Lo que dejo atrás

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lunes, 23 de septiembre de 2013

Encontrarte para perderme de nuevo



Te estuve leyendo. Cuando me siento perdida vuelvo a ti, recorro tu camino hasta que me encuentro en él y entonces hago una pausa elevándome para ver todo con claridad. Por supuesto que esto implica un trabajo de varios meses, porque primero para encontrarte tengo que buscarte en cada una de tus letras.

Contrario a lo que los demás piensan, que te encuentro en los recuerdos y te guardo en nuestras historias y momentos; sólo puedo hallarte donde sé que te quedaste y no, no estás en mis recuerdos, ni en mi corazón, ni en mi deseo, ni en mi piel tatuada de ti, ni en el aire, ni el tiempo, ni en el espacio, ni en mis labios, ni en mi tristeza y no, tampoco te quedaste en mi amor. Estuviste allí, pero allí no sigues.

Estás en tus letras y para escucharte necesito leerte, para verte necesito caminar tus pasos entre líneas, para encontrarte necesito regresar a tu principio y para que me acompañes necesito llegar a tu final. Después de ese largo y cansado procedimiento te encuentro a ti, me miras y te veo, me hablas y escucho, me acompañas pero aún no puedo caminar contigo porque hasta ese momento aún no me encuentro. Sé que estoy allí en algún punto, quizá en una coma o en un acento.

Seguramente para cuando me acompañas ya han pasado dos meses y me sigo buscando. El problema es que afuera mi cuerpo sigue, se mueve y hace todo lo que yo debería estar haciendo, con la peculiaridad de estar desconectado de mi alma porque aún no la encuentro se quedó varada en una parte del camino. 

Es el momento en que me tiendes la mano, vas caminando y yo te sigo. Me lees tus historias sin tiempo, conjugando pasado, presente y futuro, una silueta de mí comienza a formarse al rato de varias historias, entonces sonríes y comienzas a ser menos luminoso. Conforme yo me hago más tangible tú vas desapareciendo. Aquí me enfrento al dolor puro. Yo sé cuál es el final. Lo primero que pierdo es tu voz, tu sonrisa es cada vez más una intuición, al final tus manos se vuelven oscuridad, desapareces, te me esfumas, te pierdo para encontrarme.

Termino llorando y desgarrada. Completa y vacía. ¿Será? Si de ti me formo ¿quién es el que no está? 

Te estuve leyendo. Aún no encuentro tu silueta. Sigo caminando entre párrafos y versos tratando de escuchar todo lo que no dicen, entre líneas, en cada punto, en cada coma, hasta hallarte en un acento, en unos puntos suspensivos, en una silueta de mujer fumando con el corazón a rastras y las manos sangrantes; con la voz cortada y los ojos rotos, con el cuello mutilado y una lágrima que no alcanza a llegar a mis manos.

Te estuve leyendo porque necesito encontrarte para perderme de nuevo.



1 comentario:

Taty Cascada dijo...

Será que necesitas desgarrarte, porque cuando se ama nos desprendemos de nuestra identidad. Será que es necesario no ser para volver a ser. Será que amas tanto, que al leer recuerdas lo que una vez fue y fueron.
Un abrazo.