Lo que dejo atrás

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domingo, 23 de noviembre de 2008

Historia de un sueño: preámbulo

Era un día como todos, si mal no recuerdo, fue un viernes cualquiera, un típico viernes de no hacer nada; me levanté tarde, no tenía que preocuparme por despertar temprano, generalmente era mi único día de descanso: el tan ansiado viernes social.


Las horas transcurrieron sin novedad. Ya por la tarde decidí abandonar mi departamento de soltero e ir a buscar a algún amigo que me invitara a comer en su casa, de pronto recordé que una semana antes me habían invitado a una fiesta, ¡genial!, pensé: está todo resuelto, me divierto un rato y además como gratis, espero que también haya chela gratis...


Llamé a mi amigo Jorge para llegar juntos, pues yo no recordaba la ubicación de la casa, vaya, ni siquia sabía el por qué de la fiesta, hasta que entramos al lugar. Resulta que era una despedida: dos chicas, una de ellas muy alegre, de esas que nunca pueden faltar en una fiesta; la otra, ra más bien callada, aunque después de un par de caguamas parecía muy sociable.


La fiesta no fue nada alentadora, ni siquiera había alguna chica interesante para charlar, no digamos y a una lo suficientemente ardiente para cachondear rico un rato. Pero ¡era viernes social!, no podíamos dejar que se arruinata por una fiestecilla cucha, así que, ni tardos ni peresozos, mis amigos y yo decidimos salvar lo que restaba del día en casa de Jorge, y fue allí donde te vi por primera vez...



La fiesta


- Hola. ¿Me puedo sentar aquí?

- mmm. Supongo que sí, no está ocupado

- Gracias

Sostenías un vaso de brandi en una mano, mientras que con la otra sacabas tu celular de la bolsa trasera de tu pantalón y te sentabas tranquilamente a mi lado, a pesar de haberme saludado y lanzado las señales precisas de estar interesada en mí, me ignoraste por completo, diste un trago a tu bebida con la mirada absorta en la pareja que bailaba en el centro de la sala.


Me dediqué a observarte hasta que terminaste tu bebida. Tu mirada era altiva, toda tú reflejabas altives, te mostrabas segura, completamente relajada; llevabas el pelo revuelto, no se podía saber si era ondulado o liso. no usabas aretes ni collares, al parecer tampoco maquillaje, quizá sólo algo de brillo sobre los labios...unos labios sensuales.


Vestías una llamativa blusa amarilla, la blusa en sí era peculiar, con un paisaje otoñal bordado en un costado, pero lo que captaba mi atención era su generoso escote al frente, que dejaba al descubierto tus insinuantes pechos dorados, que me invitaban a soñar en ellos.


- Nunca antes te había visto- te dije acercándome un poco -soy .... eres de por aquí?

- Tu amigo me invitó- contestaste señalando a Jorge. - era de esperarse, pensé, sólo Jorge es capaz de atrapar una chica tan..., no encontraba la palabra que pudiera describir tanto misterio.

- ¿Cómo me dijiste que te llamas?

- No te dije

- Cierto (estúpido)

- Hola, hermosa, te diviertes?, veo que ya conociste a Carlos, mi amigo

- En eso estabamos- contesté yo- pero se niega a decirme su nombre. Te miré directo a los ojos mientras me quejaba con Jorge, y escuché su carcajada irónica en mi oído. Se acercó y susurrando me dijo: -cuidado galán, ella es de las que doman leones, como tú, una vez que la tienes no puedes escapar... y se alejó riendo.

Te levantaste, viéndome de frente con tus ojos fríos, desafiantes, me invitaste a bailar y yo accedí, tramando en mi mente mil maneras de hacerte caer, te deseaba, al menos esa noche serías mía, luego...luego nada, como siempre, me excusaría en que estaba ebrio y te diría adios, sólo eras un reto...

Tome tu mano pequeña y te arrastré al centro de la sala, firmemente rodee tu cintura y todo comenzó.

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