Lo que dejo atrás

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martes, 24 de septiembre de 2013

Fue su voz y fue su beso


Fue su voz y no su beso. Así tituló un poema un viejo colega, compañero de letras y compañero de profesión, incluso espectador de la burlesca obra que es mi vida. Fue su voz y no su beso, fue su voz y no su beso…fue su voz y fue su beso, fueron sus palabras, sus preguntas y sus manos.

Ahora estoy en espera queriendo no desear, queriendo no esperar nada pero mi corazón no está de acuerdo, creo incluso que me ha declarado la guerra justo hoy a las 2:00 de la tarde; encontré una pluma ensangrentada y un recado que decía:

-Querida compañera por fuerza obligatoria de la naturaleza con que fuimos creados, a partir de este momento no cuentes con mis latidos serenos y acompasados, te martillaré con desvariados ritmos acelerados o muy lentos, todo depende de que tan pronto quiera que mueras, porque desde hoy tú y yo estamos en guerra-

Fue cordial hay que admitirlo. Tiene una tendencia suicida que nunca he logrado comprender, muy bien sabe que si muero el muere primero, pero al corazón le gusta un tanto el masoquismo, creo, pues no encuentro explicación lógica posible fuera de esta opción, de que por ello esa noche terminó de masacrar mis consejos en el momento en que bebió el primer trago. Yo le dije

Inconsciente corazón sabes que vas a perder si sigues bebiendo, ve a casa, tú familia te espera. Recuerda a tus hermanas y a tu madre a quienes dijiste que llegarías hoy. No podré ayudarte si sigues latiendo tan fuerte, aunque yo quiera ocultarte tus latidos se notan por encima de nuestro pecho-  Pero él siguió bebiendo, se embriagaba un poco más cuando él rozaba nuestra mano, al colgársele en su cintura, al caminar a su lado.

Así llegó la noche y ya borracho de amor cegador se entregó a sus brazos. Todavía luché, por momentos pude detenerlo, pero luego fue su beso y no su voz, fueron sus manos, fue su cuerpo y su calor, fueron las ganas de los dos y al final el cuerpo es cuerpo y naturalmente reacciona según el estímulo que se le dé.

Perdí yo y perdió mi corazón. No me atrevería a decir que el cuerpo ganó algo. ¡Y todavía mi arrogante corazón me declara la guerra hoy a las 2:00 de la tarde! Ahora me culpa de todo: “qué yo debí detenerlo, que por qué decidí cambiar mi plan de viajes (en eso quizá tenga razón, debo confesar que a veces me guío por lo que siente mi corazón, un reverendo problema e ironía absurda), que esto, que aquello, que yo, que él, que todo…”

Total que ahora estoy en guerra, él me ataca con sus inconstantes ritmos, bombeando más sangre a partes innecesarias y llegando a la hipoxia, entonces desvarío y entristezco, mis ideas  ya no son tan claras y mi razón parece absurda. Luego, porque al fin y al cabo yo mando, restituyo la sangre que me corresponde oxigenándome suficiente para retomar la reflexión y bombardeo a mi tonto corazón con justificaciones objetivas.

He intentado convencerlo de que más bien deberíamos aliarnos y buscar revancha. Pero mi corazón además de tonto es muy noble y no le gusta nada que tenga perfil de venganza. Prefiere confiar en los buenos sentimientos de las personas. No entiende que algunas personas sólo tienen corazón en su lado izquierdo y a la izquierda todo vale menos.

2 comentarios:

Kwatsa Nauka dijo...

Detesto a los que actúan y luego culpan a los demás de lo que bien hicieron. Aprendí a aceptar mis actos y a hacerme responsable de ellos. No puedo evitarlo.

Gracias por tus letras, Mujer. Que tu corazón, sin importar el lado, lata y valga.

suspiros dijo...

Yo también detesto lo mismo. No hay nada que me moleste más que alguien no se haga responsable de lo suyo. ¿A qué se deberá que no lo hagan? Un tiempo pensé que era cuestión de madurez, ahora ya no estoy segura. Tan bonito que es aceptar y responsabilizarse de nuestros actos, al menos, yo lo disfruto mucho.

Saludos. Y las letras son sólo refugio de personajes insostenibles si su mundo fuera real.