Lo que dejo atrás

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domingo, 23 de noviembre de 2008

Historia de un sueño: después de un tiempo

Bailamos lentamente, cada vez nuestros pechos más juntos y cuando casi podía sentir tu respiración en mi garganta, te separabas rápidamente con una malévola sonrisa en los labios, me atraías hacia ti y comenzaba de nuevo el juego de miradas furtivas.
-Ahora me dirás tu nombre? o cuántas copas deben de pasar antes de hacerlo?
-Mi nombre no importa, pero ya que tanto insistes por esta noche llamame: Esperanza, mañana quizá sea Soledad y después de un tiempo tal vez me convierta en Estrella, que importa como me llames, tú elige el nombre que desees.
-Entiendo, te gusta hacerte la misteriosa...
-No, yo soy como soy y nada más, todo depende qué es lo que quieras ver en mí, lo que tú deposites en mí no es mío, es tuyo, es lo que tú quieres creer.
Pasaron las horas, todo iba por el camino que yo quería, estaba seguro de lograrlo, después de todo cuándo había fallado? No recordaba una sóla ocasión en que dejara ir a una viva, sí, esa era mi noche...
Pero no fue así, me calentó, encendió el boiler pero no se metió a bañar y sólo me dejo esa cruel sensación de insatisfacción, me dejó su imagen grabada en mi memoria, sin su nombre, sin su número de teléfono si quiera; no sabía donde buscarla y al día siguiente tenía la urgente necesidad de verla, de volver a hablar con ella, de llamarla Estrella, mi Estrella.

Comencé a obsesionarme con su imagen, con su pensamiento, en las noches se metía en mis sueños y despertaba inevitablemente sudando, con el corazón acelarado y abrazando la almohada; el asunto se volvía insoportable, debía hacer algo al respecto y tenía que hacerlo ya, tenía que encontrarla, verla de nuevo, tenerla en mis brazos, sólo así desaparecería de mi mente.
Busqué desesperadamente a Jorge, le rogue me diera su nombre, su dirección, algo que me hiciera encontrarla.
-No sé su nombre, nadie lo sabe, pero la encontrarás en ese café de la esquina, cada jueves va allí, sola.
Allí estuve todo el día, esperando su llegada y cuando ya casi perdía la esperanza, apareció, llevaba un vestido largo, blanco, ajustado de arriba y con gran vuelo, su cabello largo y suelto caía sobre su espalda desnuda, en ese momento me enamoré.
Nuestra Historia
Mi malévolo plan de seducirte, de ser una aventura más, se había tirado a la basura, seguías siendo un reto, pero un reto para enamorar, para querer, para tenerte mía por mucho tiempo.
Mis amigos se burlaban diciendo que al fin había encontrado alguien como yo, que sólo recibiría una cucharada de mi propio chocolate, pero yo me resistía a creerles, para mí eras mi Estrella, mi luz, el amor de mi vida.
Con el tiempo lo lograste, me atrapaste en tus redes incapaz de soltarme de ellas, sin querer escapar de ti. Lo nuestro fue corto, muy corto, un par de meses nadamás, pero vividos tan intensamente, me entregué por completo, llegué a desear que no te fueras de mi lado nunca, nuestros encuentros estaban llenos de pasión, eras todo en mí.
Nunca logré entenderte por completo, eras tan misteriosa, lo dabas todo y al mismo tiempo quedaba esa sensación de no tener nada, de que te me escurrías de las manos, de que eras mía y no, de que cuanto más fuerte te abrazaba más distante te sentía...
El final
Tal vez era cierto, al final, cada uno reconoce su propia esencia.
Siempre fuiste fugaz e impulsiva, lo mismo era yo, quizá por eso estuvimos juntos un tiempo, solo el tiempo necesario, no teníamos por que forzar una relación que desde el comienzo fue furtiva.
Llevaba ya una semana sin comer durante el día antes de tu partida, mi almohada había ya perdido tu esencia semanas antes, no importando que tu cabeza siguiera descansando sobre ella esporádicamente, nuestros encuentros amorosos eran cada vez menos frecuentes y duraban tan poco...
Quizá era cierto después de todo, tal vez ya te había aburrido mi presencia, te había fastidiado estar a mi lado y estarías ya buscando carne fresca, nuevos aromas, distintas caricias.
Aquel día me había costado tanto trabajo levantarme, semidormido seguía tu imagen, te me aparecías algo lejana, desnuda, invitándome a seguirte hacia el horizonte, poco a poco la luz rojiza que anuncia el fin del atardecer iba desapareciendo y con ella tu sensual imagen... de pronto todo oscurecía y entre las sombras veía dos cuerpos abrazados, recostados uno sobre otro, fundiéndose lentamente en cada movimiento.
Acercándome en la penumbra, descubrí su rostro, contraído por el placer, esforzándose por extenderlo el mayor tiempo posible, te abrazaba con fuerza mientras tu mordías su cuello y murmurabas algo a su oído que yo no pude escuchar...mi sueño culmina con su orgasmo y el leve gemido que emitías cuando alcanzabas el clímax, rezumbando en mi oído, como un eco, cada vez más lejano...
Desperté nostálgico, y entonces puede comprender todos tus nombres, pero sólo uno t pertenecía: Amanecer... sí, Amanecer, se termina tan pronto como el sol comienza a calentar, no sabes si será frío, brillante o con nubes grises, pero sabes que siempre vendrá; eso eres tú, eres Amanecer...

1 comentario:

Eco dijo...

me gustó, sólo le cambiaría la parte de "prender el boiler y no meterse a bañar" no se presta para el tipo de lenguaje que manejas en el resto de tu relato.

Por lo demás, muy bueno