Lo que dejo atrás

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sábado, 9 de mayo de 2009

Lázaro


Me llama la atención cómo en los momentos en que ya te estás dando por vencido, en que te encuentras tan ensimismado que ignoras casi todo lo hermoso de tu alrededor, que estás de pesimista y comienza a valerte madres ir cayendo cada día más. La profundidad te llama, tiene una fuerza impresionante y quieres abandonarte a ella, pero entonces ocurre algo, cualquier pequeño detalle…

Ves un niño pequeño sonreírle a su mamá mientras la ve embelesado sabiendo que ella es todo su mundo, o de pronto te paras bajo un árbol mientras cae la lluvia helada y al voltear hacia arriba ves las hojas moverse por el viento y te embriaga una sensación de éxtasis.

Quizá ocurra que en tu aislamiento un día se tropiece frente a ti un desconocido y sin saber el motivo te sonría y le sonrías, y aún más extraño que al poco tiempo encuentre tu espacio en internet y te agregue en el msn, o que resulta que viven a escasas tres manzanas de distancia en la misma ciudad, y que un día se le ocurra contarte su historia; sí ambos son unos desconocidos, pero por algo un día tropezaron…
Así conocí su historia. Lázaro tiene 42 años y cinco hijos. Fue abandonado, esas fueron sus palabras exactas, en realidad es un hombre divorciado como tantos otros, lo que me atrajo de su historia fue la manera en que lo cuenta.

-Sí, se le acabo el amor a mi esposa y decidió irse de la casa, hace apenas unos meses…y unos largos días… el solo hecho de no verla y no saber de ella me duele.

-Pero cual fue la razón, algo debió explicarte

-No, no lo hizo, yo hice todas las preguntas pero no hubo respuesta.

-Y tus hijos se fueron con ella?

-No, ellos están conmigo…

Se me hace muy difícil plasmar la emoción que detecté en sus palabras, en su mirada, en su expresión, incluso sus movimientos parecían emanar dolor.

Aún la ama, no hay duda, y en su ilusión sigue esperándola, sigue pensando que un buen día entrará por la puerta principal y él estará allí para abrazarla y decirle que esa casa sigue siendo suya, solo suya, que nadie más mientras estuvo lejos ocupó su sitio, que sus labios solo ansían sus besos, que su cuerpo extraña su cuerpo.

Y quizá sueñe con el reencuentro cada noche, y aún pronuncie su nombre en voz alta para desearle buenas noches, quizá despierte abrazando la almohada y suspirando…exhalando todo ese aire que le sobra…

2 comentarios:

Eco dijo...

Me recordó a Paulo Coehlo... Veronika decide morir...



Mago de oz - El templo del adios...

Mexican Maggot dijo...

Historias tristes, donde añoramos tanto el amor de aquella persona que nos ha dejado/hemos dejado atrás... Un amigo me dice que hay personas que jamás llegan a superar eso, y vaya que sabe de lo que habla, tristemente...

Un abrazo!