Lo que dejo atrás

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martes, 12 de mayo de 2009

Silencio


Desde su cuarto, sentada frente al escritorio observando la blanca pantalla de la computadora puede escuchar el sonido de la llave al introducirse en la cerradura de la puerta principal, se queda quieta y en silencio, poniendo atención a los pasos que suben la escalera suavemente, es casi imperceptible, voltea hacia la puerta del cuarto y ve girar la manija muy despacio, como si el que llega no quisiera ser visto.




La puerta se abre y en el umbral puede ver una figura alta, toda vestida de negro, el pelo liso y largo, la piel blanca muy pálida, con un rostro demacrado, huesudo, sin expresión; la cabeza ligeramente ladeada hacia la derecha. A pesar de ser esbelto su cuerpo se ve agotado y no permanece erguido, más bien tiene una postura de pesadez, sus brazos cuelgan flojos a su costado y esconde las manos en el puño de la playera.




Ella se queda mirándolo un rato, quiere preguntar algo pero no dice nada. El pasa sin voltear siquiera hacia ella, completamente mudo y mirando a... nada, sus ojos parecen vertidos sobre si mismo, ella se sorprendería incluso si algún día pudiera ver siquiera el reflejo de la luz en ellos.




Ya se ha acostumbrado a su extraño silencio y a ser invisible para él, pero hoy el roce de su brazo en el respaldo de la silla al pasar por detrás de ella le provoca un escalofrío paralizador, tiene la sensación de que algo terrible va a pasar y lo sigue con la mirada.




El avanza a pasos lentos, atraviesa la salita de estar pero ya no se detiene en el sillón donde pasaba horas frente al televisor apagado, viéndolo fijamente pero nunca lo encendía. Algo lo hace continuar hasta el balcón que da hacia la avenida Matehuala.




Desde el cuarto se puede escuchar el rechinido de llantas, el claxon de los taxistas desesperados por llegar a su destino, de las señoras que gritan insultos a los ciclistas, pero en ese preciso momento solo hay silencio y la avenida está desierta, no es muy noche aún por lo que la sensación de frío vuelve a recorrer la piel de ella.




Sin embargo no se levanta de su silla, permanece atenta escuchando el silencio y viendo la pared, en realidad no sabe si debe preguntarle como está, hace varias semanas ya que ni la mirada le dirige y no ha escuchado su voz, incluso ya no recuerda su acento.




Pasa una hora y no hay cambios, comienza a escuchar uno que otro carro pasar por la avenida y decide volver a escribir en su computadora, pasa otra hora y entonces la saca de su abstracción el rechinido de las llantas de un carro, el grito aterrador de una mujer y un golpe seco, similar al que se escucha después de un choque.




Por un instante su corazón parece detener sus acompasadas palpitaciones para en seguida responder aceleradamente, la sangre se le baja a las piernas, se pone pálida...torpemente se levanta y corre al balcón, se acerca a la orilla resistiéndose a mirar abajo, escucha el murmullo de la gente que se junta en circulo observando el chico de negro que yace sobre la avenida, con la mitad del cuerpo bajo las llantas de un taxi...

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