faltaba poco para sus vacaciones laborales, un mes más quizá se pasaría rápido o quizá no pero podría soportarlo. Sin embargo su consuelo no duraba más que unos instantes, sabía que sí sólo un mes más para que una de las partes incómodas desapareciera, pero sabía también que solo era el fin de una historia, después vendría otra, y luego otra y otra y así eternamente.

5 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Una semana llena de tensiones..

Saludos fraternos con mucho amor cariño..

Besos muchos

Un abrazo preciosa..
Que tengas un buen fin de semana

Desvanecerse dijo...

No bajar de las nubes es lo que yo quisiera...
Besotes

Habitaciones rojas, pensamientos negros dijo...

Suspiro qué incómoda y dolorasa situación... Muy ebllo tú texto!

Besos rojos,
HR.

Lunna dijo...

Historia triste que parece no tener un buen final. Bonito relato.

Besos.

Lunna.

suspiros dijo...

Hola a todos, gracias por sus comentarios, historia triste? quizá algo, lo que me sigue sorprendiendo es la aceptación, y si fuera real? porqué sigue allí?