Lo que dejo atrás

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viernes, 17 de junio de 2011

Deseo


¿Si corro me atrapas? –le dijo al oído mientras mordisqueaba su lóbulo. Llevaba puesto un ligero vestido blanco, con un generoso escote que sin embargo no dejaba ver nada de sus pequeños pechos que no llevaban sostén alguno. Al tiempo se soltó de sus brazos y corrió escaleras abajo riendo cual niña traviesa.

Él, ya con la playera mostrando el pecho desnudo y el abdomen perfecto, la mira bajar y no se mueve, sabe que tendrá que buscarla por toda la casa si espera demasiado, pero si corre tras ella jamás la alcanzará, prefiere jugar a encontrarla.

-¡Ey, lento, vamos que no me alcanzas! – le grita deteniéndose en mitad de la escalera para provocarle, al verlo inmóvil comienza a bajar a gatas dejando entre ver su firme trasero. Él conoce el juego, sigue quieto aunque el calor recorre su cuerpo. Ella sigue bajando hasta el final de la escalera donde se detiene para verlo, abre sus piernas y comienza a tocarse sin dejar de mirarle a los ojos.

Él comienza a bajar despacio por la escalera, su mirada fíja en ella, no en su sexo sino en su rostro y esos labios que sólo quiere morder, está tan cerca, sólo un paso más. Ella no puede escapar, está en el piso y esquinada; ahora se siente seguro. Ella ha dejado de tocarse y pone cara de niña asustada e indefensa intentando escapar de su predador, encuentra la forma y se escurre a gatas por en medio de las piernas de él, pero no está dispuesto a perder esta vez, le detiene del vestido que se desgarra dejando al descubierto sus torneadas piernas.

Está de espaldas a él y contra el piso. La gira bruscamente y se sienta sobre su vientre, puede sentir el poder que se le otorga para hacer de ella lo que le plazca. Le excita el miedo que hay en su mirada. Acaricia sus pechos, los descubre y mordisquea un poco, muy suave, puede sentir sus latidos acelerados y el calor de su sexo presionado por el peso de su pierna. Su lengua va recorriendo el camino mientras sus manos se deshacen de los obstáculos. Del vestido quedan jirones y en su cuerpo sólo unas pequeñas bragas blancas.

Ella espera y le pide continuar, pero él ha ya ha logrado su objetivo. Se levanta, sonríe y se va. Esta vez ha ganado.


3 comentarios:

Manolo Blog dijo...

En el deseo, a veces es más intenso saber que puedes, que poder en sí...

Adolfo Payés dijo...

Que pasión acaricia en tu espacio.. letras..

¨Hay un manuscrito de sentimientos
Con el ansia de salir corriendo
A conquistar tus caderas,
Y hacer malabares de poesías
En el anden oculto de tus pechos

Con el acento reciproco de nuestros besos¨

Adolfo Payés


Un abrazo
Saludos fraternos..

Que el fin de semana sea de los mejores...

La sonrisa de Hiperión dijo...

Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.

Saludos y un abrazo.